En un escenario global y local donde la modernización de las Fuerzas Armadas y las entidades de seguridad pública cobra cada vez más relevancia, la tecnología de misión crítica evoluciona para responder a desafíos complejos y a entornos hostiles. Motorola Solutions –empresa con casi 100 años a nivel global y más de 30 años de presencia continua en Argentina– transformó su perfil en la última década, pasando de ser un proveedor tradicional de equipamiento a posicionarse como un integrador tecnológico clave en el ecosistema de Defensa.
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En diálogo con DEF, Luciano Campolonghi, Presidente de Motorola Solutions Argentina y responsable de Ventas Directas para el Sur de América Latina, analiza el contexto de modernización en el país, las recientes adquisiciones de la compañía (como Silvus, CRFS, Barrett y Silent Sentinel) y cómo la integración de datos mediante inteligencia artificial se convirtió en el factor estratégico para llevar información en tiempo real a la línea de acción. Además, detalla el rol de Argentina como centro de ingeniería y operaciones para la región.
La modernización de las Fuerzas Armadas en Argentina
-¿Cómo ha sido el proceso de inserción y evolución de Motorola Solutions dentro del vertical de Defensa en los últimos años?
-Motorola Solutions es una empresa con casi 100 años de historia, más de 60 en América Latina y más de 30 en Argentina. Somos probablemente el único fabricante de tecnología de misión crítica instalado localmente con esta trayectoria. En los últimos cinco años hemos realizado un fuerte esfuerzo de inversión mediante adquisiciones estratégicas para fortalecer nuestro portafolio de Defensa.
Nuestro enfoque en Defensa es similar al que aplicamos en seguridad pública y empresarial: actuar como un socio o aliado tecnológico. No buscamos ser solo un vendedor de hardware o software suelto, sino un integrador que entienda la misión del cliente. Hoy ofrecemos un ecosistema integral que abarca desde software y hardware de comunicación hasta análisis de datos y servicios.

-Se habla mucho sobre la necesidad de modernización en las Fuerzas Armadas. ¿Cuál es el panorama actual en Argentina y cómo se está trabajando con el Gobierno nacional?
-En Argentina estamos observando un resurgir de la necesidad de modernización tecnológica dentro de las Fuerzas Armadas, algo que quizás no venía dándose de forma tan sistemática en años anteriores. Si bien existen desafíos presupuestarios y de priorización económica, hay un interés concreto por parte del Ministerio de Defensa y del Gobierno en renovar sus capacidades.
Actualmente, nuestro rol principal es el de consultores. Trabajamos de cerca con las Fuerzas para entender qué necesitan y qué proyectos pueden ejecutarse en función del presupuesto disponible. Ya tenemos iniciativas en marcha asociadas a nuestras marcas como Barrett o Silvus. Lo valioso es que podemos hablar el mismo lenguaje que las Fuerzas Armadas y ofrecerles soluciones flexibles que se adapten a sus requerimientos específicos de despliegue.
Los datos como fortaleza en la Defensa
-Mencionaste pasar “del dato a la inteligencia”. ¿Qué significa esto en la práctica para una fuerza desplegada en el terreno?
-Hoy en día existe lo que llamamos la “obscenidad de los datos”: tenemos cámaras, sensores, videos e imágenes por todas partes, pero tener un volumen astronómico de datos no sirve si no se pueden procesar. En el ámbito militar o de emergencia, las unidades suelen operar en despliegues nómadas o en zonas de conflicto donde no hay cobertura convencional ni redes públicas de alta velocidad.
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El desafío estratégico es integrar todos esos sistemas –incluso tecnología previa del cliente o de terceros– para transformar ese mar de datos en inteligencia en tiempo real. La meta es que el primer respondedor (first responder) o el personal que está en la línea de fuego reciba la información crítica en el momento exacto en que la necesita para tomar una decisión.
-¿Qué papel juega la inteligencia artificial en este ecosistema?
-Consideramos a la inteligencia artificial como un soporte fundamental para procesar grandes volúmenes de datos de forma rápida. La IA nos permite sintetizar y estructurar la información para que sea digerible. Sin embargo, la decisión final siempre es humana. La IA no reemplaza al operador o al comandante en el campo; opera como un agente de procesamiento que facilita y acelera la toma de decisiones críticas del ser humano.

-Si tuviera que destacar las innovaciones tecnológicas más disruptivas del portafolio, ¿cuáles serían?
-La incorporación de Silvus marca un antes y un después. Es una tecnología de red nómade, de alta resiliencia y velocidad, que se autoconfigura mediante una forma de onda propietaria. Permite montar un transmisor/receptor en un tanque, un dron, un helicóptero o en el equipamiento de un soldado. A medida que los activos entran o salen de la escena, la red se reconfigura automáticamente. Permite transmitir video en tiempo real desde los lugares más remotos, como se demostró en la transmisión en vivo del rescate de cápsulas espaciales en medio del océano.
Por otro lado, CRFS Defense nos aporta capacidad en protección antidrones y defensa aérea, que es un área de altísimo crecimiento. A esto se suma Barrett, enfocada en comunicaciones HF tácticas, y Silent Sentinel, que provee cámaras térmicas de larguísimo alcance capaces de monitorear operaciones a 50 o 60 kilómetros de distancia, ideales para el control de fronteras o hidrovías. Pero insisto: el verdadero valor disruptivo está en cómo se integran todas estas herramientas de forma orgánica.
-¿Cómo adaptan estas tecnologías a otros sectores como la seguridad pública o las empresas privadas?
-El propósito es el mismo: acompañar al cliente en su misión y estar presentes cuando realmente importa. Lógicamente, la escala y los niveles (tiers) de comunicación de un hotel o de una minera no son los mismos que los de un Ministerio de Defensa o de Seguridad. En sectores como la minería, la energía o la gestión de fronteras, combinamos sensores, video y datos estratégicos para proteger la operación y a las personas.

-¿Cómo se posiciona Argentina con respecto al resto de América Latina en materia de inversión e infraestructura regional de la empresa?
-En otros países como Brasil, México o Colombia, los proyectos de inversión tecnológica en Defensa estuvieron históricamente en la agenda pública de manera más continua. En Argentina esa discusión estuvo postergada durante años, pero hoy vemos una clara voluntad y necesidad de ponerla sobre la mesa.
A nivel corporativo, Argentina funciona como el headquarter para el Sur de América Latina (Bolivia, Paraguay, Uruguay, Argentina y Perú). La ingeniería local, el desarrollo y el soporte técnico de campo para toda la región se realizan principalmente desde Buenos Aires. Esto aporta un valor agregado enorme: nuestros clientes hablan de igual a igual con ingenieros locales que entienden el idioma, la geografía y el contexto socioeconómico regional, garantizando no solo la venta de un proyecto, sino su mantenimiento y evolución a largo plazo.




