El nuevo acuerdo entre Estados Unidos y Arabia Saudita para el desarrollo de su programa nuclear volvió a poner en el centro del debate internacional una pregunta que hasta hace poco parecía saldada: ¿Acaso el régimen global de no proliferación nuclear entró en una fase de debilitamiento estructural? El pacto, conocido como Acuerdo 123, habilita la cooperación nuclear para fines pacíficos entre ambos países, pero su contenido exacto, al no estar completo aún para el público, genera controversia entre especialistas en desarme y seguridad internacional.
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Para comprender su alcance real y consecuencias sobre el sistema internacional de no proliferación, DEF consultó a Irma Argüello, estratega internacional y presidente de la Fundación de No Proliferación para la Seguridad Global (NPSGLOBAL).
Acuerdo 123: qué dispone el pacto entre Estados Unidos y Arabia Saudita
“Cualquier lectura del acuerdo debe hacerse todavía con cautela, ya que el texto completo no se conoce públicamente y circulan versiones contradictorias sobre puntos sensibles, como la eventual habilitación del enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de combustibles nucleares”, explicó Argüello.
Además, la especialista precisó que el Acuerdo 123, sumado a un pacto bilateral de salvaguardias, “en principio no vulnera la letra del Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares”. Esto se debe a que el TNP no prohíbe esas actividades siempre que estén sometidas a salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

El punto de comparación que utiliza Argüello es el llamado “gold standard”, la norma reforzada que Estados Unidos aplicó con Emiratos Árabes Unidos, por el cual ese país renunció formalmente al enriquecimiento y al reprocesamiento. Según la experta, esa renuncia no es una obligación del TNP sino un criterio adicional de la política estadounidense, y la pregunta decisiva sería si el acuerdo saudí se aparta de ese estándar.
Los reportes disponibles, señaló la experta, indican que el pacto podría dejar abierta “una futura vía al enriquecimiento y que no exigiría, al menos inicialmente, la adopción del Protocolo Adicional de la OIEA”, que permite un control más estricto sobre actividades no declaradas. De confirmarse, advirtió, se estaría frente a “una aplicación selectiva de los estándares de no proliferación”, capaz de erosionar la credibilidad de Estados Unidos y sentar un precedente para futuras negociaciones.

Un dato que complica el análisis técnico es que Trump vinculó la viabilidad del acuerdo con una eventual normalización de relaciones entre Arabia Saudita e Israel, en el marco de los Acuerdos de Abraham. Para Argüello, eso confirma que la cooperación nuclear forma parte de una negociación geopolítica más amplia. La especialista subrayó que las garantías nucleares “deberían ser permanentes, verificables y autónomas”, y no depender del resultado de una negociación diplomática paralela.
Proliferación nuclear: un sistema que no colapsa, pero que se erosiona por partes
En otro pasaje de la charla con DEF, la titular de la Fundación NPSGLOBAL aclaró que el núcleo del régimen de no proliferación conserva todavía una resiliencia considerable. “El TNP mantiene una adhesión casi universal, sigue siendo una condición central de la cooperación nuclear y no se ha producido una nueva retirada desde la salida de Corea del Norte, en 2003”, mencionó.

Sin embargo, Argüello advirtió que la tendencia alrededor de ese núcleo es preocupante. “Se acumulan excepciones y aplicaciones selectivas de las normas, mientras la parálisis del Consejo de Seguridad y los debates internos en varios países sobre desarrollar una opción nuclear propia muestran que la arquitectura política que sostenía a la no proliferación está bajo presión constante”, afirmó.
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A su vez, la especialista remarcó la tendencia a reemplazar la verificación y la negociación diplomática por acciones militares directas contra instalaciones nucleares, algo que no demuestra necesariamente un fracaso técnico de las salvaguardias. Más bien, “ciertos gobiernos dejaron de confiar en los tiempos del sistema multilateral y optaron por medidas unilaterales”, indicó.
Por último, según Argüello, “el problema principal de estos tiempos es la erosión del orden global basado en reglas”, un fenómeno que excede el ámbito nuclear y refleja cómo los intereses geopolíticos particulares tienden a imponerse por encima de normas que deberían aplicarse de manera consistente. Los regímenes normativos, concluyó, rara vez desaparecen de golpe, sino que se debilitan mediante excepciones acumuladas que, tomadas de manera individual, no se entienden como decisivas en su conjunto.




