“El súper Niño”, el fenómeno climático que afectará a distintas zonas en América Latina, Australia y al Sudeste Asiático, entre otras, está cada vez más cerca. Las proyecciones anticipan un episodio de gran intensidad durante los próximos meses, con posibles efectos sobre las temperaturas, las lluvias y las condiciones climáticas en las distintas regiones conectadas por el océano Pacífico.
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Al respecto, suele hablarse de dos fenómenos que forman parte del mismo ciclo climático pero con cambios muy distintos de las temperaturas: El Niño y La Niña. Sin embargo, El Súper Niño será tan intenso que no tiene comparación con estos otros dos sucesos.
El Súper Niño: qué es y por qué se trata de un fenómeno climático inusual
El término “Súper El Niño” no corresponde a una categoría científica oficial, sino que se utiliza para describir episodios de gran magnitud de “El Niño”. En este sentido, no se trata de un fenómeno distinto, es más bien una forma de referirse a un episodio particularmente intenso.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) clasifica los eventos de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural de variabilidad climática que conecta el océano y la atmósfera, como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes.

El fenómeno suele comenzar a desarrollarse entre marzo y junio, alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero y, normalmente, dura entre 9 y 12 meses.
Sus consecuencias pueden ser muy diferentes según la región. El Niño suele producir lluvias intensas e inundaciones en partes de América del Sur, África oriental y el sur de Estados Unidos, mientras que puede generar condiciones más secas en Australia, Indonesia, el sur de África y algunas zonas de Asia. También puede alterar los ecosistemas marinos y modificar la actividad de los ciclones tropicales.
El Niño, La Niña y Súper El Niño: qué los diferencia
La diferencia principal entre El Niño y La Niña está en la temperatura del Pacífico ecuatorial. Durante El Niño, las aguas superficiales del centro y este del océano están más calientes de lo normal y los vientos alisios tienden a debilitarse. Durante La Niña ocurre lo contrario, las aguas se enfrían y los vientos alisios se intensifican.

Ambos fenómenos forman parte del ENOS. Entre una fase y otra también puede existir un período neutral, en el que las temperaturas del Pacífico se mantienen cerca de sus valores habituales.
Aunque no se trate de fenómenos distintos, los grandes episodios de “El Niño” tampoco producen exactamente los mismos efectos. La intensidad, la duración, la época del año y la interacción con otros fenómenos climáticos hacen que las consecuencias varíen entre un evento y otro. Por eso, un El Niño fuerte puede provocar lluvias extraordinarias en una región y sequías en otra.
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En el caso actual, la diferencia estará dada por su intensidad. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) informó, en agosto, que El Niño se fortaleció y estimó una probabilidad superior al 90% de que se produzca un evento muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte de 2026-2027. Las temperaturas de la superficie del Pacífico ecuatorial oriental ya superaban, en julio, los 2 °C por encima del promedio.
Sin embargo, y aunque muchos lo definen como el episodio más intenso de la historia moderna, esto solo podrá establecerse cuando el fenómeno alcance su máxima intensidad y sus registros puedan compararse con los grandes eventos anteriores. Lo que sí está claro es que los pronósticos actuales lo ubican entre los episodios que requieren mayor seguimiento.




