En un contexto latinoamericano cruzado por la reconfiguración del crimen organizado, Argentina presenta una de las transformaciones más significativas en sus indicadores de seguridad. Durante su disertación en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), la Ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, detalló los logros operativos, los avances institucionales y los desafíos inmediatos de Argentina.
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Una caída histórica en los índices de homicidios
El dato central de la exposición radica en el marcado descenso de los homicidios dolosos. América Latina continúa siendo la región más violenta del planeta: concentra el 33% de los homicidios globales teniendo solo el 9% de la población mundial, y la mitad de esos crímenes responden al accionar de bandas criminales. Frente a ese panorama, la tendencia en Argentina se consolidó en la dirección opuesta.
La tasa nacional de homicidios descendió de 4.4 a 3.6 cada 100.000 habitantes, consolidándose como la más baja de la historia del país y la menor de toda América Latina. En términos absolutos, mientras que en 2015 se registraron más de 2.670 asesinatos, el último año cerró con 1.676 víctimas; es decir, mil homicidios menos.
A diferencia de lo que ocurre en países vecinos como Uruguay, donde el 57% de los homicidios se vincula al crimen organizado, en Colombia (60%) o México (66%), en Argentina solo el 19% de los crímenes responde a la dinámica de bandas. Este avance está respaldado por la acreditación de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), que otorgó al país la calificación “A”, la más alta en calidad y confianza de datos estadísticos.

Respecto al escenario que impone el narcotráfico, donde la producción global de cocaína alcanzó récords de hasta 4.000 toneladas anuales, Monteoliva advirtió que el fenómeno mutó hacia estructuras más fragmentadas y eficientes.
Pese a este crecimiento regional de la oferta, Argentina acumula dos años consecutivos de incautaciones récord de cocaína y marihuana, superando los guarismos consolidados en la gestión anterior. Además, en el mapa del tráfico marítimo hacia Europa o África, el país logró mantenerse en el último lugar como puerto de origen del Atlántico Sur, a diferencia del volumen registrado en los puertos de Brasil y Uruguay.
En una exposición en la cual sobrevoló la cuestión geopolítica y el estado de situación de los países vecinos, la ministra de Seguridad Nacional fue tajante y dijo que “nadie tiene la vaca atada en resultados de seguridad. No es suficiente con que nos vaya bien a nosotros; le tiene que ir bien a toda la región”,
El “Efecto Rosario” y la concentración del Plan Bandera
Uno de los aspectos de mayor interés internacional hacia el modelo argentino es la pacificación de Rosario mediante la implementación del Plan Bandera, un esquema de gobernanza y despliegue conjunto entre Nación, Provincia y Municipio. Monteoliva destacó que, tras años de organizar viajes de formación a Medellín o Chile, hoy son las comitivas extranjeras las que visitan Rosario para replicar su estrategia.
El impacto del plan se traduce en una caída del 65% en los homicidios en toda la ciudad de Rosario, cifra que asciende al 77% en los barrios con intervención directa de las fuerzas federales mediante patrullaje inteligente e inteligencia criminal. Además, la aplicación de esta estrategia redujo la huella territorial del delito en el país: el fenómeno conocido como “Plan 90/10” se achicó, demostrando que el 90% de los homicidios ya no ocurren en el 10% del territorio nacional, sino únicamente en el 7% de los municipios.
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Inteligencia en las cárceles y control de las organizaciones
La transformación dentro del Servicio Penitenciario Federal (SPF) se centró en neutralizar el mando de las bandas desde el interior de los penales. Para ello, la Secretaría implementó un mapa digital e interactivo que monitorea y caracteriza en tiempo real a 268 organizaciones criminales y a más de 2.000 de sus miembros.

Asimismo, la gestión completó las historias criminológicas de los 12.000 internos federales y consolidó el Sistema de Presos de Alto Riesgo, aislando a los 140 líderes más peligrosos. En materia de tecnología e infraestructura, tras colocar inhibidores de señal telefónica en los penales federales, la Nación autorizó a las provincias a adherirse para bloquear celulares en las cárceles locales.
Este aspecto representa un avance significativo al aislar a los presos del exterior y garantizar la seguridad dentro de la infraestructura penitenciaria. A su vez, también permite reducir el rango de acción de los cabecillas una vez ingresan al penal.
Revalorización de las Fuerzas Federales y la nueva obra social OFESEC
Con una estructura compuesta por 112.000 efectivos entre Gendarmería, Prefectura, Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria y el Servicio Penitenciario Federal, Monteoliva avanzó en reformas en sus estatutos y mejoras directas para el personal militarizado y policial.
En el caso de la Policía Federal, la funcionaria destacó la creación del Departamento de Investigaciones. “Le dimos una vuelta de tuerca con una policía de investigaciones, como queremos que sea. No solo de discursos, sino en los hechos”.
El hito administrativo más reciente fue la salida de la obra social militar (IOSFA) y la creación de OFESEC, una entidad propia para las fuerzas federales. A través de un proceso de licitación, se contrató a la prepaga Médicus para brindar cobertura médica integral a 19.700 beneficiarios de Gendarmería y Prefectura, abarcando a personal en actividad, retirados y sus familias, garantizando un acceso equitativo a la salud sin distinción de jerarquías.
En el cierre de su presentación, la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva reconoció la necesidad de revalorizar a las cinco fuerzas de seguridad federales, cuyo accionar considera de relevancia y se comprometió a seguir impulsando políticas de integridad para sus efectivos.




