Este domingo, Lionel Messi, con la Selección de Scaloni, irá por la cuarta estrella para la Argentina frente a España en la final del Mundial 2026. Para muchos argentinos, el partido tiene un inevitable eco histórico: enfrentar al país que durante siglos ejerció el dominio colonial sobre estas tierras. Pero, ¿cómo concebían nuestros próceres, los generales José de San Martín y Manuel Belgrano, esa lucha? ¿Qué significaba, para los hombres que condujeron la Independencia, derrotar al Imperio español?
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Lejos de los lugares comunes, sus escritos y proclamas muestran que el objetivo no era vencer a un pueblo, sino quebrar un sistema de dominación política, económica y militar que impedía el nacimiento de una nación soberana.

Belgrano: “Mi objeto era desobedecer al ilegítimo gobierno de España”
“Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, propiedad y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”, escribió Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano en su autobiografía al recordar sus días en España, mientras estudiaba Leyes.
Por eso, tras haber integrado el Regimiento de Infantería 1 “Patricios” durante la defensa de Buenos Aires que exigieron las Invasiones Inglesas, Belgrano encabezó a un grupo de porteños dispuestos a establecer un gobierno nacional. A él se sumaron Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Luis Berutti, entre otros.

El contexto: el prócer tenía influencia en las milicias. “Los ánimos de los militares estaban adheridos a esta opinión; mi objeto era que se diese un paso de inobediencia al ilegítimo gobierno de España que, en medio de su decadencia, quería dominarnos”, pensaba. Esas ideas comenzaron a dar frutos hacia mayo de 1810.
Con las armas, una bandera y convicción de sobra: así derrotó Belgrano a la corona española
Fue el mismísimo Belgrano, junto a Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, quien tramitó la realización del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Estaban decididos: el Virrey Cisneros debía cesar en el mando. Por eso, dos días después de aquella jornada, y en un acto patriótico histórico, el creador de la Bandera tomó la palabra en la casa de Rodríguez Peña: “¡Juro a la patria y a mis compañeros que sí a las tres de la tarde del día inmediato el virrey no hubiese sido derrocado; a fe de caballero, yo lo derribaré con mis armas!”.

Dos años después, y tras la creación del Primer Gobierno Patrio, Belgrano se dirigió al Norte con dos objetivos: juntar adeptos a la causa revolucionaria y, así, definir los límites de esa patria que se estaba gestando, y enfrentar a los realistas.
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En Rosario, en las costas del río Paraná creó nuestra Bandera, símbolo que nos identificaría en la guerra por la Independencia. A propósito de los desafíos que representaba la lucha contra el ejército realista, el 27 de febrero de 1817 se dirigió a los efectivos que lo acompañaban: “Soldados de la patria: en este punto hemos tenido la gloria de vestir la escarapela nacional que nos designó nuestro gobierno; en aquel, la Batería de la Independencia, nuestras armas aumentarán las suyas. Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la independencia y la libertad. En fe de que así lo juráis, decid conmigo: ‘¡Viva la patria!’”.
San Martín: “La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos”
Si hubo un prócer que entendió la lucha por la Independencia como una batalla sin retorno contra el dominio del Imperio español, ese fue el general José de San Martín. Su pensamiento quedó reflejado no solo en sus campañas militares, sino también en proclamas y cartas donde apelaba al sacrificio y a la voluntad de alcanzar la libertad a cualquier costo.
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Esa convicción quedó plasmada el 27 de julio de 1819, cuando, desde Mendoza y ante la inminente ofensiva realista, dirigió una orden a los soldados del Ejército de los Andes que sintetiza su ideario: “Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje”.

De hecho, antes del Cruce de los Andes, y desde el campamento de El Plumerillo, San Martín dejó otra frase que revela la dimensión del desafío que tenía por delante: “Lo que no me deja dormir no es la oposición que puedan oponer los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes”. Para el Libertador, el mayor obstáculo no era el ejército realista, sino la hazaña logística que implicaba cruzar la cordillera para sorprender a las fuerzas españolas en Chile y continuar luego hacia Perú.
Su confianza en el éxito de la empresa también quedó reflejada en un artículo publicado el 9 de noviembre de 1816 en la Gaceta de Buenos Aires. “La América es libre, y sus feroces rivales temblarán deslumbrados al destello de virtudes tan sólidas”, una expresión que sintetiza el optimismo con el que concebía la causa emancipadora a pocos meses de la Declaración de la Independencia.
A lo largo de su vida, San Martín sostuvo que la libertad exigía valentía y decisión. No por casualidad otra de sus máximas más recordadas fue: “Para los hombres de coraje se han hecho las empresas”.
Más de dos siglos después, la empresa que buscará la Selección argentina será muy diferente: conquistar una nueva estrella frente a España. Pero el simbolismo del duelo invita a volver sobre las palabras del Libertador y recordar que la mayor victoria para su generación fue poner fin al dominio colonial español en América.




