En la rutina de un tanquista, el mundo exterior desaparece cuando se cierra la escotilla y, durante horas, todo queda reducido al acero, las comunicaciones, el terreno y a los efectivos que comparten el interior del vehículo. Allí adentro no hay lugar para improvisaciones. Cada integrante de la tripulación tiene una función y cada movimiento depende del otro. El ruido, el peso de las toneladas, la incertidumbre del combate y la potencia de fuego conviven con una certeza: detrás de cada sistema hay personas que deben saber operar, decidir y confiar. Para eso se capacitan dentro del Ejército Argentino.
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DEF siguió de cerca a los tanquistas del Arma de Caballería de la Fuerza para conocer a quiénes están detrás de las tripulaciones de los nuevos TAM 2C-A2. Para eso, dialogó con los del Regimiento de Caballería de Tanques 8, donde acaba de incorporarse el segundo escuadrón modernizado, pues es ahí donde la tecnología convive con años de tradición y con una exigencia que permanece intacta: prepararse para operar en escenarios cada vez más complejos.

¿Qué siente un tanquista cuando ocupa su puesto? ¿Cómo se construye la confianza dentro de una tripulación? ¿Qué significa manejar este sistema de armas que incorpora tecnología de última generación? En primera persona, sus protagonistas cuentan cómo se vive una misión desde adentro del TAM 2C-A2.
Un recomendado: el mundo de las plataformas tiene una serie que permite acercarse a las misiones, los vínculos y el particular estilo de vida de quienes combaten a bordo de un tanque. De origen israelí, Valle de lágrimas transcurre durante la Guerra de Yom Kippur de 1973 y sigue a un grupo de soldados que deben enfrentar, dentro de sus vehículos blindados, la tensión, el miedo, el combate y la dependencia absoluta de sus compañeros. Pero, la realidad siempre puede superar a la ficción. A miles de kilómetros del Golán y en otro tiempo, también hay hombres y mujeres que conocen lo que significa cerrar una escotilla y quedar rodeados de acero. En estos tanques con sello nacional hay una historia propia: es argentino, lleva décadas formando parte de la Caballería y ahora vuelve al campo de entrenamiento con tecnología renovada, pero con una identidad que sigue siendo la misma.

¿Escuadrón o Sección?: quién es quién en un Regimiento de Caballería del Ejército Argentino
El segundo lote de la versión modernizada del Tanque Argentino Mediano, el TAM 2C-A2, llegó para integrar uno de los Escuadrones del Regimiento de Caballería de Tanques 8, unidad del Ejército Argentino ubicada en la localidad de Magdalena, provincia de Buenos Aires.
Desde allí, en diálogo con DEF, los efectivos de la Caballería del Ejército contaron que un Escuadrón está compuesto por tres Secciones de Tanques y, a su vez, cada una de ellas tiene que trabajar con tres TAM 2C-A2 cada una.
Otro detalle: para poder operar estos modernos blindados -que son por su poder de fuego, normalmente, los que llegan para definir un ataque– cada Escuadrón tiene que contar sí o sí con los efectivos necesarios para poder integrar cada tripulación de tanques.

¿De cuántas personas estamos hablando? De cuatro por cada blindado: un conductor, un cargador, un apuntador y, finalmente, el jefe de Tanque.
“Puede haber otro sistemas de armas que requieran menos, pero el TAM 2C-A2 tiene que estar integrado de esa manera”, cuentan.
Así recibe una tripulación de tanques la orden de combate: del Puesto Comando al disparo
Las órdenes y procedimientos que, en consecuencia, llevan adelante los tanquistas no son para nada sencillas. Cuentan -desde Magdalena- que el grado de concentración debe ser absoluto, pues de ellos depende la destrucción del objetivo. Y, a su vez, son vehículos que suelen estar bajo la mirada del adversario, pues cuando llegan definen el combate.

¿Qué se vio de todo eso en Magdalena? Con sus buzos de tanquistas característicos y unos modernos cascos que, además, facilitan las comunicaciones (pues tanto afuera como adentro, el ruido del blindado es ensordecedor), estos expertos cumplen a la perfección la orden de abordar el vehículo: se presentan y comienzan a subir de forma ordenada y escalonada.
Una vez adentro, esperan la misión. Ésta viene desde el Puesto Comando que tiene la Fuerza. Allí, las autoridades deciden cuáles serán las acciones considerando el objetivo a batir, las amenazas que existen y las coordenadas que revelan la ubicación de cada uno.
“Es una orden tipo misión”, explica una de las autoridades militares del Regimiento de Caballería 8. A su vez, el oficial detalla que está compuesta por distintas partes, básicamente la tarea y el propósito que deben llevar adelante los elementos dispuestos en el terreno. Por ejemplo, una puede ser: “Misión: contacto mecanizados enemigos en ‘papa-charlie 33’. Destrucción a fin de continuar con el avance hacia el este”.

Con esas instrucciones, toma el tráfico de las comunicaciones el jefe de Escuadrón, que es la persona responsable de bajar la orden a la Sección de Tanques la tarea que deben llevar adelante. Es decir: si una Sección de Tanque dispara, la voz que transmitió la orden de “Fuego” es la de ese jefe.
“El jefe de Escuadrón está en el terreno y tiene tres Secciones a su cargo. Suele transmitirle a una de ellas: ‘usted ataque y destruya’”, comentan.
Expertos en blindados: así se forma a un tanquista en el Ejército Argentino
“El tanquista es un experto en operar vehículos blindados. Uno se especializa en los distintos roles de combate que, en el caso de la familia TAM, son cuatro”, explica el teniente Franco Stauber, jefe de tanque y, a su vez, jefe de Sección de Tanques. Para llegar a ocupar ese lugar, cuenta, la formación es permanente:“Llegar a ser tanquista es un proceso de formación constante”. En el caso de los oficiales, comienza en el Colegio Militar de la Nación, mientras que los suboficiales se forman en la Escuela de Suboficiales del Ejército “Sargento Cabral”. “Nos vamos preparando para desempeñar los roles. Posteriormente, en la unidad de combate nos perfeccionamos para ser tanquistas”, señala.

La especialización continúa con cada sistema de armas. “Cada sistema tiene sus diferencias, por eso hay que especializarse en cada vehículo según sus capacidades”, explica Stauber, quien actualmente es instructor del TAM 2C-A2 y antes debió desempeñarse como operador. “Arranqué mi carrera militar con los vehículos viejos y fui parte, desde el inicio, del proceso de modernización”, recuerda. Ahora, forma parte de una nueva etapa: “Sabemos que nos subimos a un blindado que funciona en su máxima capacidad de los sistemas. Es un orgullo ser de los primeros en emplear este sistema de armas y, además, es un momento histórico para el Ejército”. Como jefe de Sección, su responsabilidad excede incluso a su propio vehículo: “Uno como jefe de sección no controla únicamente los tanques, sino que imparte órdenes para tres vehículos diferentes, incluyendo el propio”.
Por su parte, el subteniente Alan Thomas, también integrante del Regimiento de Caballería de Tanques 8, cuenta que ser tanquista implica mucho más que aprender a manejar un vehículo blindado.
“Un tanquista en el Ejército tiene que prepararse y capacitarse para operar los vehículos de combate de la familia TAM. Eso lleva tiempo. Hay que adiestrarse en lo físico, mental y profesional”, explica.

Hoy, esa preparación lo llevó a ocupar un lugar que, según reconoce, nunca imaginó cuando ingresó al Colegio Militar de la Nación. “Para mí, manejar una sección de TAM 2C-A2 es el mayor honor que tengo. No me lo esperaba, jamás imaginé poder estar en la cúspide de los tanques”, confiesa. Su testimonio refleja así el salto entre los años de formación y la responsabilidad de conducir una de las nuevas capacidades de la Caballería del Ejército.
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Un dato: el Ejército Argentino cuenta con una Escuela de Caballería que funciona en Campo de Mayo. Este lugar es el responsable del proceso de certificación de los operadores. Incluso, cuenta con simuladores para llevar adelante la tarea.
“Yo debo confiar en mi gente”: el lazo que une a una tripulación de tanquistas
Dentro de un tanque, el trabajo en equipo adquiere otra dimensión. La tripulación comparte mucho más que una misión: son horas de convivencia en un espacio reducido, donde cada uno depende del otro. “Duermen, comen y se brindan seguridad. Es un sistema”, explican.
Para el teniente Franco Stauber, esa convivencia cotidiana es la base de una coordinación que debe ser casi automática: “La tripulación del tanque tiene que conocerse a la perfección para, con pocas órdenes, desempeñar las funciones dentro del vehículo”.

“Terminamos conociéndonos en lo personal y en lo profesional. Termina siendo una amistad que supera el trato superior-subalterno”, cuenta Stauber. El objetivo es alcanzar un nivel de compenetración que permita que una tripulación pueda responder casi exclusivamente con las miradas: “La tripulación de tanques lleva muchas horas de convivencia para obtener el resultado, de manera que con pocas palabras se puedan llevar adelante las órdenes y un procedimiento de combate que es bastante complejo”.
Para el subteniente Alan Thomas, esa relación constituye directamente el “espíritu de cuerpo” de una tripulación. “Es un estilo de vida único y tenemos que tener una fe ciega en el otro y seguir lo que dice la autoridad”, afirma. Y encuentra en esa convivencia una dimensión que va más allá del entrenamiento: “Es indescriptible. Se forma un lazo de unión con ese personal, con quienes nos terminamos queriendo como una familia”.
Esa confianza también se traduce en una responsabilidad compartida. “Tenemos un espíritu de cuerpo único. Yo sé que yo voy a responder por mi personal y que ellos van a responder por mí”, sostiene Thomas. Una lógica que, en definitiva, acompaña la preparación para operar los nuevos blindados: “Estamos capacitados para avanzar y seguir creciendo como profesionales aptos para operar los TAM 2C-A2”.




