En la inmensidad de la Patagonia, el ejercicio Kekén cerró una jornada clave con una imagen que habló por sí sola: el tanque TAM 2C-A2 irrumpió desde las milenarias mesetas para sellar la maniobra final.
No fue un movimiento aislado, sino la síntesis de una compleja operación multidominio (planificada desde el año pasado) en la que paracaidistas militares se lanzaron desde el aire, los comandos y los cazadores patagónicos se infiltraron en terreno enemigo, y la Infantería desembarcó desde los nuevos Stryker para atacar el objetivo que, en el escenario hipotético planteado en el Kekén, se trató de un adversario que quiso apoderarse de los recursos estratégicos del Sur argentino: el petróleo y el gas.
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En ese entramado, el TAM 2C-A2 no solo aportó potencia de fuego, sino también el peso simbólico de la maniobra decisiva. Su aparición en el momento final no fue casual: representó la culminación de una operación atravesada por la tecnología puesta a disposición de la defensa de la soberanía como sólo el Ejército sabe hacerlo.

Kekén: ¿qué aportó el TAM 2C-A2?
Para entender el motivo detrás de la aparición del TAM 2C-A2 en el momento final del combate hay que saber que, primero, se realizaron ataques aéreos e hicieron su entrada los paracaidistas (que aseguraron el territorio), comandos y tropas especiales del Ejército. Luego, la llegada de la Infantería a bordo de los Stryker y los M113. ¿La razón? Debilitar al supuesto enemigo en el terreno.
“Con los tanques llega el poder de fuego”, dicen desde el cerro Bagual, en la localidad chubutense de Sarmiento, sobre la capacidad de destrucción que tiene este tipo de blindados en un escenario de guerra.
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“El TAM 2C-A2 tiene movilidad, potencia de fuego y protección por su blindaje. Su arma principal es el cañón de 105 mm. Los tripulantes, a diferencia del Stryker, no descienden del tanque”, explica uno de los integrantes del Arma de Caballería que participa del ejercicio Kekén, además comparte un detalle sobre el tanque de la Fuerza: “Si bien el blindado posee ametralladora, en la guerra moderna los tripulantes no asoman desde el interior del tanque.Se opera en condiciones reales y en orden de combate, lo cual es mucho más difícil”.
Detrás de ese comentario, un hecho: el avance del tanque prácticamente sellado se debe a la posible presencia de drones enemigos, una amenaza real en los conflictos actuales modernos.

La modernización del TAM 2C-A2
Cabe destacar que el tanque que hizo su aparición en el Kekén es el resultado de un proceso de modernización que el Ejército Argentino inició tiempo atrás.
¿El objetivo? Actualizar el blindado para operar en escenarios contemporáneos, donde la precisión, la conciencia situacional y la capacidad de combate nocturno son determinantes. Para encarar ese proceso orientado a una transformación integral del sistema, se avanzó con la participación de la firma Elbit.
Dentro de los trabajos, se reemplazó el sistema de control de tiro por uno digital, se incorporaron capacidades diurnas y nocturnas (con cámaras termográficas) y la torre cambió su sistema a uno eléctrico (que mejora la velocidad, la precisión y la estabilización). Asimismo, la modernización también incluyó una serie de mejoras complementarias, como la incorporación de una unidad de potencia auxiliar y nuevas capacidades de observación tanto para el jefe de tanque como para el conductor.

Un dato: el proceso de modernización se estructuró en dos etapas. Por un lado, la intervención sobre las torres (con los nuevos sistemas electrónicos y ópticos). Y, por otro, la recuperación de las bateas.
El resultado es un salto cualitativo en las capacidades del TAM que se tradujeron en mayor precisión, incremento del alcance efectivo, menor dispersión en el tiro y la posibilidad de detectar, seguir y atacar blancos de manera automática. En un campo de batalla atravesado por humo, niebla o condiciones de baja visibilidad, estas mejoras no son accesorias: son la clave para asegurar la victoria.




