Durante largas horas, en una de las aulas más reservadas de las Fuerzas Armadas, un grupo de expertos y militares debatió sobre un escenario que hasta hace no mucho parecía lejano: qué ocurre -y qué podría ocurrir- más allá de la atmósfera terrestre. En la Escuela de Guerra Aérea, las máximas autoridades de la Fuerza Aérea Argentina, junto con especialistas de distintos organismos, universidades y empresas, analizaron durante el cuarto encuentro de Innovación y Tecnología, organizado por la Secretaría de Investigación, Política Industrial y Producción del Ministerio de Defensa, un dominio que empieza a ocupar un lugar central en la planificación militar: el espacio ultraterrestre.
Lo que durante décadas estuvo asociado principalmente al mundo científico y tecnológico hoy aparece como una cuestión estratégica para la defensa nacional. Representantes del Ministerio de Defensa, la Fuerza Aérea, Cancillería, la CONAE y decenas de especialistas pusieron el foco en una capacidad que comienza a ganar peso: el Space Situational Awareness, o conciencia situacional espacial. La pregunta que atraviesa este nuevo escenario es tan simple como compleja: saber qué ocurre allí arriba y contar con la capacidad de anticiparse a aquello que pueda afectar los intereses nacionales.
- Te puede interesar: El jefe de la Armada, almirante Romay, habló de todo: Punta Indio, salarios y los desafíos de la Fuerza

General Puebla: “Es mucho más complejo diagramar y comprar futuro”
La guerra ya no se libra solamente en tierra, mar y aire. Para el general Jorge Alberto Puebla, secretario de Estrategia y Asuntos Militares del Ministerio de Defensa, el próximo desafío está sobre nuestras cabezas: el espacio ultraterrestre.
Por eso, durante sus palabras advirtió que las Fuerzas Armadas deben dejar de mirar las guerras del pasado para anticiparse a los conflictos que vienen. “Siempre es más fácil y más económico comprar pasado. Pero es mucho más complejo pensar, soñar, programar, diagramar y comprar futuro”, sostuvo, en una definición que atravesó buena parte de su discurso.

Puebla recordó que después de la Guerra del Golfo existió una tendencia a comprar aquello que se había visto en ese conflicto, mientras que la experiencia de Ucrania mostró la centralidad que adquirieron los drones. Ahora, la mirada debe desplazarse hacia el espacio y tener en cuenta las operaciones en el espacio. Además, la autoridad militar marcó la necesidad de detectar a tiempo los problemas que podrían definir los próximos conflictos: “Creo que esta jornada es sumamente trascendente desde ese punto de vista, porque nos aproxima a los problemas del futuro”.
- Te puede interesar: Zonda 2026: Fuerza Aérea ensayó respuestas ante un impacto extraterrestre
Para el funcionario, pensar en el dominio espacial no puede quedar aislado de las demás capacidades militares. El desafío incluye articular el espacio con la ciberinteligencia, la ciberseguridad y la ciberdefensa, en una lógica que puede conectar “desde el espacio ultraterrestre hasta los niveles tácticos”. Por eso, insistió en que la planificación no puede mirar solamente el presente. Y esa apuesta, afirmó, debería proyectarse durante décadas.
La guerra que también se juega sobre nuestras cabezas
Sobre nosotros se mueve una amenaza que crece mientras la actividad espacial se multiplica: la basura orbital. Por eso, el comodoro Matías Orefice, una de las personas que más sabe en la Fuerza Aérea sobre materia espacial, advirtió que en cosmos hay miles de objetos que se mueven a gran velocidad. Por lo tanto, una colisión podría dejar fuera de servicio a un satélite y desencadenar un escenario todavía más complejo: el denominado síndrome de Kessler, una reacción en cadena de choques que incremente los residuos en órbita baja y prive de sus servicios a numerosos activos espaciales. Lo que sucedería, sería incontrolable.

Pero los peligros no terminan en los objetos que orbitan la Tierra. También está el propio comportamiento del Sol, cuya actividad puede tener consecuencias directas sobre las capacidades de las que depende la vida cotidiana y, por supuesto, la defensa: “Los efectos generan consecuencias, ya sea en comunicaciones, en la precisión de la navegación y en el funcionamiento de los activos en el espacio”, explicó. Además, a eso se suma un efecto menos visible: el calentamiento de las capas superiores de la atmósfera, evento que puede aumentar el rozamiento y reducir la vida útil de los satélites ubicados en órbita baja.
El otro punto de alerta es la dependencia cada vez mayor de lo que ocurre en el espacio. Para Orefice, la cuestión ya no puede pensarse como algo separado de las operaciones militares terrestres: “Nada de lo que pase en la tierra será posible si no se tiene control del espacio”. La vigilancia y el seguimiento de lo que ocurre sobre nuestras cabezas, la navegación, la precisión y el timing pasan así a formar parte de una misma ecuación. En ese escenario, saber qué está ocurriendo en órbita deja de ser una cuestión exclusivamente científica: se convierte en una capacidad necesaria para anticipar riesgos y sostener otras operaciones.



Por eso, la Fuerza Aérea plantea desarrollar capacidades para observar y caracterizar permanentemente el entorno espacial, prever el reingreso de residuos y analizar fenómenos vinculados con la actividad solar. Pero Orefice puso además el foco en un concepto que atraviesa todo el desafío: la soberanía.
“Tengo que proteger y sostener la capacidad de manejar los medios propios activos en el espacio y tener cierta soberanía para acceder a ubicar mis propios activos cuando yo lo decida y no cuando lo decida otro o tenga que pagarle a otro por hacerlo”, sostuvo. La advertencia es clara: en un entorno cada vez más poblado y estratégico, no saber qué ocurre también es una vulnerabilidad.
El espacio exterior: de santuario a lugar de competencia
Uno de los paneles subrayó un hecho: el espacio dejó de ser un territorio reservado casi exclusivamente a los Estados y se convirtió en un escenario de competencia creciente. Por eso, el brigadier (retirado) Alejandro Moresi advirtió que la irrupción del New Space -con la incorporación de actores comerciales- modificó sustancialmente ese escenario: “La defensa se ha metido en el diseño, en la competencia por la superioridad espacial y en lograr evitar que otros operen con tranquilidad”. La expansión de las capacidades privadas suma así una nueva dimensión a un dominio cada vez más estratégico.

La magnitud del fenómeno también empieza a plantear un desafío de control y vigilancia. Por eso Moresi señaló que para 2029 podría haber milles de elementos navegando por la órbita baja y advirtió que los países necesitan desarrollar capacidades para saber qué ocurre sobre sus territorios y en las órbitas que los atraviesan. En ese contexto, una colisión espacial puede tener consecuencias que excedan ampliamente el incidente inicial: “Un choque de dos satélites puede tener implicancias”. La proliferación de objetos en órbita vuelve así cada vez más urgente la necesidad de saber qué hay allí arriba y qué está pasando.
Cancillería y una mirada interagencial sobre espacio
Se podría decir que Jimena Schiaffino está a cargo de las áreas más sensibles (y estratégicas) de Argentina: en el año 2024 la diplomática de carrera fue nombrada como directora de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Es decir, su palabra en el encuentro fue clave.
- Te puede interesar: Entre radares y satélites: ¿puede INVAP convertirse en el proveedor más importante de la defensa nacional?
Para Schiaffino, el desafío pasa por fortalecer la coordinación entre los distintos organismos que tienen injerencia en la política espacial. Por eso, destacó que existe una relación histórica entre la Cancillería y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), que se remonta incluso a los orígenes del organismo, cuando dependía de la cartera diplomática.

En el plano internacional, agregó que Argentina participa en los principales foros sobre el uso pacífico del espacio y en discusiones vinculadas con la prevención de una carrera armamentista espacial. Pero también señaló que en los últimos años comenzó a cobrar mayor relevancia la intersección entre espacio y seguridad: “A lo largo de estos últimos años, ha sido una necesidad empezar a trabajar de manera articulada en distintos temas”.
Ese proceso derivó, según Schiaffino, en la creación dentro de Cancillería de un grupo de trabajo denominado “Seguridad y Espacio”, que reúne a organismos con competencias en la materia para identificar desafíos que requieren una respuesta coordinada. Entre ellos aparecen los sensores, los proyectos extranjeros en territorio argentino y el ingreso de desechos espaciales.
“Sentamos a todos estos organismos para identificar aquellas cuestiones vinculadas no solo pensando en proyectos a futuro, sino también desafíos que tenemos actualmente”, contó. En ese marco, señaló que es necesario avanzar con “el trabajo interagencial”, para generar una conversación técnica más fluida y construir una mirada compartida sobre las nuevas cuestiones estratégicas que plantea la actividad espacial.

Su primer día al frente de CONAE y un desafío urgente: empezar a saber qué pasa sobre la Argentina
El escenario no podía ser más significativo para su debut al frente de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). En su primer día como directora del organismo, Josefina Pérez expuso ante representantes de las Fuerzas Armadas, Cancillería y distintos actores del sector espacial sobre uno de los desafíos que considera más urgentes: la necesidad de que la Argentina desarrolle capacidades propias de conciencia situacional espacial (SSA).
“Hoy es un día muy especial para mí porque es mi primer día como directora de CONAE”, comenzó, antes de advertir que el contexto internacional obliga a acelerar los tiempos y avanzar en poder conocer qué ocurre sobre el territorio argentino, aunque eso requiere dejar de depender exclusivamente de información y servicios provistos desde el exterior.
La directora de CONAE planteó que el objetivo debe ser avanzar “paso a paso” hacia una mayor autonomía, aprovechando las capacidades que el país ya tiene y articulándolas entre sí. Para eso, propuso trabajar sobre cuatro grandes ejes: integración de datos, infraestructura terrestre, desarrollo de software y algoritmos propios y formación de equipos multidisciplinarios. El primer paso, explicó, es ordenar la enorme cantidad de información disponible y establecer cuáles son las fuentes confiables. La meta es construir un catálogo espacial nacional que permita saber no solo qué objetos orbitan sobre el territorio, sino también qué hacen y qué riesgos pueden representar.










Schiaffino había planteado la necesidad de una coordinación interagencial y la nueva directora de CONAE recogió ese guante: “Tenemos mucha capacidad, hoy un poco desperdigada”. La apuesta es integrar radares, antenas, telescopios y datos provenientes de socios internacionales en una red nacional que permita generar conocimiento propio sobre lo que ocurre en el espacio. El plan, anticipó, contempla los próximos dos años como una primera etapa para generar productos concretos y aprovechar al máximo las capacidades existentes, con la mirada puesta también en un futuro en el que la conciencia situacional espacial pueda convertirse en un servicio estratégico y, eventualmente, comercial.
Vigilancia, derecho y cooperación
La jornada continuó con la detallada mirada de militares, científicos, especialistas, académicos y representantes de empresas vinculadas al sector espacial analizaron los desafíos que plantea el creciente uso del espacio y la necesidad de contar con capacidades para conocer y monitorear lo que ocurre en órbita. La gran mayoría insistió en tomar conciencia de la Space Situational Awareness, a partir de la integración de información proveniente de radares, telescopios, satélites, catálogos y otras fuentes para lograr disponer de datos confiables y actualizados que permitan identificar objetos, anticipar movimientos y tomar decisiones frente a situaciones que puedan afectar los servicios espaciales.
Las exposiciones también abordaron los aspectos jurídicos, estratégicos y operacionales asociados a este nuevo escenario. Se destacó que la dependencia de los servicios satelitales atraviesa tanto a la defensa como a actividades civiles y productivas, y que amenazas como la basura espacial, las interferencias, los ciberataques, el spoofing o las aproximaciones no cooperativas entre satélites requieren respuestas coordinadas. En ese contexto, los participantes coincidieron en la importancia de avanzar en un marco regulatorio que acompañe el crecimiento de la actividad espacial argentina.
La jornada dejó como conclusión la necesidad de construir un ecosistema nacional de conocimiento de la situación espacial, capaz de integrar las capacidades existentes y generar información útil en tiempo y forma.

Mario Katzenell: “El dominio espacial ya no forma parte de la ciencia ficción”
En el cierre de la jornada, Mario Katzenell, secretario de Investigación, Política Industrial y Producción para la Defensa, puso en palabras el eje que atravesó las distintas exposiciones: el espacio dejó de ser un escenario reservado a la investigación científica para convertirse en un dominio estratégico.
“Hemos abordado una cuestión indispensable para el siglo XXI: al espacio exterior como un dominio real, concreto y operativo para la defensa nacional”, sostuvo. En ese sentido, destacó que durante el encuentro se trabajó sobre vigilancia espacial, residuos y reingresos atmosféricos, meteorología espacial y derecho espacial, con una premisa común: “Garantizar la soberanía sobre nuestros activos, monitorear la órbita y proteger nuestra infraestructura crítica”.

Para Katznell, esa soberanía no puede construirse desde un único organismo, sino a partir de la integración de las capacidades existentes. “Los grandes desafíos estratégicos de la Argentina no los resuelve un organismo aislado, sino de articulación virtuosa en el Estado, la universidad y la industria”, afirmó. En esa ecuación, explicó, el Estado debe impulsar la estrategia y priorizar las demandas soberanas; el sistema científico y universitario aportar investigación, conocimiento y formación; y la industria nacional transformar esas capacidades en “satélites, radares y soluciones concretas para nuestras Fuerzas Armadas”. La apuesta incluye además fortalecer a las empresas de base tecnológica: “Es muy importante empezar a impulsar startups, empresas de base tecnológica que apuesten desde la investigación y el conocimiento”, señaló.
El funcionario también buscó instalar una definición política sobre el lugar que la Argentina debe ocupar frente a la expansión de las actividades espaciales. “El dominio espacial ya no forma parte de la ciencia ficción. Es el presente geopolítico y tecnológico de la defensa nacional”, afirmó. Y completó: “La soberanía del siglo XXI se defiende en la tierra, en el mar, en el aire, en el ciberespacio y, de manera ineludible, en la órbita terrestre”.
Para Katznell, el desafío es convertir las capacidades científicas, tecnológicas e industriales existentes en una política sostenida que permita al país no solo proteger sus intereses estratégicos, sino también posicionarse como un actor relevante en la nueva economía espacial.




