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En el cierre del Congreso de Ciberdefensa, se apuntó al desafío de formar personas para una guerra que cambia con la tecnología

El cierre del primer Congreso de Ciberdefensa Argentina puso el foco en el factor humano y  la cooperación. Además, el excomandante de Ciberdefensa, general (R) Corvalán, repasó la creación del Comando y vinculó aquella experiencia con una certeza que atraviesa los nuevos escenarios: cambian las tecnologías, pero no el compromiso con la defensa y la soberanía. 

Tres jornadas después de su apertura, el primer Congreso de Ciberdefensa Argentina cerró con una conclusión que atravesó buena parte de las exposiciones: detrás de cada tecnología, cada sistema y cada capacidad, hay personas. Ellas no sólo son las responsables de capacitarse en pos de la seguridad de sus organizaciones, sino que, además, suelen ser también los eslabones más débiles frente a las amenazas. En ese escenario, la formación de recursos humanos, la articulación entre las Fuerzas Armadas y las universidades y la construcción de ámbitos capaces de retener y desarrollar especialistas aparecen así como piezas centrales para enfrentar un contexto en el que la tecnología avanza a una velocidad que desafía todos los sistemas,  incluso el educativo. 

Los ingenieros Andrés Burstyn y Pablo Romanos durante la última jornada del Cyber.AR (Foto: Fernando Calzada)

El último panel del Cyber.AR llevó esa discusión al terreno de las capacidades concretas. Bajo la moderación del ingeniero Andrés Burstyn de la Universidad Tecnológica Nacional, el coronel y Veterano de Malvinas Daniel Esteban, de la UNDEF; el general Aníbal Intini, organizador del Congreso; y el ingeniero Pablo Romanos, del Centro de Ciberseguridad (BA-CSIRT) debatieron sobre los desafíos más sensibles que el ciberespacio lleva a las instituciones académicas.

Además, el general y Veterano de Guerra Alberto Luciano Mario Corvalán, primer comandante del Comando Conjunto de Ciberdefensa, reconstruyó los primeros pasos de una estructura que comenzó a organizarse en 2014 y que, según recordó, partió prácticamente desde cero. El relato sirvió también para mostrar cómo la cooperación con universidades, especialistas civiles y otros países fue construyendo una capacidad que hoy tiene nuevas instituciones, carreras, diplomaturas, investigación y espacios de formación.

Durante el congreso, la universidad FASTA presentó las carreras vinculadas a ciberseguridad (Foto: Fernando Calzada)

El cierre dejó así una idea que conecta pasado y futuro. Corvalán recordó que cuando combatió en Malvinas, en 1982, la ciberdefensa ni siquiera formaba parte de los manuales militares y las órdenes de tiro podían transmitirse por un teléfono de campaña a manivela. La tecnología cambió radicalmente desde entonces. Para el excomandante, sin embargo, permanece aquello que sostiene cualquier capacidad de defensa: la formación, los valores y el compromiso de los argentinos con su soberanía.

Mientras la tecnología avanza, la información debe cerrar la brecha

Para el general Intini, la formación en ciberdefensa requiere una articulación cada vez más estrecha entre el sistema educativo de la Defensa y las universidades civiles. El objetivo, explicó, es aprovechar conocimientos y especialistas que muchas veces exceden las capacidades propias de las Fuerzas Armadas. En ese sentido, destacó la apertura de espacios de formación a estudiantes civiles, que comenzaron a compartir aulas con personal militar y ampliaron las posibilidades de intercambio académico y profesional.

El general Intini en el último panel del Cyber.AR (Foto: Fernando Calzada)

La cooperación, sostuvo, no debería limitarse a convenios formales, sino traducirse en un intercambio permanente de profesionales, docentes e ideas en todos los niveles. “Donde vemos una oportunidad de desarrollar un conocimiento necesario para la defensa, ahí debe estar la cooperación”, planteó. La lógica responde también a una necesidad concreta: formar especialistas lleva tiempo y, frente a la velocidad con la que aparecen nuevas amenazas y tecnologías, recurrir a profesionales civiles que ya cuentan con conocimientos específicos permite acortar esos plazos.

En esa misma línea, el ingeniero Pablo Romanos puso el foco en el papel de las diplomaturas, los programas de extensión y la formación práctica como complemento de las carreras universitarias tradicionales. 

“La universidad tiene que ser el puente para poder transmitir ese conocimiento”, señaló, aunque advirtió que los programas académicos suelen tener tiempos más extensos que los que impone la evolución tecnológica. Para Romanos, las diplomaturas y otras instancias de capacitación permiten actualizar rápidamente las capacidades de quienes trabajan en un campo en permanente transformación.

El desafío, insistió, es todavía mayor en ciberseguridad porque la tecnología puede cambiar de un día para otro, especialmente con la incorporación de herramientas de inteligencia artificial. Romanos puso como ejemplo un proyecto de investigación que permitió automatizar el uso de un dron para atacar una red Wi-Fi y que, tras ser presentado en ámbitos internacionales, terminó convertido en una herramienta utilizada por fuerzas de seguridad. “La tecnología avanza rápidamente y la educación no la alcanza”, resumió. Para el especialista, esa carrera despareja obliga a combinar la formación universitaria de largo plazo con programas ágiles y prácticos capaces de responder a las necesidades que surgen en tiempo real.

Daniel Esteban, de la UNDEF, y Aníbal Intini, de la Facultad de Ingeniería del Ejército (Foto: Fernando Calzada)

Por su parte, el coronel Daniel Esteban, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNDEF,  planteó uno de los desafíos más sensibles para las instituciones académicas: proteger la información sin convertir la seguridad en una barrera contra la investigación, la enseñanza y la apertura universitaria. 

“No puede consistir en bloquear todo”, advirtió, al presentar un modelo integral basado en prevención, resiliencia, formación, investigación y cooperación.

De siete personas a una capacidad para las Fuerzas Armadas: la historia detrás de la creación del Comando de Ciberdefensa

Cuando el general (R) Corvalán recordó la creación del Comando Conjunto de Ciberdefensa de las Fuerzas Armadas, en el año 2014, eligió contarla desde el punto de partida: un organismo que prácticamente no existía y que tuvo que comenzar a construirse desde cero. El primer equipo -contó- estuvo integrado por apenas siete personas, con perfiles provenientes de distintas áreas de las Fuerzas Armadas. “No éramos siete trabajando, sino que éramos un montón trabajando”, explicó para describir una lógica basada en nodos, contactos y equipos que permitieron ampliar rápidamente las capacidades disponibles. La premisa, según relató, fue combinar libertad de acción con coordinación y responsabilidad para alcanzar un objetivo común.

El general Corvalán, primer comandante Conjunto de Ciberdefensa que tuvo el país (Foto: DEF)

El excomandante también repasó el trabajo realizado durante los primeros meses para darle una estructura sólida a la nueva capacidad: la elaboración de planes de desarrollo, doctrina de corto, mediano y largo plazo, proyectos de inversión, definición de perfiles profesionales y estándares tecnológicos. 

En ese camino, la vinculación con el ámbito académico ocupó un lugar central. Recordó especialmente el vínculo que se generó con la Universidad FASTA y otras instituciones, a partir de la búsqueda de apoyo universitario para una capacidad que recién comenzaba a consolidarse. Para Corvalán, aquella experiencia confirmó una idea que atravesó el Congreso: “La defensa es un problema de todos los argentinos, no solamente de los que vestimos uniforme”.

La historia de Marisa: “Hoy tengo la posibilidad de servir a mi país”

En ese proceso, Corvalán destacó una experiencia que, según contó, terminó convirtiéndose en una enseñanza sobre la importancia del factor humano. Se trató de Marisa, una ingeniera que se incorporó al equipo sin formar parte formalmente del Comando y que trabajaba por objetivos. Cuando el entonces comandante le preguntó por qué estaba involucrada, ella respondió: “La vida me ha dado la posibilidad de ser ingeniera, de hacer cursos de posgrado, de tener mi empresa y hoy tengo la posibilidad de servir a la defensa de mi país”

Para Corvalán, aquella historia mostró que existe talento civil dispuesto a aportar a la defensa y que la retención de especialistas no depende únicamente de la remuneración: también requiere generar espacios donde las personas sean escuchadas, respetadas y puedan sentirse parte de un equipo.

Doce años después de aquella creación, Corvalán trazó un puente entre los primeros pasos de la ciberdefensa y su propia experiencia como veterano de Malvinas. Recordó que en 1982 esta dimensión no existía ni en los manuales ni en la imaginación militar y evocó los teléfonos de campaña a manivela que utilizaba como artillero para recibir las voces de mando durante el combate. La tecnología cambió, señaló, pero hay elementos que permanecen: “El compromiso por defender nuestra patria es el mismo”. En el cierre, vinculó esa continuidad con la necesidad de formar hombres y mujeres en valores y con el deber de honrar a los muertos en combate construyendo un país “protegido, soberano y fuerte”.

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