En el 81° aniversario del bombardeo atómico sobre Hiroshima, la amenaza nuclear vuelve a ocupar un lugar central en la agenda internacional. Lo que durante décadas fue contenido por una red de tratados de control de armamentos, hoy se encuentra en retroceso, mientras potencias como Estados Unidos, Rusia y China aceleran la modernización y expansión de sus arsenales.
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El escenario actual ya no responde a la lógica bipolar del siglo pasado, sino a lo que numerosos analistas describen como un nuevo orden nuclear tripolar, con el gigante asiático consolidándose como el tercer gran actor estratégico junto a Washington y el Kremlin.
Bombardeo a Hiroshima: un nuevo aniversario que llega en el peor momento
El bombardeo estadounidense sobre Hiroshima marcó el primer uso de un arma nuclear en un conflicto bélico y dejó miles de víctimas fatales en cuestión de segundos. Tres días después, un segundo ataque sobre Nagasaki repitió la devastación. Ambos episodios son, hasta hoy, los únicos casos de la historia en que se emplearon armas atómicas en una guerra real.
Durante ocho décadas, ese horror funcionó como una suerte de freno moral y estratégico que impulsó la construcción de acuerdos internacionales de control de armamentos. El más relevante de los últimos años, el Nuevo START entre Estados Unidos y Rusia, expiró sin reemplazo, lo que dejó a las dos mayores potencias nucleares del planeta sin restricciones vinculantes sobre el tamaño de sus arsenales estratégicos.

En ese contexto, la Casa Blanca ordenó reanudar los ensayos nucleares, bajo la excusa de que otros países ya realizan pruebas propias con sistemas de armamento atómico. La medida generó una ola de críticas de organizaciones antinucleares y expertos en desarme, que advierten sobre el riesgo de un efecto en cadena entre las principales potencias.
Cómo se reparte hoy el poder atómico mundial
El arsenal nuclear global ronda las 12.300 ojivas repartidas entre nueve países, de las cuales más de 9.600 permanecen operativas y listas para ser desplegadas a través de misiles, buques, aviones o submarinos. Estados Unidos y Rusia concentran juntos alrededor del 87% del total, aunque China es el actor que crece más rápido en los últimos años.
El arsenal chino pasó de apenas 240 ojivas al inicio del liderazgo de Xi Jinping a cerca de 600 en la actualidad, con proyecciones de Estados Unidos que anticipan que podría superar las mil unidades antes de que termine la década. El gigante asiático sostiene oficialmente una política de moderación, pero sus capacidades crecieron tanto en cantidad como en sofisticación.
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Rusia, por su parte, mantiene el arsenal más numeroso del mundo, distribuido entre fuerzas estratégicas y tácticas, mientras prueba sistemas de lanzamiento y armamento de nueva generación. Corea del Norte avanza en paralelo hacia la incorporación de capacidades nucleares en su flota naval, un desarrollo que altera el equilibrio militar en el este asiático y preocupa especialmente a Corea del Sur y Japón.
A esto se suma la incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con sus aliados tradicionales, lo que ya lleva a algunos gobiernos a evaluar en privado el desarrollo de capacidades nucleares propias. Especialistas en no proliferación coinciden en que el debilitamiento de los tratados internacionales, sumado al aumento generalizado del gasto en defensa, erosiona la credibilidad del Tratado de No Proliferación Nuclear y multiplica los riesgos de una escalada impredecible entre potencias con intereses cruzados.




