Hace 25 años, el 11 de septiembre del 2001, Estados Unidos fue atacado por la organización terrorista Al Qaeda, liderada entonces por Osama bin Laden. Los atentados tuvieron cuatro frentes específicos: las dos torres del World Trade Center (WTC), el Pentágono y un campo en Shanksville, Pensilvania.
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El triste episodio se cobró la vida de cientos de personas, tanto de quienes se encontraban en Nueva York y en Virginia, como de quienes viajaban como pasajeros en los aviones que impactaron y causaron la catástrofe. Se estiman un total de 2977 víctimas, sin contar a los 19 secuestradores. Además de las pérdidas devastadoras y los daños en infraestructuras, este hecho tuvo como consecuencias directas las guerras de Afganistán (2001-2021), Irak (2003-2011) y una profunda transformación de las políticas de seguridad en todo el mundo.
Atentado a las Torres Gemelas: los primeros indicios de una seguidilla de ataques terroristas
A las 7:59 de la mañana del 11 de septiembre, el vuelo 11 de American Airlines (AA11) despegaba desde el Aeropuerto Internacional Logan, de Boston, rumbo a Los Ángeles. La aeronave transportaba un total de 9 tripulantes –entre piloto, copiloto y aeromozos–, 76 pasajeros y 5 secuestradores.
Unos 15 minutos más tarde, a las 8:14, otro avión despegaba de ese mismo aeropuerto con 9 miembros de tripulación, 56 pasajeros y 5 abductores, el vuelo 175 de United Airlines (UA175), rumbo al mismo destino que el AA11.. Por su parte, el vuelo UA175 fue secuestrado minutos más tarde, a las 8:42.

A las 8:46, apenas 4 minutos después, el vuelo AA11 se estrelló contra los pisos 93 y 99 de la Torre Norte del WTC. Esto dejó inaccesibles a la mayoría de las escaleras desde el piso 92 hacia arriba, por lo que muchas de las personas sobrevivientes del choque no podían desalojar la zona que, más tarde, concentraría la bola de fuego producida por el calentamiento del combustible de la aeronave.
Tan solo 17 minutos después, a las 9:03, y en medio de erróneas especulaciones sobre un accidente, el vuelo 175 impactó contra la Torre Sur, entre los pisos 77 y 85. Esta vez, el avión se estrelló con una inclinación que dejó una de las escaleras transitable, lo que permitió que un número mayor de personas lograra descender.
La Torre Sur colapsó primero, a las 9:58, en apenas 11 segundos. Ahí murieron las personas que seguían dentro del edificio y otras que se encontraban en la calle y en un hotel contiguo.

Por su parte, la Torre Norte resistió hasta las 10:28; es decir, 102 minutos desde el impacto, antes de derrumbarse sobre sí misma en cuestión de segundos. Allí, también fallecieron cientos de personas que aún no habían logrado salir; especialmente, gran parte del personal de emergencia que había ingresado para asistir en la evacuación. Solo un grupo reducido de bomberos, un policía y algunos civiles que se encontraban en una escalera específica –a la que hoy se conoce como “escalera de los sobrevivientes”– de la Torre Norte lograron sobrevivir al colapso.
Del total de víctimas fatales, 343 fueron bomberos de Nueva York y decenas más pertenecían a las fuerzas policiales de la ciudad y del Estado, lo que convirtió a esa jornada en la mayor pérdida de personal de rescate en un solo evento en la historia de Estados Unidos. A esas muertes se sumaron, en los años posteriores, miles de casos de enfermedades crónicas, suicidios por el impacto psicológico de la catástrofe, y varias muertes vinculadas a la exposición al polvo tóxico liberado por el derrumbe de ambos edificios.
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El ataque al Pentágono y el vuelo que nunca llegó a destino
El tercer avión secuestrado durante la fatídica jornada fue el vuelo 77 de American Airlines (AA77), que había despegado del aeropuerto de Washington-Dulles a las 8:20 con 6 tripulantes y 58 pasajeros, entre ellos 5 atacantes. La toma de la cabina se produjo alrededor de las 8:51 y, a partir de ese momento, voló varios minutos sin que las autoridades lograran localizarlo, ya que el transpondedor había sido apagado.
A las 9:37, el avión se estrelló contra el Pentágono a máxima velocidad. El impacto y la posterior explosión mataron a los 64 ocupantes que iban a bordo y a 125 personas que trabajaban en el edificio, además de dejar varios heridos.

Finalmente, el cuarto avión secuestrado fue el vuelo 93 de United Airlines (UA93), que había despegado de Newark, Nueva Jersey, a las 8:42, con más de 40 minutos de retraso respecto de su horario original de las 8:00, con destino a San Francisco. A bordo viajaban 7 tripulantes y 37 pasajeros, entre ellos 4 secuestradores, uno menos que en los otros tres vuelos.
En este caso, la toma de la cabina ocurrió recién a las 9:28, 46 minutos después del despegue y notablemente más tarde que en los demás aviones. Ese retraso, sumado al de la salida, permitió que varios pasajeros se enteraran por teléfono de los ataques ya ocurridos en Nueva York y Washington DC, antes de que los secuestradores completaran su plan.

Organizados entre sí, y alrededor de las 9:57, los pasajeros decidieron intentar recuperar el control de la aeronave. En medio del forcejeo, y conscientes de que no lograrían completar su misión, los secuestradores hicieron caer el avión a las 10:03 en un campo abierto cerca de Shanksville, en el estado de Pensilvania, a una velocidad máxima de 800 km/h.
Se cree que el objetivo original de ese vuelo era el Capitolio o la propia Casa Blanca. Según muchos investigadores, fue la reacción de quienes iban a bordo el factor que explica por qué ese cuarto ataque no llegó a concretarse contra un edificio simbólico del poder político estadounidense.




