Los atentados contra las Torres Gemelas, ocurridos el 11 de septiembre del 2001, marcaron un quiebre no solo en Estados Unidos, sino también en la historia contemporánea de las relaciones internacionales. Aquella mañana, hace ya 25 años, aviones comerciales secuestrados impactaron contra el World Trade Center y contra el Pentágono, mientras un cuarto avión cayó en un campo de Pensilvania, tras el intento de los pasajeros por retomar el control de la aeronave.
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Los ataques, atribuidos a la red yihadista Al Qaeda, dejaron casi tres mil víctimas fatales. Desde ese momento, Estados Unidos abandonó su mirada de la amenaza terrorista como un fenómeno acotado a conflictos regionales y comenzó a tratarla como un riesgo global.
11 de septiembre: cómo se dieron los ataques a las Torres Gemelas y cuáles fueron sus consecuencias
Los atentados del 11S fueron ejecutados por 19 terroristas organizados en cuatro células, cada una encargada de secuestrar una aeronave comercial que luego impactarían en las Torres Gemelas, en el Pentágono y en un descampado a 20 minutos de la Casa Blanca, respectivamente. La planificación había cruzado fronteras, entrenamientos y financiamiento de distintos países, lo que evidenció que la amenaza ya no respondía a la lógica de un enemigo estatal tradicional, sino a redes descentralizadas capaces de operar en cualquier parte del planeta.

El entonces presidente estadounidense, George W. Bush, calificó el ataque como “el inicio de una guerra entre el bien y el mal”, en un discurso que buscó equiparar a los responsables con los totalitarismos del siglo XX. Esa retórica sirvió de base para lanzar lo que se conoció como la nueva “guerra contra el terrorismo”, una política militar votada por el Congreso apenas días después del ataque.
Bajo ese paraguas se justificaron dos grandes intervenciones militares. La primera fue la invasión a Afganistán (2001-2021), dirigida contra el régimen talibán por albergar a los responsables del ataque. La segunda, fue la guerra en Irak (2003-2011), presentada como parte de la misma cruzada contra el terrorismo, aunque sin un vínculo comprobado con los atentados.
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11S: el terrorismo como nueva amenaza transnacional
Aunque el atentado contra las Torres Gemelas fue el hecho que instaló al terrorismo como principal amenaza global, el fenómeno no nació en ese momento. Las primeras organizaciones terroristas modernas empezaron a surgir hacia mediados del siglo pasado, ligadas sobre todo a movimientos de liberación nacional y a conflictos anticoloniales en Medio Oriente, África y algunas regiones de Europa.
Durante las décadas de 1960 y 1970, ese tipo de grupos se multiplicó y comenzó a operar de manera cada vez más coordinada más allá de las fronteras de un solo país, con secuestros de aviones y ataques a objetivos civiles como parte de su estrategia. Fue en ese período cuando el terrorismo empezó a dejar de ser un fenómeno exclusivamente local para adquirir una dimensión internacional.

El concepto de terrorismo internacional se transformó en el nuevo gran enemigo del sistema global a comienzos del siglo XXI. A diferencia de las amenazas de la Guerra Fría, que enfrentaban a bloques de países con fronteras definidas, esta nueva amenaza no tenía territorio fijo ni un enemigo estatal identificable, lo que obligó a rediseñar por completo las estrategias de defensa e inteligencia.
En definitiva, el legado de los ataques del 11S continúa vigente. Los organismos multilaterales de seguridad, los protocolos de control migratorio y aeroportuario, así como buena parte de la cooperación internacional en materia de inteligencia, se reconfiguraron a partir de ese hecho. Desde entonces, el terrorismo transnacional se consolidó como uno de los principales desafíos para la política internacional contemporánea.




