La primera mujer en alcanzar el grado de general en la Reserva del Ejército de Estados Unidos, conocida como “Ramba” por su paso por distintos conflictos bélicos, como Kuwait, visitó la Escuela Nacional de Inteligencia (ENI) y, mirándolos a los ojos, les advirtió a los especialistas que hoy analizan el futuro para detener las amenazas que puedan afectar al país, sobre los problemas que acechan a las principales democracias y a sus ciudadanos. “Somos parte de la solución”, resumió, contundente, en un auditorio repleto durante un encuentro en el que repasó las consecuencias de los movimientos antivacunas, crisis medioambientales, crímenes cibernéticos y otros riesgos que atentan contra la humanidad.
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El director de la ENI, Juan Bautista “Tata” Yofre, fue el encargado de presentar a la general de la reserva y puso el foco, en primer lugar, en la relevancia histórica de esa fuerza dentro de la estructura militar norteamericana. Al introducirla, recordó el papel que tuvieron los reservistas en distintos conflictos y destacó la importancia que adquirieron, especialmente a partir de la Segunda Guerra Mundial. Además, Yofre repasó aspectos de la trayectoria personal y militar de Zoppi, destacando que nació en Puerto Rico y que desarrolló una carrera que la llevó a integrar la Reserva estadounidense, participar en operaciones y asumir responsabilidades de comando. Su presentación buscó remarcar que no se trataba solamente de una carrera militar, sino de una trayectoria vinculada con la educación y la formación en instituciones de prestigio. “No quiero hablar mucho, porque la importante también es ella”, aclaró hacia el final de su intervención, para dar paso a la exposición.

El dato: antes de darle la palabra a la general, el director de la ENI puso especial énfasis en el significado de contar con una mujer latina con una trayectoria de gran dimensión dentro de las Fuerzas Armadas estadounidenses. El mensaje central de su presentación fue el reconocimiento a una carrera que, según destacó, reúne experiencia militar, liderazgo, educación y una identidad que la convierte en una figura significativa.
“Nos gusta la paz, pero tenemos que ir al combate y lo hacemos con el corazón”
En un diálogo exclusivo con DEF durante el encuentro, la general de la Reserva de los Estados Unidos, Irene Zoppi, se refirió al significado personal de haber alcanzado ese grado y puso el foco en el valor que tiene su trayectoria para otras mujeres. “Para mí es un avance. Las mujeres podemos ser mamás, podemos ser tías, abuelas, pero también generales”, reconoció al hablar de su ascenso como una forma de ampliar las posibilidades que las mujeres pueden imaginar para sus propias carreras.
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Zoppi destacó la dimensión patriótica que tiene para ella su pertenencia a las Fuerzas Armadas y la posibilidad de servir desde una posición de liderazgo. “Es bien importante ser parte de la milicia para mí, porque es amar a la nación de una manera más grande todavía”, sostuvo.

La general también habló de su experiencia en combate y de la preparación que implica formar parte de la Reserva estadounidense. “Nos gusta más la paz, pero tenemos que ir a combate y lo hacemos con todo el corazón”, contó.
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Durante la entrevista también fue consultada sobre cómo comunicar a una sociedad atravesada por la coyuntura los desafíos que plantea el futuro. Zoppi planteó que el camino debe ser gradual. “Se llega poco a poco. Hay que darle la información a la población, sin asustarlos, y decirles que estamos cooperando con el futuro”, resumió. En ese contexto, mencionó cuestiones vinculadas con los recursos naturales, el agua, la agricultura, la economía y el cambio climático como áreas en las que es necesario generar conciencia. Su planteo fue que la ciudadanía debe comprender que no se trata de problemas lejanos, sino de desafíos que requieren una participación colectiva: “Somos parte de la humanidad y de la solución”.

Un diagnóstico apocalíptico, ¿a qué se enfrenta América Latina?
Cuando la general Zoppi tomó la palabra, lo hizo durante varios minutos. Del otro lado, una audiencia atenta a cada una de sus advertencias. En definitiva, dentro del público, estaban quienes tienen la responsabilidad de preparar al país para los distintos escenarios que acechan la seguridad de los argentinos.
Primero, la militar abrió su presentación con una referencia personal a la Argentina y destacó el valor de las comunidades como base para el desarrollo de las naciones. “Mi corazón es argentino”, afirmó ante el auditorio, al tiempo que reivindicó el aporte que realizan los militares y reservistas, muchas veces sin reconocimiento público. En ese marco, contó parte de su propia historia: “Empecé mi carrera sin saber inglés, y llegué a ser general”. “No significa que tengo mucha inteligencia; solo hago muchas preguntas”, dijo al subrayar que los cuestionamientos son una herramienta central del pensamiento estratégic, clave para los analistas.

A partir de allí, la general planteó que el mundo atraviesa una transformación profunda de los paradigmas de seguridad. Según explicó, la lógica de la confrontación militar tradicional, marcada por la competencia simétrica de la Guerra Fría, fue reemplazada por una matriz mucho más compleja y multidimensional. “Los desafíos más apremiantes para la soberanía no provienen de ejércitos invasores”, sostuvo. En cambio, señaló como amenazas centrales las vulnerabilidades vinculadas con las redes cibernéticas, la delincuencia transnacional, las crisis de gobernabilidad y las cadenas criminales globales. “América Latina es nuestro epicentro de cambio de paradigma”, afirmó, antes de lanzar una definición que atravesó buena parte de su exposición: “Nosotros podemos cambiar ese paradigma”.
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“Las herramientas tradicionales de defensa nacional son obsoletas”, aseguró, y planteó la necesidad de construir un nuevo ecosistema. Para la general, ese proceso requiere además recuperar la confianza de la ciudadanía: “El público tiene que entender lo que estamos haciendo, porque sino, con desconfianza, no hay unidad”. En su diagnóstico sobre América Latina, vinculó las vulnerabilidades institucionales y la desigualdad estructural con fenómenos externos como el cambio climático, el ransomware y los ataques informáticos.

Finalmente, la general puso el foco en las transformaciones demográficas y urbanas que, según su análisis, serán determinantes en las próximas décadas. Advirtió sobre el envejecimiento de algunas sociedades mientras otras regiones atraviesan un fuerte crecimiento de sus poblaciones jóvenes, con “nuevos ideales y nuevas matrices de educación que son muy diferentes”. En América Latina, identificó además la urbanización acelerada e informal como un multiplicador de riesgos: cuando las grandes ciudades crecen más rápido que la capacidad del Estado para garantizar servicios esenciales, aparecen “zonas grises o vacíos de poder”.
Para Zoppi, comprender esas tendencias y anticiparse a ellas es parte fundamental de la estrategia: no se trata solamente de responder a las amenazas cuando llegan, sino de estudiarlas con anticipación para construir las capacidades necesarias frente al futuro. A ese escenario, se suma que las presiones migratorias y el crecimiento de las poblaciones jóvenes pueden convertirse en factores de riesgo cuando los Estados no logran ofrecer oportunidades, educación y perspectivas de futuro. En ese sentido, y para ejemplificar, recordó el éxodo venezolano -de millones de personas- y los flujos migratorios que atraviesan el Darién, fenómenos que, según señaló, tensionan la infraestructura fronteriza de países receptores como Colombia y Panamá y alteran el tejido socioeconómico regional.
“Generaciones devastadas”, la dura advertencia de la general Zoppi
La general de la Reserva también puso especial énfasis en los jóvenes: “Tienen que saber sobre el futuro de sus países y tener un nivel estratégico para no caerse en la trampa que otras políticas les podrían brindar, con ideales que van en contra de la democracia y de la estabilidad”. Para Zoppi, comprender estas dinámicas es clave para evitar que las vulnerabilidades sociales sean aprovechadas por actores que buscan erosionar las instituciones.

La segunda gran tendencia que identificó fue la combinación de volatilidad económica y desigualdad estructural, con especial preocupación por la dependencia latinoamericana de la exportación de bienes primarios y por la competencia económica de potencias como China y Estados Unidos. “América Latina está atrapada en la exportación de bienes primarios de bajo valor agregado”, resumió, al advertir sobre la vulnerabilidad que esto genera frente a las decisiones comerciales de las grandes economías. En ese contexto, vinculó economía, agricultura, seguridad alimentaria y estrategia: “Tenemos que pensar económicamente los flujos migratorios y cómo vamos a darle comida a todos”. También alertó sobre la necesidad de analizar de dónde provienen los alimentos y cómo se producen, especialmente frente a la expansión de inversiones y proyectos agrícolas de China en otras regiones.
“Si no analizamos lo que comemos, cómo esos productos están hechos y de dónde vienen, en el futuro pueden existir generaciones devastadas”, afirmó.
En el escenario estratégico planteado por Zoppi, la general también se refirió a una de las consecuencias que, según su análisis, dejó la pandemia de COVID-19: la pérdida de confianza de parte de la población en las vacunas y en las instituciones sanitarias. En ese sentido, advirtió que la desinformación puede tener consecuencias concretas sobre la salud pública y mencionó el aumento de enfermedades que habían sido controladas. “¿Por qué? Porque ahora las familias tienen mucho miedo a ponerse una vacuna esencial”, señaló. Como ejemplo, mencionó específicamente al sarampión y alertó sobre su impacto en los niños.

Para Zoppi, la crisis sanitaria debe ser entendida también como una cuestión de seguridad nacional y de resiliencia de los Estados. A partir de esa experiencia, llamó a fortalecer las infraestructuras sanitarias y a prepararse para futuras crisis, en lugar de postergar las inversiones necesarias.
“Puede ser que ahora mismo usted sea víctima de un hackeo a su banco”
La tercera megatendencia planteada por Zoppi estuvo vinculada con laaceleración tecnológica y digital y el crecimiento de las amenazas cibernéticas. La general advirtió que los ataques ya forman parte de la vida cotidiana. “Puede ser que ahora mismo usted sea víctima de un hackeo a su banco y quizás no se ha dado cuenta”, señaló. Según explicó, mientras la transformación digital y la incorporación de nuevas tecnologías avanzan rápidamente en América Latina, las capacidades estatales de defensa cibernética no lo hacen al mismo ritmo.
Zoppi también alertó sobre la convergencia entre el delito organizado, las operaciones cibernéticas y posibles actores estatales extranjeros. Mencionó ataques de ransomware contra ministerios, sistemas de salud e infraestructura crítica y sostuvo que el crimen organizado “ya no se limita a las calles”. “El pueblo tiene que saber estas amenazas”, remarcó, y pidió una mayor conciencia sobre una tecnología.
Además, la general vinculó estas amenazas con la fragilidad de la gobernanza democrática y el avance de las organizaciones criminales transnacionales. Según Zoppi, la corrupción, la falta de respuestas estatales y la pérdida de confianza en las instituciones generan vacíos que pueden ser aprovechados por otros actores. En ese escenario, destacó especialmente la evolución del crimen organizado en América Latina: “Han evolucionado como corporaciones”. Para la general, ese cambio obliga a abandonar las miradas tradicionales sobre la delincuencia y a entenderla como un desafío directo a la soberanía de los Estados.

En esa línea, Zoppi mencionó entre las principales amenazas a la extorsión, el tráfico ilegal de personas y la minería ilegal, y señaló que las bandas armadas ya no se limitan a delinquir, sino que llegan a controlar territorios y comunidades. Frente a ese escenario, sostuvo que las reservas militares y las áreas civiles vinculadas con la inteligencia pueden desempeñar un papel relevante para recuperar capacidades estatales: “El Estado ha perdido el monopolio legítimo de la defensa”, advirtió.
Otro de los ejes de su exposición fue la seguridad ambiental y la necesidad de prepararse para fenómenos climáticos cada vez más extremos. Zoppi puso como ejemplo su experiencia en Puerto Rico y recordó períodos de sequía en los que incluso un lago de grandes dimensiones quedó sin agua, lo que obligó a establecer racionamientos. En ese sentido, vinculó el cambio climático con la productividad agrícola, los desplazamientos de comunidades y las migraciones forzadas, y llamó a pensar la infraestructura como una cuestión estratégica: “Tenemos que aprender a trabajar de manera conjunta”.
Recursos estratégicos, cooperación y una nueva mirada sobre las amenazas globales
La general Zoppi vinculó la competencia tecnológica de las grandes potencias con el control de recursos estratégicos como el litio, el cobre y los minerales necesarios para desarrollar las tecnologías del futuro. En ese contexto, destacó el avance de China en sectores como la industria automotriz y también en la exploración espacial, y planteó una reflexión: “Si este es nuestro planeta, entonces tenemos que ver qué es lo que las limitaciones nos exigen para poder trabajar”.
Para la general, la disputa por esos recursos ya forma parte del escenario estratégico global y obliga a los países a pensar con anticipación qué bienes necesitarán sus sociedades y cómo garantizarán su acceso.
Además, Zoppi recurrió a una comparación futbolística para explicar su visión estratégica: “En fútbol hay ofensa y defensa. Así hay que pensar la estrategia”. En ese sentido, reclamó mayor cooperación entre los Estados para enfrentar amenazas que, según señaló, no respetan fronteras y requieren respuestas coordinadas.
Finalmente, Zoppi llamó a fortalecer las instituciones y la cooperación entre gobiernos, universidades, organizaciones civiles y ciudadanía como condición para enfrentar los escenarios futuros. “Cuando las instituciones están trabajando unidamente, cooperando, pueden crear una manera de hacer un network”, sostuvo, al reivindicar también, en términos de Pierre Bourdieu, el valor del capital social. Para la general, la seguridad no puede construirse únicamente desde los organismos estatales: la población debe comprender las amenazas y participar de las respuestas.
Y cerró su exposición desde una perspectiva personal, como madre, abuela y tía: “La importancia de nuestras familias”. En ese contexto, para ella es clave poder trabajar en equipo y colaborar e, incluso, “pensar como lo hace el enemigo”.




