El Trofeo Jules Rimet fue el primer premio entregado a los campeones de la Copa Mundial de fútbol organizada por la FIFA. Creado para el torneo inaugural de 1930 y diseñado por el escultor francés Abel Lafleur, el galardón representaba a Nike, la diosa griega de la victoria. Estaba fabricado en plata bañada en oro sobre una base de lapislázuli. Durante cuatro décadas, ese trofeo recorrió el mundo como símbolo máximo del fútbol, aunque también como objeto codiciado por ladrones y líderes totalitarios, como Adolf Hitler.
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Originalmente, se lo denominó “Copa Mundial de la FIFA”, aunque más adelante, en 1946, se rebautizó oficialmente como Trofeo Jules Rimet para honrar al presidente de la FIFA que hizo realidad el torneo y lo mantuvo incluso en momentos muy difíciles, como en la posguerra.
Jules Rimet: el trofeo que Hitler quiso pero nunca obtuvo
El Trofeo Jules Rimet era el símbolo más determinante del deporte global en ese momento. Para el régimen nazi, apoderarse de él tenía un valor que iba más allá del oro. Hitler había construido toda una política de saqueo cultural sistemático en los territorios que ocupaba. Requisó obras de arte, archivos, joyas y objetos de valor simbólico como parte de una estrategia de dominación que buscaba demostrar la superioridad del Tercer Reich. El trofeo de la Copa del Mundo encajaba perfectamente en esa lógica.
Mientras las tropas aliadas derrotaban al gobierno fascista de Mussolini, las fuerzas nazis ocupaban la mitad norte de la península italiana. Hitler ordenó a sus soldados rastrear ciertos objetos que podrían sumar poder simbólico a su régimen. Italia era campeona vigente del mundo desde 1938, y el trofeo se encontraba en Roma, bajo custodia de la federación italiana.

Fue entonces cuando Ottorino Barassi, vicepresidente italiano de la FIFA, decidió sacarlo en secreto de la bóveda bancaria donde se encontraba y esconderlo debajo de su cama, dentro de una caja de zapatos. Buscó evitar que el codiciado trofeo cayera en manos de los nazis, quienes estaban confiscando objetos de valor y obras de arte en los territorios ocupados. La decisión fue personal, clandestina y sin respaldo institucional de ningún tipo.
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Los nazis llegaron a allanar la casa de Barassi, pero no encontraron nada. La copa más valiosa del mundo estaba a centímetros de los soldados, escondida en el lugar más simple e inesperado posible. Barassi mantuvo el secreto durante toda la duración del conflicto, y el trofeo sobrevivió intacto hasta el fin de la guerra. Tras el conflicto, resurgió como símbolo de esperanza y resiliencia, y la FIFA retomó la organización de los torneos mundiales.
Copa del Mundo de la FIFA: los robos que siguieron a la paz
La historia del Jules Rimet no terminó tras la derrota nazi. Décadas después, el trofeo volvería a ser blanco de quienes quisieron apoderarse de él, esta vez fuera del contexto bélico.
El 20 de marzo de 1966, cuatro meses antes de la Copa del Mundo en Inglaterra, el trofeo fue robado durante una exhibición pública en el Westminster Central Hall de Londres. La investigación fue conducida por el Escuadrón Volante de la Policía Metropolitana, que recibió un pedido de rescate de 15 mil libras esterlinas por su devolución.

Una operación encubierta derivó en el arresto de un sospechoso, pero el trofeo siguió sin aparecer. Siete días después de la sustracción, un perro llamado Pickles lo encontró envuelto en papel de diario debajo de un arbusto, en un jardín del sur de Londres. Ese año, Inglaterra ganó el Mundial.
En 1970, Brasil se consagró tricampeón del torneo, lo que le permitió quedarse con el trofeo de forma permanente, tal como lo había estipulado Jules Rimet en 1930. Fue puesto en exhibición en la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro, dentro de una vitrina con vidrio antibalas.

Sin embargo, esa protección no fue suficiente, ya que en diciembre de 1983, ladrones irrumpieron en la sede del máximo organismo del fútbol en Brasil y robaron el trofeo. A diferencia del asalto en Londres, esta vez nunca regresó. Tras el arresto de personas vinculadas al crímen, los informes indicaron que el premio fue fundido y el oro vendido.
De todas maneras, existen rumores de que eso nunca ocurrió, ya que no contenía suficiente cantidad de oro como para derretirlo y producir barras de ese metal precioso, por lo que podría haber sido vendido en el mercado negro y aún existir en su forma original. La única pieza del Jules Rimet encontrada fue la base original, que la FIFA tenía guardada en el sótano de su sede en Zúrich y que fue descubierta recién en 2015.




