En un predio de México, en el Estado de Michoacán, un colectivo de mujeres buscadoras encontró alrededor de 1.600 dientes de leche en un sitio señalado como posible lugar de incineración clandestina. El hallazgo se dio de forma gradual, a lo largo de años de trabajo constante en la zona, y volvió a poner en el centro del debate público la magnitud de la crisis forense que atraviesa el país norteamericano. Además, abrió una discusión más amplia sobre el futuro demográfico del país, en momentos en que la natalidad mexicana no deja de caer.
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El colectivo detrás del descubrimiento se llama “Buscando Cuerpos en Todo México” y está integrado por mujeres que, ante la inacción del Estado, decidieron salir a buscar con sus propias manos a familiares desaparecidos. Como la mayoría de estos grupos, sus integrantes aprendieron técnicas forenses de manera autodidacta y recorren terrenos baldíos, cerros y fosas clandestinas en busca de restos humanos,
Este trabajo surgió como respuesta directa a una crisis de derechos humanos que golpea a México desde hace años, con más de 130 mil personas desaparecidas y no localizadas según cifras oficiales.
Crisis en México: el hallazgo que estremeció a Michoacán
Margarita López, líder y activista del colectivo, relató que todo comenzó cuando las integrantes del grupo notaron que salía humo de un cerro cercano a un basurero, por lo que decidieron revisar la tierra del lugar. Entre los restos apareció una pequeña pieza dental que, según personal pericial consultado por las buscadoras, correspondía a un diente infantil.
Después de encontrar ese primer diente, las mujeres del colectivo entendieron que podía haber muchas más piezas diminutas escondidas en la tierra. Por eso empezaron a tamizar el suelo con coladores cada vez más finos, hasta llegar a una malla de apenas un cuarto de centímetro, capaz de retener fragmentos muy pequeños que antes hubieran pasado desapercibidos.

De acuerdo con el testimonio de López, las piezas encontradas podrían corresponder a menores de entre 1 y 12 años, aunque hasta el momento no existe una identificación oficial que confirme el origen biológico exacto de los restos ni el número real de víctimas. La Fiscalía General de la República mantiene abiertas mesas de trabajo con el colectivo, pero los estudios periciales y genéticos necesarios para esclarecer el caso todavía no arrojaron resultados públicos.
El caso ya llegó incluso a discutirse en el Senado de la República, sin que exista todavía una respuesta contundente por parte de las autoridades federales.
Una grave crisis de derechos humanos que ya se extiende por más de dos décadas
La crisis de desapariciones en México se agravó de forma sostenida desde mediados de la década de 2000, en el marco de la llamada guerra contra el narcotráfico. Desde entonces, miles de familias debieron transformarse en investigadoras forenses improvisadas ante la falta de respuesta estatal.

Un informe reciente de la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho documentó que en los últimos 15 años fueron asesinadas 22 buscadoras en distintos puntos del país, la mayoría de ellas madres de personas desaparecidas. El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU llegó a advertir que existen indicios de que en México se cometieron y se cometen hasta hoy desapariciones forzadas que podrían constituir crímenes de lesa humanidad.
Cómo se relaciona este fenómeno con la crisis de natalidad
El drama humanitario convive con otro fenómeno que preocupa cada vez más a los especialistas en demografía: la caída sostenida de la natalidad mexicana.
El país alcanzó, hace algunos años, una tasa de fecundidad de 2,1 hijos por mujer, el nivel considerado necesario para garantizar el reemplazo generacional. Desde entonces la cifra no dejó de bajar, hasta ubicarse por debajo de los 1,7 hijos por mujer.
Ese derrumbe llevó incluso a que la natalidad mexicana quedara, por primera vez en su historia, por debajo de la de Estados Unidos. Los nacimientos anuales también reflejan esa tendencia, el país pasó de registrar más de 2,3 millones de nacimientos hace una década a apenas 1,6 millones en los últimos registros disponibles, una caída de casi 700 mil nacimientos por año.
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Especialistas atribuyen esta caída a factores económicos, sociales y culturales, entre ellos la dificultad de los jóvenes para independizarse, el aumento en los costos de crianza y los cambios en las prioridades de vida de las nuevas generaciones. Pero, a esa lista, también se suma un factor que rara vez se menciona, el clima de inseguridad y la crisis de desapariciones que atraviesa México desde hace años.
Para muchas familias, la decisión de tener hijos también pasa por la pregunta de en qué país van a crecer esos hijos. La violencia, la falta de justicia y el temor a que un hijo pueda convertirse en una cifra más dentro del registro de desaparecidos funcionan como un freno adicional a la hora de proyectar una familia. Así, la crisis de natalidad y la crisis de derechos humanos dejan de ser dos problemas paralelos para convertirse en dos caras de una misma moneda, la del futuro de México.




