El proceso para elegir al próximo secretario general de las Naciones Unidas (ONU) entra en su etapa decisiva, y el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), continúa entre los aspirantes con más chances de ocupar el cargo que dejará António Guterres a fines del 2026.
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Rafael Grossi: en qué posición se ubica tras un nuevo sondeo del Consejo de Seguridad
El argentino se ubicó en el segundo lugar de la tabla, detrás de la costarricense Rebeca Grynspan. Reunió seis votos a favor, siete en contra y dos sin opinión, un balance en el que los rechazos pesan más que las adhesiones. Sin embargo, este resultado implica un retroceso, porque en la ronda previa había sumado ocho respaldos. Su ascenso a la segunda posición se explica sobre todo por la caída de la guyanesa Carolyn Rodrigues Birkett, que bajó de ocho a cinco apoyos y acumuló nueve rechazos.
Si se miran todas las rondas, el desempeño del argentino resulta oscilante. Arrancó con siete votos, repitió esa cifra en la segunda, cayó a cinco, repuntó a ocho y terminó en seis. Nunca llegó a los nueve votos que se necesitan para avanzar con una recomendación.

De todas formas, Rebeca Grynspan, que lidera con nueve votos a favor y seis en contra, tampoco tiene la carrera asegurada. Sus rechazos se duplicaron respecto de la votación anterior, una señal de que ningún candidato logró todavía un consenso sólido dentro del Consejo.
La mirada diplomática sobre Grossi es dispar. Su exposición como inspector nuclear en conflictos de alta tensión, como los de Ucrania e Irán, le da visibilidad, pero aún enfrenta un rechazo cercano a los dos tercios del Consejo. También pesa la postura de los cinco miembros permanentes, que pueden bloquear a cualquier candidato con su veto.

Estados Unidos y Francia lo acompañan, mientras que China se inclina por que el cargo lo ocupe una mujer. Rusia no definió públicamente su posición, aunque podría objetar a quienes tengan ciudadanía de la Unión Europea o la OTAN, algo que alcanza a Grossi por su pasaporte italiano. Reino Unido, mientras tanto, es una incógnita. Su decisión se cruza con los roces que mantiene con el gobierno de Javier Milei por la actividad petrolera en el Atlántico Sur y la disputa por las Malvinas.
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Las rondas realizadas hasta ahora son consultas informales y secretas, sin valor oficial. Sirven para medir la intención del Consejo, pero no determinan por sí solas quién será el elegido.
El paso que se espera a continuación es una votación con boletas de colores, en la que los cinco miembros permanentes usan un color distinto al de los otros diez miembros. Así se sabrá si alguna potencia rechaza a un candidato, lo que anticiparía un veto; algo que los diplomáticos esperan que ocurra en las próximas semanas.

Esa modalidad puede repetirse. En algunos procesos alcanzó con una sola ronda de colores y en otro hicieron falta seis, por lo que todavía hay margen para que cambien las posiciones.
Cuando surja un candidato con consenso, el Consejo votará a puerta cerrada una resolución que lo recomiende. Para aprobarse necesitan al menos nueve votos afirmativos y que ninguno de los cinco permanentes use su veto.
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La última palabra la tiene la Asamblea General, formada por 193 países, que según la Carta de la ONU designa al secretario general a partir de esa recomendación. Por lo general, ratifica lo que decide el Consejo.
Hasta último momento los países pueden presentar nuevos postulantes, por lo que tampoco se descarta una figura sorpresa. Quien resulte elegido ejercerá un mandato de diez años desde que Guterres deje el cargo, a partir del 1 de enero de 2027.




