Estados Unidos intensificó su presión sobre Argentina y Chile para detener proyectos espaciales impulsados por China en América Latina. Tanto la administración de Joe Biden como la actual gestión de Donald Trump trasladaron reiteradamente sus preocupaciones a gobiernos aliados de la región, y ambos advirtieron que ciertas instalaciones científicas chinas podrían tener usos militares y de inteligencia, además de sus fines declarados como civiles.
- Te puede interesar: Tierras raras: el paso clave de Estados Unidos para reducir su dependencia de China
En el centro de la disputa se encuentra el radiotelescopio que China construye en el observatorio Cesco, ubicado en la provincia argentina de San Juan, en colaboración con la Universidad Nacional de San Juan. El proyecto contempla una inversión cercana a los 32 millones de dólares y la instalación de una antena de 40 metros de diámetro.
Estados Unidos vs. China: la disputa en suelo argentino
El avance de la obra en San Juan quedó prácticamente paralizado luego de que componentes esenciales del telescopio permanecieran retenidos en la aduana argentina durante varios meses. Funcionarios estadounidenses sostienen que un sistema de esa escala no solo permite estudiar galaxias lejanas o formación de estrellas, sino que también puede monitorear satélites y apoyar operaciones espaciales vinculadas al Ejército chino.
Las gestiones de Estados Unidos comenzaron durante la presidencia de Biden. En ese período (2021-2025), el entonces asesor de seguridad nacional Jake Sullivan y otros funcionarios plantearon directamente el tema al entonces presidente argentino Alberto Fernández (2019-2023). En esas mismas conversaciones también surgieron preocupaciones por la estación espacial china, instalada en Neuquén desde 2015.

Esa base, construida por el Ejército chino en la Patagonia argentina, fue cedida a Beijing bajo un acuerdo de uso por medio siglo. En Washington, ese contrato es interpretado como una señal de consolidación estratégica de China en el hemisferio occidental, y su presencia nunca dejó de generar tensiones en los vínculos bilaterales.
Con la llegada de Javier Milei a la presidencia, la relación entre Argentina y Estados Unidos se estrechó. La Casa Blanca aprovechó ese nuevo clima político para profundizar conversaciones con funcionarios argentinos sobre cooperación espacial y supervisión de infraestructura estratégica. En paralelo, expertos estadounidenses viajaron a Buenos Aires para explicar los riesgos asociados a tecnologías de “doble uso”, es decir, sistemas capaces de tener aplicaciones tanto civiles como militares, en un guiño directo a China.
El caso chileno y el trasfondo geopolítico de la disputa
La ofensiva diplomática estadounidense no se limitó a Argentina. En el desierto de Atacama, un proyecto astronómico impulsado por China también quedó suspendido tras conversaciones entre autoridades chilenas y estadounidenses. Estados Unidos consideraba prioritario evitar que Beijing ampliara su presencia en instalaciones sensibles de la región andina.

La situación generó malestar entre científicos argentinos vinculados al proyecto de San Juan. Astrónomos locales, entre ellos la investigadora Ana María Pacheco, lamentaron que una iniciativa de valor académico quedara atrapada en las tensiones geopolíticas entre las dos grandes potencias. A su vez, Marcelo Segura, coordinador argentino del programa, intentó transmitir a funcionarios estadounidenses que el radiotelescopio tenía un destino exclusivamente científico, pero las objeciones persistieron.
China respondió al acusar a Estados Unidos de utilizar argumentos de seguridad para obstaculizar su desarrollo tecnológico. La embajada china en Buenos Aires calificó la postura norteamericana como una herramienta para frenar proyectos legítimos de cooperación internacional, y rechazó de plano las acusaciones sobre usos militares encubiertos.
- Te puede interesar: Trump reunirá a presidentes de América Latina: quiénes participarán y cuál es el objetivo del encuentro
Para Estados Unidos, la disputa es parte de una estrategia más amplia frente al crecimiento de la influencia china en comercio, infraestructura y tecnología en América Latina. Washington busca fortalecer alianzas regionales e incorporó cláusulas específicas en acuerdos bilaterales para reforzar mecanismos de control sobre instalaciones espaciales extranjeras en la región.
En cualquier caso, lo que comenzó como un proyecto astronómico en los Andes se transformó en uno de los escenarios más visibles de la rivalidad global entre Estados Unidos y China, una disputa que abarca ciencia, tecnología, seguridad y poder geopolítico en territorio latinoamericano.




