El regreso de Donald Trump desde la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Turquía, no ocurrió como la Casa Blanca lo había contado en su momento. Según una investigación publicada por un reconocido medio de Washington, el mandatario estadounidense no viajó de vuelta a Estados Unidos en el habitual Air Force One, sino en una aeronave militar alternativa, mientras se mantenía la apariencia pública de que continuaba a bordo del avión presidencial tradicional.
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El propio Trump había llegado a la cumbre en un nuevo jet obsequiado por Qatar, luego de haber utilizado el viejo Air Force One para el tramo previo del viaje. Esta estrategia de seguridad surgió tras la escalada de tensión con Irán por la reanudación de los ataques estadounidenses.
Donald Trump y su salida de Ankara: cómo se organizó el operativo secreto
De acuerdo con la reconstrucción de The Washington Post, Trump abordó el Air Force One a la vista de las cámaras en el aeropuerto de Esenboga, en Ankara, y se despidió con la mano antes de que la puerta se cerrara. Minutos después, ya fuera del alcance de las cámaras, fue trasladado en un vehículo de servicio, el mismo tipo de carrito que normalmente transporta equipaje y personal de catering, hasta un avión militar C-32A, una versión modificada del Boeing 757 que suele emplear el vicepresidente estadounidense.

Ese segundo avión fue el que finalmente llevó a Trump de regreso a Estados Unidos. Mientras tanto, el Air Force One despegó igualmente de Turquía y actuó como señuelo, con el objetivo de que un eventual atacante no pudiera determinar con certeza en cuál de las dos aeronaves viajaba realmente el presidente. La estrategia buscaba dificultar cualquier intento de rastreo o identificación en tiempo real del vuelo presidencial.
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Lo llamativo del operativo es que ni siquiera todos los ocupantes del vuelo conocían la verdadera ubicación del mandatario. Periodistas y varios integrantes del personal de la Casa Blanca que subieron al Air Force One creyeron durante todo el trayecto que viajaban junto a Trump, sin tener información sobre la amenaza iraní ni sobre el cambio de aeronave. El hermetismo se mantuvo incluso puertas adentro de la propia comitiva presidencial.
En su momento, cuando trascendió que Trump había cambiado de avión, el propio presidente negó que la maniobra respondiera a un riesgo de seguridad. Según explicó entonces, el nuevo avión presidencial viajaría al Reino Unido para que personal militar estadounidense pudiera familiarizarse con la aeronave, una versión que quedó desmentida por la reconstrucción periodística posterior.




