La escalada bélica en Yemen no ha pasado desapercibida en el mercado internacional del petróleo. Después de perforar el piso de los 80 dólares por barril, a principios de agosto, el crudo Brent se disparó por encima de los 100 dólares y llegó a superar los 108 dólares, ante el temor de interrupciones en el suministro por parte de los países productores en Medio Oriente. Los pronósticos más agoreros plantean escenarios de un barril a 120 o hasta 130 dólares en las próximas semanas.
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Con la caída en manos de los hutíes del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, el transporte marítimo de crudo se ve seriamente afectado en la región. Las rutas se ven cada vez más limitadas y los ataques a ductos y refinerías sauditas ponen en jaque la capacidad de suministro de uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del planeta.

Cierre del oleoducto saudita: un nuevo cuello de botella para el mercado global de petróleo
A la toma del puerto de Moca y de la estratégica isla de Perim (Mayyun, en árabe) por parte de los rebeldes hutíes yemeníes, se sumó el ataque perpetrado con drones desde Irak contra el Oleoducto Este-Oeste, que permitía la salida del petróleo saudita a través del mar Rojo. Era la única alternativa saudita a la ruta del estrecho de Ormuz, cerrado por decisión de Irán desde el inicio del enfrentamiento bélico con Estados Unidos e Israel.
“Este ataque representa una peligrosa escalada y una amenaza inaceptable para la seguridad del Reino de Arabia Saudita, su integridad territorial y sus instalaciones vitales, así como una flagrante violación de los principios del derecho internacional”, afirmó el kuwaití Jasem Mohamed Albudaiw, secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, que reúne a las seis monarquías de la península arábiga.

Por el momento, según estimaciones de agentes del sector, el petróleo almacenado en el puerto saudita de Yanbu, en el mar Rojo, permitiría mantener las exportaciones durante un periodo de cinco a siete días. La reparación del oleoducto, por su parte, podría demorar de tres a cinco semanas.
Se especula que un cierre prolongado de esta infraestructura saudita pondría en riesgo el abastecimiento de unos 4 millones de barriles diarios, que equivalen a cerca del 4% del suministro mundial de crudo. En agosto, los envíos desde Yanbu promediaron los 2,6 millones de barriles diarios. Fue una sensible reducción respecto de los 4,8 millones de barriles diarios de junio, antes del inicio de la última campaña de ataques hutíes, según datos de Kpler, agencia especializada en inteligencia de datos y en el seguimiento de los mercados de las commodities.
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Yemen: los hutíes al acecho y un frente interno dividido
El terreno ganado por los hutíes marca la primera gran conquista territorial desde la tregua de abril de 2022. De esta manera, los rebeldes chiitas proiraníes retoman la ofensiva contra la coalición de fuerzas militares que responden al Consejo de Liderazgo Presidencial, sostenido por Arabia Saudita y sus aliados en la región. Este último es el gobierno legítimo de Yemen, reconocido por la comunidad internacional, pero no está exento de disputas internas y desavenencias.
De hecho, en enero de 2026, el Consejo se reestructuró tras las fricciones con el extinto Consejo de Transición del Sur (CTS), que contaba con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos y cuyo líder, Aidarous al-Zubaidi, fue eyectado del cargo de vicepresidente tras el fracaso de su agenda independentista. La última gran refriega ocurrió en diciembre de 2025, cuando la situación llegó a un punto de extrema tensión entre los dos mayores sponsors de la coalición anti-hutí, los Emiratos y Arabia Saudita, que se saldó con el retiro de las tropas emiratíes y la disolución del CTS.

La relación entre estas dos petromonarquías del Golfo parece haberse encauzado. El Ministerio de Exteriores de los Emiratos condenó el reciente ataque contra el Oleoducto Este-Oeste, al que calificó como una “flagrante violación de la soberanía del Reino de Arabia Saudita y una amenaza a su seguridad y estabilidad”.




