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Argentina: De cara al futuro

“Permítame Ud. que le diga que sufra por la unión hasta donde se pueda, mas nunca en perjuicio de la Patria, caiga todo por ella, o no llamarse su hijo”.

Carta de Manuel Belgrano a Don Mariano Antezana

Campo Santo, 19 de abril de 1812

gorriz

DEF cierra la primera década de su existencia y ello coincide con un cambio de gobierno en nuestro país y con todas las expectativas que ello genera en el ámbito interno, en la región e incluso a nivel internacional. Intentamos a lo largo de esta publicación desarrollar un informe importante sobre las condiciones que enfrentará la Argentina en la mayoría de los aspectos mensurables que pueden analizarse, de manera de contribuir a iniciar con éxito este nuevo proyecto, que de resultar exitoso beneficiará a todos los argentinos. Tampoco debiéramos perder de vista que en el año que se inicia festejamos el Bicentenario de nuestra independencia y que ello también debiera representar un aliciente para intentar, entre todos, iniciar el camino que ubique a nuestra Nación en el lugar que alguna vez soñamos con justicia.

Lo cierto es que, evitando los detalles, el mundo presenta hoy razones complejas y en una constante evolución que podríamos enumerar básicamente en:

– El mantenimiento hegemónico de los EE. UU., pero con un fuerte crecimiento e indisimulable desplazamiento lento pero inexorable del poder hacia Oriente, allá donde estuvo ese poder gran parte de la historia conocida. En ella China e India lideran el crecimiento de una zona a la que no son ajenas otras potencias asiáticas.

– El crecimiento desmesurado del terrorismo internacional, de carácter religioso, representado por fanáticos del Islam, hoy identificados con ISIS y con otras organizaciones similares que se extienden desde Medio Oriente y distintos sectores del África hacia el mundo entero. Ya dejaron de ser una amenaza potencial para generar un teatro de operaciones mundial, desarrollando una guerra salvaje, impactante con imágenes propias del Medioevo y con total desprecio por la vida, propia y ajena. Este gravísimo conflicto tiene un pronóstico de solución más que oscuro y se presenta como una guerra extendida y prolongada en el tiempo.

– El control del petróleo y también de otras energías que generan el desarrollo sustentable, sigue siendo uno de los principales objetivos nacionales de los países dominantes y las rutas de transporte y su control, necesidades estratégicas que poco o nada han cambiado en décadas.

– El crimen organizado, el narcotráfico, el lavado de dinero y el tráfico de personas se han transformado en gravísimos problemas que exceden la seguridad de los Estados para volverse conflictos que involucran a la Defensa Nacional y sus Carteles, ya multinacionales, ponen en jaque a gobiernos legalmente constituidos y a sus Fuerzas Armadas.

– El desarrollo tecnológico parece ser el sino de la década. Su crecimiento, constante y geométrico, impide imaginar siquiera la próxima década y las implicancias que tendrá en ella; los sistemas de seguridad, las redes de comunicaciones, la robótica, la cibernética, los drones, la biotecnología, el control de ciberespacio y la nanotecnología son apenas algunos de los revolucionarios aspectos que impiden delimitar su influencia mediana e incluso calcular la infinita distancia que podría existir en muy poco tiempo entre los países con el desarrollo de ese conocimiento y aquellos que carezcan de esa capacidad.

– La pobreza y las dificultades sociales, producto del hambre, la insalubridad, la ausencia de agua potable y de los cuidados más elementales hacia los que más necesitan, quizás no se hayan agravado, pero la explosión de los medios de comunicación los expone de una manera agraviante, colocando a sectores marginales al pie de guerra casi con razón, sin haber podido encontrar soluciones permanentes a esta problemática. Los alimentos y el agua siguen siendo elementos críticos, con el agravante insultante que grandes sectores del mundo los desecha, mientras en otros continentes falta hasta en la condición más elemental.

Este breve y seguramente incompleto panorama intenta ser realista, sin caer en un pesimismo fatal, y le reconoce a nuestra región infinitas posibilidades de futuro, ellas ya existen desde hace años y las más de las veces fueron desaprovechadas por ineficiencia, incapacidad y faltas de acuerdos completos y duraderos. Latinoamérica tiene economías complementarias con las grandes potencias en vías de crecimiento, es un tentador mercado de inversión de capitales, posee grandes capacidades de producción de alimentos, una gran diversidad, espacio territorial disponible y grandes reservas de agua. Además tiene un inexplorado y extraordinario litoral marítimo, extenso y lleno de riquezas para todos. Lo cierto es que en muchos casos la falta de educación, la pobreza, el hambre y el narcotráfico, además de inéditas tasas de homicidios, solo pueden indicar que los dirigentes de la región no han estado a la altura de la hora. Todos esperamos que Latinoamérica deje de ser “el patio trasero” del patrón de turno y dé, por fin, el salto de calidad que sus hijos merecen. Una mención especial para el Mercosur, que lleva años estancado en pequeñas disputas y miserias que impiden formar a pleno ese tentador mercado de cientos de millones de personas para el mundo.

En este marco general, la Argentina, el país que fue y es una promesa eterna, frustrada y motivo del análisis de filósofos, políticos, economistas e intelectuales de toda laya, se prepara una vez más a enfrentar su destino, que es siempre una ilusión para todos. Una definición simple, de argentino de cultura media, dirá de nuestro país que: vivimos 40 millones de argentinos en una región de una gran biodiversidad, que es la octava en extensión entre los países del mundo. Que tenemos un litoral marítimo de cientos de miles de kilómetros y responsabilidades en un sector de la Antártida, que disponemos de todos los climas en un territorio variado y lleno de bellezas naturales. Que nuestro poder agrícola-ganadero nos permitiría alimentar a 400 millones de personas y los ciudadanos de todos los países limítrofes se acercan a la Argentina en busca de oportunidades.

Esta descripción, idílica pero bastante cercana al pensamiento de nuestra gente, confronta con una realidad que muchas veces lastima nuestro ego, por cierto muy grande, según nuestros vecinos, y es un espejo que nos devuelve una imagen en la que preferimos no mirarnos. Ante este proceso que se inicia, pareciera inteligente suspender por un instante las culpas de propios y ajenos, la mirada sobre el pasado, la mirada sobre los que se fueron ayer y también los que lo hicieron antes. Intentar, por una vez, no ser fundacionales de nada. Ser argentinos todos, dándole continuidad a lo que hicimos con la mirada puesta en el futuro. Todo lo anterior lo hemos hecho mil veces y no es tonto el dicho que dice que “solo el hombre tropieza varias veces con la misma piedra”. Así lo hicimos y nunca faltaron entre nosotros los improperios ante nuestro fracaso, ni el “vendepatria”, el “traidor”, la “conspiración internacional” o una lista interminable de enemigos, muchas veces imaginarios. Nosotros, cada uno de nosotros, jamás integramos esa lisa. La culpa siempre está afuera, en el otro que busca aprovecharse de nosotros.

Tenemos miles de problemas, los más claros e identificables son la pobreza y el narcotráfico, también la necesidad de generar trabajo genuino y contención social. La misión es difícil, pero jamás imposible; somos un país “excepción del manual”, que tenemos la calidad humana, el espacio territorial y la riqueza para ponernos de pie rápidamente, una y otra vez. Un intelectual dijo alguna vez que deseaba para la Argentina “una secuencia de cinco presidentes olvidables”. De qué hablaba? Hablaba de que la institucionalidad se impusiera, que las organizaciones funcionaran per sé, que creciéramos y no esperáramos del príncipe y la princesa todas las soluciones que proprocionara su mirada infinita y que, por fin, maduráramos, ya que tenemos la capacidad y el ingenio para hacerlo.

¿Cómo podemos lograrlo? Desarrollando todo nuestro potencial agrícolo-ganadero; industrializando nuestra producción primaria; desarrollando la educación básica; manteniendo y acentuando el desarrollo tecnológico, espacial y satelital. En materia comercial, será fundamental construir a nivel subregional vínculos de confianza que nos permitan establecer una asociación seria con Brasil y lograr, a su vez, la salida hacia el Pacífico para poder llegar con productos competitivos al ascendente mercado asiático. Para desarrollarnos un capítulo esencial es el energético; en ese sentido, el gran potencial de nuestros yacimientos no convencionales de hidrocarburos, junto al boom del biodiesel y las condiciones inmejorables que presentan distintos puntos de nuestra geografía para la explotación de la energía eólica y solar, entre otras fuentes renovables, nos permitirán recuperar nuestra independencia energética. Otra de las condiciones centrales, para impulsar un desarrollo sano de nuestra economía, será el combate frontal a las mafias del narcotráfico y el crimen organizado transnacional, para lo cual es requisito indispensable tener un efectivo control de las fronteras y del espacio aéreo, así como de las principales vías de acceso a los puertos y aeropuertos del país, actuando al mismo tiempo con nuestros órganos de inteligencia sobre las vías de financiamiento de este monumental negocio manejado por multinacionales del delito.

Los argentinos somos famosos en el mundo por nuestras individualidades, muchas de ellas geniales. Solo para atestiguar lo dicho, citemos como en “Cambalache” del genial Discépolo, al Papa Francisco con Borges, a Baremboim con Xul Solar o a Messi con Maradona, en este caso según el gusto del lector. Otros muchos argentinos emigran y se integran con éxito, liderando equipos con muy destacados resultados en distintos ámbitos. Además, nuestros profesionales son buscados en los mercados laborales del mundo por sus capacidades e idoneidad. Es posible entonces que nuestro fracaso colectivo encuentre aquí y ahora una oportunidad única. Hoy, debemos gobernar la Nación por consenso, hay que formar equipos, esos extraordinarios equipos que sí sabemos integrar en el exterior. Dos maneras de mirar la Argentina nos separan por mitades. Eso, si queremos mirarlo bien, en lugar de ser negativo, puede ser el camino a recorrer para lograr un gran acierto. Pensar distinto, defender diferentes ideas e intereses, no nos vuelve enemigos; por el contrario, debiera complementarnos. Hasta el más inocente de los niños, al armar un rompecabezas, no busca la pieza igual, sino la que se sume a la que tiene. Esta imprescindible necesidad aún hoy choca con la realidad que nos muestran a diario las redes sociales; ahí se ve la intransigencia, la incomprensión y el rechazo de plano por el otro. Ese no pareciera un buen comienzo, pero aún todos podemos reflexionar al respecto y no repetir tontamente errores del pasado. La soberbia de la razón única nos ha hecho caer mil veces y la frase “La patria es el otro” no funciona si solo es un slogan publicitario inútil.

Es más que probable que la inmensa mayoría de los argentinos quiera lo mejor para sus hijos y una república con trabajo, seguridad y libertad, es lo que se los va a proporcionar. El equilibrio, el sentido común, el beneficio nacional que llegue a todos los sectores y que a todos cobije en una gran Argentina es el “deber ser”, el objetivo a buscar entre todos, hermanos argentinos.

Ojalá podamos, un gran año para todos.

 

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