El narcotraficante mexicano Ismael “El Mayo” Zambada fue condenado a cadena perpetua por la justicia de los Estados Unidos. El fallo lo dictó el juez Brian Cogan en el Tribunal del Distrito Este de Nueva York tras declarar al capo de 76 años culpable de tráfico masivo de cocaína, fentanilo y delincuencia organizada.
Además de la pena de prisión de por vida, la sentencia contempla el decomiso de 15.000 millones de dólares, cifra solicitada por la Fiscalía estadounidense.
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La carta de “El Mayo”: “Nadie gana en este tipo de guerra”
Previo a escuchar el veredicto del juez Cogan, Zambada, leyó una carta en español en la que expresó su arrepentimiento:
“No puedo cambiar lo que hice, pero sí asumir la responsabilidad. Nadie gana en este tipo de guerra”, aseguró ante la corte, pidiendo disculpas a las víctimas y exhortando a la juventud mexicana a no cometer sus mismos errores.

La defensa del narcotraficante solicitó que sea trasladado a un centro penitenciario médico debido a sus graves problemas de salud. Si bien el juez pidió considerar su condición física, la decisión final sobre su lugar de reclusión quedará en manos del Buró Federal de Prisiones (BOP).
La defensa busca evitar que sea enviado a la prisión de máxima seguridad ADX Florence en Colorado, donde ya cumple condena su ex socio, Joaquín “El Chapo” Guzmán.
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Cómo fue la detención y la traición que fracturó al Cártel de Sinaloa
La caída de Zambada ocurrió tras un sorpresivo operativo aéreo en territorio estadounidense junto a Joaquín Guzmán López, hijo de “El Chapo”. Guzmán López admitió ante la justicia de Chicago haber engañado a “El Mayo” para llevarlo en avión hacia Estados Unidos a cambio de obtener beneficios en su propia causa penal. El hijo de El Chapo reconoció el entramado tras también admitir su culpabilidad por el delito de narcotráfico ante un tribunal federal en Chicago.
Esta traición desencadenó una sangrienta guerra interna dentro del Cártel de Sinaloa entre dos facciones: Los Mayos, leales a la dinastía de Ismael Zambada, y Los Chapitos, encabezados por los hijos de Guzmán Loera, señalados por la administración estadounidense como uno de los principales motores en el tráfico global de fentanilo. Esta disputa territorial y de poder ya dejó más de 1.200 muertos en territorio mexicano.




