La cumbre de la OTAN arrancó en Ankara con una agenda cargada de anuncios de inversión militar por parte de los países miembros. El encuentro busca exhibir el incremento del gasto en defensa de los aliados y contener las críticas del presidente estadounidense, quien había cuestionado la respuesta europea durante el reciente conflicto con Irán. La presencia de Donald Trump volvió a poner el foco en la relación, cada vez más tensa, entre Estados Unidos y sus socios europeos.
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El mandatario estadounidense llegó a Turquía mientras sus reiteradas críticas aún ponen a prueba a una alianza que ya lleva más de siete décadas de existencia. A la par de las discusiones sobre gasto militar, la guerra en Ucrania volvió a ocupar un lugar central en la reunión.
Cumbre de la OTAN: entre compras millonarias y tensiones abiertas que marcaron la primera jornada
Durante la primera jornada, los países aliados dieron a conocer contratos por unos 12 mil millones de dólares para la industria de defensa, enfocados en drones de última generación, aviones de vigilancia y otras aeronaves militares. El objetivo declarado fue mostrarle a Donald Trump que Europa intensifica sus esfuerzos.
Parte de estos acuerdos reflejan un giro hacia el abastecimiento local. Once países optaron por sistemas de radar de la firma sueca Saab, por lo que dejan de lado un modelo que compraban a Boeing. También se confirmó un plan para reemplazar la vieja flota de aviones de vigilancia de la Alianza por aeronaves GlobalEye de esa misma empresa.

Por su parte, Trump volvió a apuntar contra distintos líderes europeos, entre ellos la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, a quien acusó de haber cometido un error. El mandatario había manifestado su malestar porque varios aliados le negaron a sus fuerzas el uso de bases militares durante las operaciones en Medio Oriente.
Como gesto hacia el país anfitrión, trascendió que Donald Trump estaría dispuesto a habilitar la venta de aviones de combate F-35 a Turquía, por lo que se revertiría así una restricción impuesta en su primer mandato. También se anticipó que la seguridad en el estrecho de Ormuz sería uno de los temas centrales de debate.
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La guerra en Ucrania también marcó el rumbo de la cumbre. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, buscó un compromiso europeo que garantice un flujo de al menos 80 mil millones de dólares anuales en ayuda militar, y se prevé que se reúna con Trump para sostener la presión sobre Rusia de cara a una eventual negociación de paz.
El trasfondo de una cumbre clave para el futuro de la Alianza
El encuentro reúne a los 32 países miembros en un contexto marcado por la guerra en Ucrania, el deterioro del vínculo con Rusia y el cambio de prioridades estratégicas de Estados Unidos. Busca redefinir el reparto de responsabilidades dentro de la organización.
El secretario general, Mark Rutte, definió la cita como una cumbre de ejecución, en la que los compromisos previos deben traducirse en decisiones concretas, con miles de millones de dólares en nuevos contratos de defensa.

En materia de gasto, la ministra de Defensa neerlandesa, Dilan Yeşilgöz-Zegerius, advirtió que los países que no encaminen su presupuesto hacia la meta del 5% del PBI recibirán presión del resto de los socios. Polonia lidera esa tabla, seguida por los países bálticos, nórdicos y luego Estados Unidos.
El rol de Turquía como anfitrión tiene su propia lectura geopolítica. El país busca dejar atrás su aislamiento dentro de la industria de defensa occidental y reclama el levantamiento de restricciones tras la compra de sistemas rusos S-400 y sus operaciones militares en Siria.




