El capitán Alberto Fabián Lara se conecta desde Bariloche, en una breve pausa de estudio en el Instituto Balseiro. Su paso por este lugar no es un dato menor: el oficial del Ejército Argentino está haciendo un doctorado en una de las instituciones públicas más exigentes y prestigiosas de la Argentina, considerada “exclusiva” por su altísimo nivel académico.
Para estar ahí, Lara tuvo que atravesar varios obstáculos. Por eso, en este momento está dedicado exclusivamente al estudio: no puede fallar en el riguroso proceso exigido en ese nivel de formación científica.
- Te puede interesar: El Ejército lanzó el ejercicio Kekén en la Patagonia: monumental despliegue en trenes, camiones y aviones
La historia de este militar combina disciplina y perfeccionamiento. Ingresó al Ejército como suboficial y, convencido de sus capacidades, dio el salto al Colegio Militar de la Nación para convertirse en oficial. Allí eligió a la Infantería, el arma que combate en la primera línea, la que avanza a pie para conquistar objetivos.
Hoy, lejos del campo de maniobras, enfrenta otros desafíos. En el Balseiro, la lógica no es tan distinta: también se trata de avanzar, sostener el esfuerzo y abrirse paso -esta vez- en el terreno del conocimiento. Lara sabe que la batalla no es fácil, por el contrario. Pero no está solo, tiene el apoyo de la Fuerza, de sus camaradas, compañeros de estudio y, fundamentalmente, de su familia que, pronto, se agrandará.

De un laboratorio de explosivos en la Facultad del Ejército al Balseiro
“Inicialmente arranqué una maestría en Ingeniería, pero me ofrecieron un plan de programa para cursar un doctorado en Ciencias de la Ingeniería. Estoy en Bariloche desde julio del año pasado y, en este momento, ya estoy trabajando con mi director de tesis”, cuenta el capitán Lara a DEF, al tiempo que aclara que, antes de ser seleccionado, estaba destinado en la Facultad de Ingeniería del Ejército (FIE): “Había egresado como ingeniero y estaba trabajando en el laboratorio de explosivos. Era jefe del lugar y, además, participaba de un grupo de trabajo con otros expertos del Ministerio de Defensa”.
Un dato que aporta Lara: el Ejército Argentino cuenta con un laboratorio que registra y habilita el comercio de todos los explosivos que ingresan al país.
La opción de ir al Balseiro surgió en una de las tantas reuniones de trabajo en el marco de la Fuerza y del Ministerio. Necesitaban el asesoramiento de un experto. Y, si bien en ese momento se recurrió a un oficial retirado del Ejército, surgió la posibilidad de capacitar al personal para poder tener un conocimiento clave que sólo se podía adquirir en el instituto que tiene la Comisión Nacional de Energía Atómica en Bariloche. El trámite fue inmediato: la Dirección General de Investigación de la Fuerza gestionó la posibilidad de una beca. Detrás de esta oportunidad estuvo el Ministerio castrense -la Secretaría de Investigación, Política Industrial y Producción para la Defensa, a cargo de Mario Katzenell- pues el vínculo con el organismo científico y académico podía ser fundamental para enriquecer las capacidades más importantes de los recursos humanos de la cartera. A Lara se le abría una ventana para continuar sumando conocimiento estratégico.
“Empecé a estudiar y enfrenté las etapas del Instituto. Es importante porque, cada seis meses, se eleva un documento con el avance de cada estudiante. En un primer informe, me evaluaron y, entonces, me ofrecieron continuar con el doctorado”, cuenta.
¿Mérito exclusivo suyo? “Dedicación. Vine a eso, a estudiar”, confiesa el militar.
Facultad de Ingeniería del Ejército: “La preparación que recibimos es realmente muy buena”
¿Sentís que la Fuerza te preparó para poder encarar esta etapa en el Balseiro? “Una de las cuestiones que más miedo me daba era saber si realmente estaba capacitado. Pero, cuando llegué, por supuesto que me faltaban algunos conocimientos, pero me sentí realmente muy cómodo con lo que sabía. Entendí que la preparación que recibimos en la Facultad de Ingeniería del Ejército es realmente muy buena e, incluso, es similar. En el Balserio todos son becados en forma completa, porque la idea es la dedicación absoluta. Por eso se les exige terminar en tiempo y en forma. Es una forma de estudio muy parecida a la de la FIE”, responde el capitán, oriundo de Paso del Rey, provincia de Buenos Aires.
- Te puede interesar: Guerra de Malvinas: el plan secreto del 2 de abril para recuperar las Islas
Esa capacidad de adaptación de Lara, no es casual. Tiene raíces en su propia formación en la Fuerza, un vínculo que había comenzado años atrás. “Tenía un tío viviendo en San Miguel”, recuerda. Ese familiar lo invitó, cuando él tenía apenas 14 años, a una jornada de puertas abiertas en la Escuela de Suboficiales. Ese fue su primer contacto con la vida militar. “Fue lo que encendió la llama”, resume.
Cuenta el capitán que, en aquel momento, lo atrajo la idea de poder sumarse a una institución “más grande”. Luego, una vez adentro, confirmó que lo que había elegido era, en realidad, un estilo de vida. “No fue un camino simple, hubo momentos de dificultad, pero me motivaba que, en realidad, estaba donde realmente quería estar”, dice.
“Mi mamá me vio tan decidido que no creo que hubiera podido frenarme”
Una vez que Lara finalizó la Escuela de Suboficiales “Sargento Cabral”, como suboficial, fue destinado a Sarmiento, en la provincia de Chubut. “Es uno de los regimientos más emblemáticos. A mí me encantó y confieso que me dio sentido de pertenencia. Con la orientación de mis superiores y del personal (con mayor experiencia), tomé la decisión de ir al Colegio Militar de la Nación. Ellos me motivaron a seguir avanzando y, además, la edad todavía me acompañaba. Gracias a Dios tuve el apoyo de todos. Elegí el camino largo: rendí el ingreso, cursé los cuatro años y volví a elegir a la Infantería porque ya tenía el espíritu del Arma”, relata.

Por entonces, desde la adolescencia, uno de los pocos pilares de Lara eran su mamá y sus dos hermanas. En esa etapa de su vida, su papá se había ido. “Ella siempre me transmite alegría. Aunque la distancia le pesó”, cuenta, al tiempo que agrega que es el único hijo varón y que fue difícil dejar a su familia para sumarse al Ejército: “Mi mamá me vio tan decidido que no creo que hubiera podido frenarme”.
Ya egresado como oficial del Ejército, la Patagonia volvió a insistir en la vida de Lara: lo destinaron al Regimiento de Infantería Mecanizado 8, en Comodoro Rivadavia, Chubut. Y, como para coronar el vínculo -que todavía continúa- con ese territorio argentino, allí también nació su primer hijo.
De Paso del Rey, Buenos Aires, a la Patagonia
Por supuesto, más tarde llegaron otros destinos. Fue cuando le tocó ser instructor en la Escuela de Suboficiales que conoció la propuesta de la Facultad de Ingeniería del Ejército: “Un superior mío se estaba preparando para entrar a estudiar ingeniería. Se me abrió una opción que me gustaba. Así que me preparé para rendir y cursar los cinco años de la carrera”.
Y, como la Patagonia seguía obstinada con él, a sus 38 años llegó el turno del Balseiro, en Bariloche: “Tengo a mi esposa y a mi hijo. Así que cuando me ofrecieron esa posibilidad, antes de aceptar, nos sentamos en familia y lo pensamos. Mi esposa es docente y la habían titularizado, así que no podía tomar esa decisión solo, pues implicaba que ella deje su trabajo y mi hijo a sus amigos”.

¿El detalle? Lara espera otro hijo que, seguramente, nacerá en la Patagonia. Pues su esposa está embarazada de cinco meses. “Nos lo debíamos. Mi hijo mayor ya tiene 11 años y, luego de su nacimiento, nos dedicamos al trabajo y al estudio. Nunca encontrábamos el momento para hacerlo. Nos pusimos a pensar y, en realidad, esta etapa nunca iba a llegar. Así que nos decidimos y estamos esperando otro varón”, cuenta, no sin antes aclarar que este momento lo agarra sumamente dedicado al doctorado: “Mi casa, en el barrio militar del Ejército, está junto al Balseiro. Así que voy caminando a cursar. Además preparé una habitación y, cuando llego, me encierro a estudiar. Aunque quizá este lugar me dure poco, porque va a ser el cuarto del bebé”.
Durante el encuentro con DEF, el militar confiesa cuál es la principal motivación que encuentra para continuar en el arduo camino que inició en el Balseiro: “Mi familia, mi motor. Ellos son el motivo para seguir y no fallar, porque también es una carga para mí: resignaron cosas para que yo pueda continuar en algo que me gusta”.
Cavitación láser y acústica, la investigación del capitán Lara
Al llegar al Balseiro Lara tuvo que elegir un tema de tesis y, desde entonces, se dedicó a la investigación: “Trabajo en un laboratorio de Cavitación y Biotecnología, que cuenta con material e instrumentos a disposición para desarrollar mi tema”.
- Te puede interesar: Entre radares y satélites: ¿puede INVAP convertirse en el proveedor más importante de la defensa nacional?
¿Qué es la cavitación? Palabras más, palabras menos, el ingeniero militar lo describe como un fenómeno físico de formación de burbujas dentro de un líquido. “Éstas pueden alcanzar altas temperaturas, del orden de la superficie del sol. Mi tesis tiene que ver con la cavitación láser y acústica. Es decir, creo esas burbujas con un láser o un sonido tratando de buscar las temperaturas más altas posibles. Es un fenómeno con varias aplicaciones. Un sueño es la fusión nuclear”, explica el militar, al tiempo que detalla que, llegar a ese punto, supone profundizar varios parámetros: “Es difícil hacerlo en forma sistemática. Entonces, empleamos inteligencia artificial y entrenamos algoritmos para que eso nos ayude a alcanzarlo”.
Por su puesto, hay un gran equipo de trabajo enfocado en este tipo de investigación. En palabras de Lara, el desarrollo resulta clave a la hora de pensar en la autonomía del país. En ese sentido, aclara que, una vez que termine, el objetivo es derramar ese conocimiento -quizá, incluso, desde la docencia- en la Fuerza. “Espero poder consolidar un perfil que combine la investigación con la conducción de algún proyecto”, comenta.
El capitán Lara insiste en reconocer el apoyo que le brindan desde el Ejército y otras instituciones, como Sociedad Militar Seguro de Vida (SMSV), organismo que colabora con una beca. También, destaca el valor de sus compañeros -civiles- y profesores en este momento de su vida. Sabe que no llegó solo hasta acá y que todo ese esfuerzo compartido es, también, el que lo empuja a no fallar.




