El presidente de China, Xi Jinping, aterrizó este lunes en el aeropuerto de Pyongyang, donde fue recibido con honores de Estado por Kim Jong-un y la primera dama Ri Sol Ju. La visita de dos días es la primera a Corea del Norte desde 2019, y convierte este viaje en el más significativo de la diplomacia asiática en lo que va de 2026.
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Xi Jinping en Pyongyang: una visita de alto nivel
La bienvenida incluyó una ceremonia multitudinaria en la Plaza Kim Il Sung, con escolta de caballería, 21 cañonazos y retratos gigantes de ambos líderes. Xi llegó acompañado por su esposa Peng Liyuan, el canciller Wang Yi y el alto funcionario del Partido Comunista Cai Qi, señal del peso político que Pekín otorga al encuentro.
El último encuentro bilateral cara a cara fue en septiembre de 2025, en Pekín, cuando Kim Jong-un asistió al desfile militar chino por el 80.º aniversario de la rendición de Japón, junto al presidente ruso Vladímir Putin.

La cumbre es clave, ya que China es el sostén económico del régimen norcoreano. Más del 90 % del comercio exterior de Pyongyang pasa por Pekín, lo que otorga al gigante asiático una capacidad de presión determinante.
Xi instó en la cumbre a profundizar la “coordinación y cooperación estratégica” y presentó cuatro propuestas de desarrollo bilateral:
- Mayor contacto diplomático de alto nivel.
- Refuerzo de intercambios en aplicación de la ley y asuntos militares.
- Cooperación en economía, comercio, agricultura, salud, construcción y ciencia.
- Trabajo conjunto en seguridad regional.
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De los encuentros con Trump y Putin a la visita a Kim Jong-un
El viaje de Xi Jinping se produce tras haber recibido en cuestión de días a Donald Trump y Vladímir Putin. A diferencia de la necesidad de consolidar acuerdos comerciales con Estados Unidos y reforzar el vínculo con Rusia, la agenda con Corea del Norte pasa por garantizar que este retorne al equilibrio internacional, así como reafirmar la injerencia política a través de la dependencia económica que tiene Pyongyang.
Una de las señales positivas fue que tras la cumbre con Trump, China no mencionó en ningún momento la desnuclearización de Corea del Norte, pese a haber establecido una una “meta compartida” de desnuclearización en su cumbre de mayo.
Sin embargo, la estrategia de Kim Jong-un arrastra a la región hacia la tensión constante y compromete los intereses chinos de control e injerencia sobre los principales asuntos geopolíticos.

En enero de 2026, Corea del Norte supervisó el primer ensayo de misiles hipersónicos del año, con proyectiles que alcanzaron objetivos a 1.000 km en el mar de Japón, denominado por ambas Coreas “mar del Este”.
A su vez, Pyongyang calificó a Corea del Sur como su “enemigo más hostil” y rechazó los intentos de diálogo del gobierno surcoreano del presidente Lee Jae-myung. El mes pasado, Corea del Norte lanzó una nueva ronda de misiles hacia el mar Amarillo, que recorrieron unos 80 km antes de caer en aguas internacionales.
Y más allá de la región, Corea del Norte es uno de los pocos aliados de Rusia que participaron activamente de la guerra en Ucrania. Desde 2022, el régimen norcoreano envió tropas y armamento convencional para apoyar a Vladímir Putin. Pese a que tanto Moscú como Pekín bloquean los esfuerzos de la ONU para endurecer las sanciones contra Kim Jong-un, el gobierno chino ve la alianza rusa-norcoreana como un factor de inestabilidad.
Estos hechos repercuten en la relación bilateral ya que cualquier conflicto militar que tenga a Corea del Norte como actor también tendrá a China como interventor, ya que ambos países mantienen un tratado de defensa mutua. Es por esto que China busca reducir las escaladas que el propio Kim Jong-un impulsa en el este de Asia.




