Daniel Esteban es el militar elegido por el presidente Javier Milei para dirigir la Escuela Nacional de Inteligencia, en reemplazo de Juan Bautista “Tata” Yofre. Su recorrido combina experiencia militar, formación académica y una mirada sobre los desafíos que la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías plantean para la Defensa.
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¿De dónde viene? Esteban llegó al grado de coronel en el Ejército Argentino y, hasta antes de ser el elegido de Milei, se desempeñó como secretario de Ciencia y Tecnología de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF).

Pero hay un episodio de su pasado que explica buena parte del peso de su figura: en 1982, estuvo al frente de los hombres del Regimiento de Infantería Mecanizado 25 que detectaron el desembarco británico en San Carlos. En clara inferioridad de medios y efectivos, decidieron quedarse y resistir para ganar tiempo y demorar el avance enemigo. Aquella decisión derivó en uno de los combates más recordados de la Guerra de Malvinas, una resistencia que, por su dimensión y significado, quedó instalada en el imaginario argentino como el “San Lorenzo” del siglo XX.
El perfil académico del militar que se midió en combate con los ingleses
Daniel Esteban se formó como oficial del Ejército Argentino en el Colegio Militar de la Nación, pero su recorrido académico no se limitó al ámbito castrense. Paralelamente, estudió Ciencias Políticas en la Universidad Católica de Córdoba y luego realizó una maestría en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica Argentina.
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Su formación continuó con un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad del Salvador, consolidando un perfil que combina la experiencia militar con una sólida preparación académica en el campo de las relaciones internacionales y la Defensa.
Ese recorrido fue también parte de los antecedentes que, en 2024, lo llevaron a ser seleccionado para desempeñarse como secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF).
Un primer secreto: así vivió Esteban la planificación de la Operación “Rosario”
La noche previa a partir hacia la guerra, el teniente primero Daniel Esteban volvió a su casa en el barrio militar de la localidad de Sarmiento, provincia de Chubut.
Tenía 28 años, una misión secreta sobre sus espaldas y la certeza de que, si Gran Bretaña respondía militarmente, el escenario podía ser muy distinto al que les habían planteado. Cenó con su esposa y su hijo Santiago, que tenía apenas unos meses. Comieron milanesas con papas fritas, su plato favorito. Era una escena doméstica y sencilla, pero detrás de ella había una realidad que Esteban no podía compartir con su familia: en pocas horas partiría hacia Malvinas.
¿Por qué era secreto? Así había sido pensada la misión. El Ejército Argentino lo había destinado en el Regimiento de Infantería Mecanizado 25, una de las unidades más prestigiosas de la Fuerza. El otoño estaba dando sus primeros pasos en el valle chubutense. Todo sucedía con absoluta normalidad. Finalmente, el jefe del Regimiento, teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, reunió a sus hombres: “Cuando impartió esa orden preparatoria, nos pidió estricto secreto; incluso con nuestras familias. Y, por supuesto, hacia debajo de la cadena de comando, nada. Nuestros suboficiales y oficiales se enteraron de la operación cuando estábamos embarcados”. El enemigo no podía ni siquiera sospechar de los planes de argentino, caso contrario, reforzarían las Islas.

La unidad preparó entonces a la Compañía C, seleccionada para representar al Regimiento en el desembarco. La formación estaba integrada por tres secciones escogidas entre las distintas compañías, de acuerdo con los resultados obtenidos durante las evaluaciones de instrucción. Entre los oficiales estaban Roberto Oscar Reyes, Juan José Gómez Centurión y Roberto Estévez, quien moriría durante el conflicto. La misión inicial consistía en desalojar a los Royal Marines y esperar posteriormente el arribo de una fuerza de seguridad, para luego regresar al continente. Pero Esteban ya sospechaba otro escenario.
La operación, inicialmente bautizada “Azul”, pasó a llamarse “Rosario” por pedido de Seineldín, en referencia a la Virgen del Rosario. Los efectivos del Regimiento 25 partieron hacia Puerto Belgrano y, el 29 de marzo, iniciaron la navegación. El desembarco, previsto para el 1° de abril, debió postergarse un día por el mal tiempo. Finalmente, el 2 de abril de 1982, las tropas desembarcaron en Malvinas en una operación que, como recuerda Esteban, había sido concebida inicialmente como una acción “incruenta”.
La bandera argentina otra vez en Malvinas
El 2 de abril de 1982, después de casi 150 años, las fuerzas argentinas desembarcaron en las Islas Malvinas. Daniel Esteban recuerda aquellas horas previas con una mezcla de emoción y responsabilidad: “Era todo alegría y uno sentía el peso de la importancia de lo que íbamos a hacer. Pero los más experimentados teníamos la responsabilidad de pensar otras cosas y, a su vez, cuidar el bienestar de los subalternos”. Finalmente, a las 6 de la mañana, los comandos anfibios comenzaron a llegar a la costa y los hombres del Regimiento 25 se movilizaron hacia la zona del aeropuerto. “Salimos con lanchones para llegar”, recuerda Esteban.
La operación se concretó y la bandera argentina volvió a flamear en las islas, mientras en el continente la noticia despertaba un enorme fervor patriótico. Sin embargo, la reacción británica no tardaría en llegar y la guerra comenzaría poco después.

Para Esteban, la denominada Operación Rosario fue ejecutada con precisión y coordinación entre las distintas fuerzas. “Estuvo bien concebida. Fue conjunta, con movimientos navales, aéreos y terrestres. La planificación sucedió como se la había pensado. Ejemplar”, sostiene. El éxito de aquella primera acción, sin embargo, sería apenas el comienzo para los hombres del Regimiento 25. En los días posteriores, la unidad asumiría nuevas responsabilidades y sus integrantes serían protagonistas de los combates que siguieron, entre ellos la acción destinada a demorar el desembarco británico del 21 de mayo. La incertidumbre era constante, pero también la determinación de quienes habían llegado a las islas para cumplir con la misión encomendada.
Valor en combate
La experiencia de combate de Esteban tuvo uno de sus episodios centrales en San Carlos, donde, al frente de una fracción de su compañía, debió enfrentar a fuerzas británicas que contaban con una marcada superioridad material. Organizó a sus hombres, impartió las órdenes y condujo la acción en primera línea. El resultado: mientras Argentina ganó tiempo, los ingleses sufrieron una demora y un impacto moral fundamental en un escenario de conflicto.
El combate terminó provocando bajas entre las fuerzas británicas y le valió el reconocimiento militar por su actuación.
Aquella experiencia quedó también registrada por el comandante británico Julian Thompson en su libro No Picnic, donde relata distintos episodios de la campaña. Para los integrantes del Regimiento 25, San Carlos representó uno de los momentos más exigentes de una guerra marcada por la incertidumbre, el desgaste y la necesidad de tomar decisiones bajo presión.
Aquella acción no terminó con el combate. Después de aquel enfrentamiento comenzó para Esteban y sus hombres un repliegue de más de 72 horas hacia Puerto Argentino, atravesando las duras condiciones climáticas de las islas y bajo el constante hostigamiento británico.
El accionar de Esteban le valió una condecoración: la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate”. Cuatro décadas después, aquella experiencia de liderazgo en combate forma parte de la trayectoria con la que Esteban llega para desempeñarse en la ENI.
En ese sentido, el combate de San Carlos constituye uno de los episodios que mejor sintetizan una parte de su experiencia militar: la conducción de hombres en condiciones adversas y la toma de decisiones en un escenario donde la incertidumbre y la presión eran permanentes.
El currículum de Daniel Esteban bajo la lupa: militar, académico y estratega
Daniel Esteban llegó al grado de coronel en el Ejército Argentino. Además de ser Veterano de Malvinas, es también doctor en Ciencia Política.
A lo largo de su trayectoria, el héroe de Malvinas combinó más de cuatro décadas entre las armas, la docencia universitaria y el análisis estratégico. Antes de ser designado para dirigir la ENI, se desempeñó como secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF), cargo que ocupa desde febrero de 2024, y como asesor del Ministerio de Defensa.
¿Cómo comenzó su carrera militar? Fue en el Colegio Militar de la Nación, hizo la carrera de oficial del Ejército Argentino. Luego, fue jefe de compañía de este instituto, segundo jefe del Regimiento de Infantería 1 “Patricios”, titular del Regimiento de Infantería Mecanizado 25, secretario general del Estado Mayor Conjunto, segundo comandante de la Brigada XI y, entre 2003 y 2006, coordinador del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército. También integró misiones de paz de las Naciones Unidas durante el conflicto en Irak, en 1990.
Su formación es extensa. Es oficial de Estado Mayor del Ejército Argentino y del Estado Mayor Conjunto, y completó el máster en Conducción y Estrategia como oficial de Estado Mayor en las Fuerzas Armadas Alemanas, en la Escuela de Guerra de Hamburgo, entre 1990 y 1993. A ello sumó una maestría en Derecho Internacional Humanitario en la Universidad Católica Argentina y un posgrado en negocios en la UADE. Es licenciado en Ciencia Política (Universidad Católica de Córdoba) y en Estrategia y Organización, y en 2016 obtuvo su doctorado en Ciencia Política en la Universidad del Salvador, con una tesis sobre las políticas de Estado para el desarrollo y el planeamiento de escenarios estratégicos.
En el ámbito académico, su vínculo más prolongado es con la Universidad Argentina de la Emepresa. Allí dictó materias como Planeamiento de Escenarios, Estrategia y Negociación, Derecho Diplomático y Consular y Ciencia Política, y desempeñó múltiples funciones de gestión. Dirigió 86 trabajos finales de maestría y dos tesis doctorales, y fue docente del Comité Internacional de la Cruz Roja en Derecho Internacional de los Conflictos Armados.
Como investigador, lideró proyectos sobre el envejecimiento de la población, las carreras del futuro y la influencia de los estilos de liderazgo en la rentabilidad de los medios de comunicación. Antes, desde 2010 y hasta 2016, investigó en la USAL sobre pensamiento estratégico, planeamiento de escenarios y políticas de Estado, línea que desembocó en su libro Planeamiento de escenarios para la elaboración de políticas de Estado.
En el plano internacional, representó al Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (CARI) y a las ONG argentinas ante la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) en La Haya, en las conferencias de Estados Parte de la Convención sobre Armas Químicas, de manera sostenida desde 2013. Fue además panelista y expositor en congresos y simposios sobre Malvinas, el Atlántico Sur, liderazgo y estrategia.




