Francia y Senegal abren este martes, en Nueva York, el Grupo I del Mundial 2026 organizado por la FIFA. Aunque no será un partido más, ya que va mucho más allá del resultado. El enfrentamiento entre ambas selecciones reflota una historia compartida de colonialismo, migraciones forzadas y luchas por la autodeterminación que todavía pesa en la relación entre los dos países.
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A 24 años del histórico triunfo senegalés en Corea-Japón 2002, el partido vuelve a poner frente a frente a dos naciones que comparten vínculos profundos. Incluso, varios jugadores de la selección senegalesa nacieron o se formaron en Francia, pero eligieron representar al país de sus familias. Así, muchos de ellos rechazaron la lógica que da por sentado que el talento africano debe vestir camisetas europeas.
Francia y Senegal: un siglo de dominación colonial y una independencia incompleta
La presencia francesa en el territorio senegalés se remonta al siglo XVII, cuando comenzaron a instalarse en el río Senegal. Con el pasar de los años, el control colonial se expandió mediante saqueos de recursos, como el oro y la goma arábiga, y del sometimiento de las poblaciones locales mediante la esclavitud y el trabajo forzado.
Así, Senegal se convirtió en una pieza fundamental del Imperio francés en África Occidental y permaneció bajo dominio colonial hasta el 4 de abril de 1960, cuando proclamó su independencia. Sin embargo, la ruptura política no puso fin a la dependencia.

Francia mantuvo lazos económicos, militares y culturales con sus antiguas colonias a través de un entramado que los analistas bautizaron como la “Françafrique”, un sistema de influencia que operó de manera discreta, pero constante durante décadas. Prueba de ello es que las últimas tropas francesas no abandonaron el suelo senegalés hasta julio de 2025.
La matanza de Thiaroye: el colonialismo contra los soldados senegaleses
Uno de los episodios más oscuros de esa relación ocurrió en el campamento militar de Thiaroye, ubicado en las afueras de Dakar, el 1 de diciembre de 1944. Allí se encontraban los llamados tirailleurs sénégalais (tiradores senegaleses), soldados africanos que habían sido reclutados para combatir bajo bandera francesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Pelearon contra el nazismo en suelo europeo, muchos fueron capturados y enviados a campos de prisioneros alemanes y, al terminar el conflicto, regresaron a África. Allí, reclamaron lo que se les prometió desde un inicio: el pago de salarios atrasados, compensaciones de guerra y un trato equiparable al de los soldados franceses.

Pero, en lugar de reconocimiento, encontraron represión. El ejército colonial rodeó el campamento y abrió fuego contra los veteranos que protestaban de manera pacífica. El Estado francés sostuvo durante décadas que los militares habían respondido a una amenaza armada, pero investigaciones históricas posteriores -junto a testimonios de los sobrevivientes- construyeron una versión muy distinta. Se trató, más bien, de una masacre planificada para sofocar cualquier cuestionamiento al orden colonial.
La cantidad de muertos nunca fue acordada entre Francia y los historiadores africanos, que siempre denunciaron que las cifras oficiales eran muy inferiores a la realidad. Así, lo ocurrido en Thiaroye quedó en la memoria colectiva de Senegal como prueba de una contradicción que atravesaba al colonialismo francés.
El talento africano, Francia y la decisión de elegir a Senegal
La relación desigual entre los dos países también encontró su expresión en el fútbol. Durante décadas, las estructuras formativas francesas captaron a jóvenes con raíces africanas, los desarrollaron en sus academias y ligas juveniles y, en muchos casos, esperaban que eso se tradujera en un compromiso con la selección nacional.

Ese circuito fue, en parte, una continuación de la misma lógica extractiva que caracterizó al período colonial de tomar lo que el territorio africano producía para ponerlo al servicio del proyecto europeo. El plantel de Senegal en este Mundial 2026 refleja esa tensión, ya que varios jugadores nacieron en Francia. Entre ellos:
- Kalidou Koulibaly
- Mamadou Sarr
- Habib Diarra
- Pape Gueye
- Yehvann Diouf
- Ibrahim Mbaye
En ningún caso, la federación francesa intentó retener a varios de ellos, en particular a Ibrahim Mbaye, joven figura del PSG considerado una de las mayores promesas del fútbol europeo. Mbaye explicó que su decisión de elegir la camiseta del país de su familia fue, para él y para muchos de sus compañeros, una forma de afirmar una identidad que el sistema tendía a diluir.
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Esta situación expone una tensión que Francia no logró resolver. El equipo nacional celebra desde hace años su diversidad como un valor y como una fortaleza colectiva. Y esa combinación le dio los Mundiales de 1998 y 2018.
Sin embargo, esa narrativa suele ignorar las condiciones estructurales que la hicieron posible. La emigración masiva desde las antiguas colonias y la realidad cotidiana de discriminación y exclusión que los descendientes de esos migrantes enfrentan, son una parte fundamental de esa historia.




