Las Naciones Unidas (ONU) aviesan uno de sus peores momentos en términos de financiamiento y de legitimidad. La organización creada en 1945 tras la Segunda Guerra Mundial, uno de los episodios más sangrientos en la historia de la humanidad, está hoy en colapso.
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Para comprender más a fondo esta crisis, y en diálogo exclusivo con DEF, el ex embajador de Estados Unidos, Portugal y la ONU, Jorge Argüello, explicó cómo ve al organismo, cuáles son los obstáculos que enfrenta y qué soluciones encuentra en medio de un profundo cambio del orden internacional.
La actualidad de la ONU: entre la parálisis y la crisis de legitimidad
–¿Cuáles son los principales puntos ciegos del organismo para resolver los conflictos actuales?
–Cuando yo llegué a Naciones Unidas, en la Asamblea General había largas discusiones que tenían un resultado. Lo cierto es que había capacidad de discusión, de decisión y de implementación.
En este sentido, el Consejo de Seguridad, que es el órgano que tiene a su cargo la paz y la seguridad internacionales, se declaró impotente en referencia directa a la incapacidad del organismo para intervenir en los conflictos actuales. Esa parálisis tiene un origen estructural que se remonta al nacimiento de la organización, cuando los ganadores de la Segunda Guerra Mundial diseñaron el sistema a la medida de sus propios intereses, reservándose la membresía permanente y el derecho de veto en el Consejo de Seguridad.

–En relación al Consejo de Seguridad, ¿qué reformas considera necesarias en el órgano decisorio y qué margen real cree que existe para concretarlas?
–Actualmente, el Consejo de Seguridad tiene 15 miembros: cinco permanentes y diez rotativos. Los cinco permanentes pueden ejercer el derecho de veto en cualquier momento, con lo cual abortan cualquier proceso que no quieran que avance.
Eso es lo que pasa con el Consejo de Seguridad. Cada uno de los miembros permanentes puede aplicar el derecho de veto y, como están en bandos distintos en los diferentes episodios bélicos que se están desarrollando, el Consejo de Seguridad, por ejemplo, puede imponer el cese al fuego. Eso explica la situación de impotencia por la que atraviesa.
La Carta Orgánica de Naciones Unidas prevé la posibilidad de reforma. Desde que se creó, hay una discusión sobre cómo reformarlo y nunca se pudieron generar las condiciones para hacerlo. Sin el concurso de los cinco miembros permanentes no se puede reformar la Carta de las Naciones Unidas y, por lo tanto, tampoco el Consejo de Seguridad.
Es por ello que no lo veo viable. Durante todos los años que estuve en Naciones Unidas, la Argentina integró uno de los grupos: United for Consensus. Este grupo propone una reforma del Consejo de Seguridad que elimine el derecho de veto, aunque también lo veo improbable.

–Entonces, ¿usted cree que el problema de fondo es que la ONU representa un mundo de 1945 que ya no existe? Y en este sentido, ¿puede un organismo pensado para cinco potencias ganadoras de una guerra ser el árbitro de un mundo multipolar?
–Coincido con lo que plantea: el orden de 1945 está siendo superado. Vamos hacia un nuevo orden. Así como terminó en 1648 el orden surgido de la Paz de Westfalia, y así como terminó el orden del Congreso de Viena, después de 1815, este orden nacido en 1945 se está agotando.
¿Por qué? Porque cambió la relación de poder en el mundo. Si tuviera que pensar cómo comenzar un nuevo orden, no prescindiría de Estados Unidos y China. Son las potencias que están en una disputa por la hegemonía global. Una vez que se acomode la nueva distribución de poder en el mundo, esa distribución va a ordenar y generar el nuevo orden, que tendrá sus propias instituciones. Podrán ser las actuales, renovadas o reformadas, u otras nuevas; no lo sabemos.
Una crisis financiera insostenible para la organización
–El recorte de aportes de Estados Unidos, China y otros países, ¿es un síntoma o una causa de la pérdida de relevancia del organismo?¿Qué margen de acción le queda a una ONU cada vez más desfinanciada?
–No es una causa, es una consecuencia. Los países dejan de invertir. Cada país tiene una cuota de contribución a Naciones Unidas. Creo que la pérdida de relevancia de la organización hace que los países se demoren en pagar o, directamente, no paguen.
La cuestión presupuestaria es muy importante porque limita la acción. Muchas veces la burocracia de Naciones Unidas justifica el fracaso de las negociaciones por la falta de presupuesto. Pero, en realidad, es un combo: la pérdida de legitimidad de la organización va acompañada de una situación patrimonial y presupuestaria muy complicada.
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Antecedentes: el recorrido de la ONU y el destino de la Sociedad de las Naciones
–¿Puede la ONU repetir el destino de su antecesora, o hace falta un quiebre profundo del orden internacional, como una Tercera Guerra Mundial, para que el organismo colapse?
–Hay una frase de José Saramago que indica que “el caos es un orden por descifrar”. Esto que vemos como una sensación de que el mundo es un caos, en realidad es un proceso de transición.
Creo que la Sociedad de las Naciones nació paralizada; la ONU, no. La ONU tenía a todas las potencias ganadoras de la guerra y, además, había un acuerdo. Ese acuerdo permitió generar instituciones y reglas que durante décadas ordenaron el mundo. No quiere decir que fuera la mejor manera de ordenarlo, pero el sistema daba previsibilidad. Sin embargo, durante las décadas anteriores, entre 1945 y hace algunos años, la ONU fue un sistema que funcionó. La Sociedad de las Naciones no funcionó, muy diferente a lo que ocurrió con las Naciones Unidas.




