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Al borde del abismo: la dura advertencia del coronel Omar Locatelli sobre Medio Oriente

El estancamiento de las negociaciones entre EE.UU., Irán e Israel, ¿marca un punto de inflexión en el conflicto? Mientras crece el riesgo de una guerra prolongada, la posibilidad de la destrucción local toca la puerta. Una entrevista al coronel Omar Locatelli, experto en Medio Oriente, para aclarar el panorama. 

Tras el fracaso de las negociaciones en Islamabad, el conflicto con Irán entró en un punto de estancamiento crítico que expone un abismo difícil de saldar. Mientras Washington insiste en el desmantelamiento total del programa nuclear iraní, Teherán responde con demandas. No sólo eso: suma presión a través de sus aliados regionales.

En este escenario, los frentes se relacionan: la tensión entre Israel y Hezbollah en el Líbano se vuelve una extensión directa del pulso con Irán; mientras, el Estrecho de Ormuz consolida su rol como eje estratégico global en disputa. Con nuevos mediadores como China y Pakistán, pero sin un respaldo claro de la OTAN, el conflicto parece adquirir un perfil de guerra de desgaste. Al menos así lo ve, en un mano a mano con DEF, el coronel (retirado) Omar Locatelli, experto en Medio Oriente, docente de la Escuela de Guerra Conjunta de las Fuerzas Armadas y director del Observatorio de los Conflictos Armados de la Escuela de Guerra del Ejército Argentino. ¿Cuál es el panorama para el analista?

“El escenario muestra un estancamiento diplomático crítico“, advierte el coronel (retirado) Omar Locatelli (Foto: Fernando Calzada)

Irán, Israel y Estados Unidos: ¿guerra prolongada en Medio Oriente?

-¿Qué radiografía se puede obtener de la situación actual?

-El escenario muestra un estancamiento diplomático crítico tras el cierre de las negociaciones que se pueden detallar en diversas perspectivas para la región. En cuanto a la evolución geopolítica, Estados Unidos pretende el desmantelamiento total del potencial nuclear iraní, la destrucción de instalaciones clave como Natanz y Fordow, y el fin del financiamiento a grupos proxies. Irán, en cambio, exige el levantamiento de las sanciones, la retirada de Estados Unidos de la región y el pago de indemnizaciones por daños de guerra. Paralelamente, China y Pakistán emergieron como actores que buscan preservar la soberanía de los Estados del Golfo, aunque EE. UU. ya le advirtió al gigante asiático sobre las consecuencias de suministrar armas a Irán.

También se puede identificar un impacto geo-militar en Israel y el Líbano: mientras no haya acuerdo con Irán, la tensión en la frontera norte de Israel se mantendrá o escalará como herramienta de presión. Además, Estados Unidos intenta limitar el alcance de los misiles iraníes, una amenaza directa para este territorio (Irán no parece dispuesto a ceder sin garantías de no agresión). No hay que dejar de lado que el Estrecho de Ormuz se consolida como el principal punto de estrangulamiento global. Mientras Pakistán propone un patrullaje conjunto para garantizar la seguridad, Irán reclama el control absoluto. Otro aspecto clave: Estados Unidos no recibió el apoyo de la OTAN para garantizar la navegación en la zona, lo que podría forzar a Washington a una postura más agresiva o a depender de iniciativas regionales inciertas.

-¿Qué situación se puede inferir de este panorama?

-Estos aspectos muestran que la interconexión de los frentes (Irán-Israel-Hezbollah) apuntan a una guerra de desgaste prolongada. La negativa de la OTAN a intervenir y la advertencia de Trump a China sugieren un riesgo elevado de que el conflicto se convierta en una confrontación de bloques más amplia si no se reactiva el diálogo bajo un nuevo marco.

Se podría concluir que los proxies difícilmente influirán en la propuesta de EE. UU. Sin embargo, Irán podría considerar la situación de Hezbollah, que parece estar alcanzando un punto de saturación operativa donde ya no puede ejercer una presión efectiva, lo que obligaría a Teherán a priorizar su propia supervivencia nuclear sobre su expansión regional.

Según el experto, el escenario apunta a una guerra de desgaste donde Israel y el Líbano son frentes sincronizados que Irán utiliza como moneda de cambio.

Medio Oriente y la posibilidad del riesgo nuclear

-¿Occidente puede convivir con el riesgo nuclear?

-El análisis sugiere que Israel se verá forzado a aceptar ese riesgo nuclear latente. La prioridad estratégica viraría hacia la obtención de un reconocimiento pleno por parte de las naciones árabes, lo cual funcionaría como un blindaje diplomático que, en última instancia, lograría aislar a Irán de manera más efectiva que la sola vía militar. 

Si el estamento militar y la derecha política israelí perciben que el “cheque en blanco” de Washington expiró -especialmente en un contexto donde EE.UU. se siente “arrastrado” y carece de apoyo incluso dentro de la OTAN-, el pragmatismo terminará imponiéndose sobre la ideología.

-¿Cómo sería eso?

-Siendo esta una conclusión contundente y cargada de realismo político para Israel, el país debería reconocer un límite estratégico, donde su libertad de acción militar esté condicionada por la profundidad del apoyo de su principal aliado. De allí tres consecuencias básicas: por un lado, el fin de la “Doctrina Begin” en su versión absoluta (la doctrina de que Israel no permitiría que ningún enemigo en la región adquiera armas nucleares -aplicada en Irak en 1981 y en Siria en 2007– tendría que evolucionar. Al aceptar el riesgo nuclear latente, Israel admite que no puede solucionar todos sus problemas de seguridad mediante el poder aeroespacial); la solidaridad sunita como garantía de supervivencia (el reconocimiento de las naciones árabes hacia Israel -iniciado a través de los Acuerdos de Abraham– actuaría como un seguro de vida. Si Israel se integra en la arquitectura de seguridad regional, cualquier agresión en su contra se convierte en un ataque a la estabilidad del mundo árabe, lo que activaría mecanismos de defensa colectiva que Teherán no puede ignorar. Israel gana una “profundidad estratégica” que su pequeño territorio no le permite, utilizando los Estados sunitas como una barrera política contra el expansionismo chiita); y un nuevo rol de Estados Unidos, que pasa de ser “combatiente” a “garante” de los términos de renegociación (esto satisface al electorado estadounidense y permite a Israel mantener un vínculo con Washington que, aunque menos operativo, sigue siendo disuasorio por su mera existencia).

-¿Considera viable la mediación china?

-Se presenta como una garantía de éxito debido a que responde a un interés pragmático y propio una vez que se logre la estabilidad del Estrecho de Ormuz. 

Para Beijing, asegurar el flujo energético es mucho más rentable que participar en complejos esquemas de indemnizaciones o sostener conflictos prolongados.

-¿Irán resiste ante la presión?

La resiliencia de Irán se fortalece paradójicamente con su postura firme. El interés de los actores externos por alcanzar un acuerdo que estabilice los mercados supera, en este momento, la voluntad de mantener una presión económica infinita.

El papel de Hezbollah 

-En cuánto al Líbano, ¿se puede liberar de Hezbollah?

La reconstrucción de un Estado libanés independiente sigue siendo una tarea pendiente y sumamente difícil. La estructura de Hezbollah está tan profundamente arraigada en el tejido social y político que cualquier transición hacia una autonomía estatal completa enfrenta obstáculos estructurales internos masivos.

Israel está transitando de una búsqueda de supremacía militar (destrucción del adversario) hacia una gestión de riesgos, donde la ineficacia de los organismos internacionales (con misiones como la UNIFIL) obliga a los actores locales a construir su propia arquitectura de contención.

-¿Qué queda para Medio Oriente?

Se identificó un abismo entre las pretensiones de ambos contendientes. El escenario apunta a una guerra de desgaste donde Israel y el Líbano son frentes sincronizados que Irán utiliza como moneda de cambio.

Se aprecia que Israel se verá forzado a aceptar este riesgo latente a cambio de un “tiempo de paz”. La seguridad definitiva no vendría de la destrucción de las plantas iraníes, sino del reconocimiento de las naciones árabes hacia Israel. Este bloque sunita funcionaría como un blindaje diplomático, haciendo que cualquier ataque sea visto como una agresión contra la estabilidad.

Locatelli: “El aislamiento de Irán no vendrá de las bombas, sino de su propia irrelevancia en un Medio Oriente que ha decidido priorizar el comercio (Ormuz) y la estabilidad”

-¿Qué piensa que puede hacer Israel con un vecino como Líbano, con una fuerte presencia de Hezbollah?

-La eficacia de las zonas de amortiguación en el sur del Líbano, buscadas para garantizar su seguridad, evidencia que Israel puede neutralizar actividades allí, pero no desmantelar la infraestructura de Hezbollah

Solo un compromiso de “postura defensiva” por parte de Hezbollah parece aceptable en el corto plazo.

-En ese futuro inmediato, ¿a qué jugará China?

-Hasta el momento, China actúa por un interés vital de garantizar su seguridad energética y el franqueo del Estrecho de Ormuz. 

Además, no pagará indemnizaciones (como pide Irán), sino que preferirá invertir en infraestructura nuclear pacífica, lo que le otorga rentabilidad y control estratégico, alineándose parcialmente con la necesidad de EE. UU. de desarmar el programa militar iraní.

-¿Y Estados Unidos?

-Respecto de la política interna de EE. UU., el ciudadano estadounidense no apoya una guerra que no percibe como propia, especialmente en un año electoral. 

La administración se ve forzada a renegociar en términos “acordables” para evitar un costo político interno, alejándose de las posturas de máxima presión que defiende el gobierno de Netanyahu.

-Entonces, ¿hay solución?

-La resolución del conflicto en el Medio Oriente está migrando de una solución puramente geo militar (basada en la destrucción mutua o el desmantelamiento forzado) hacia una gestión de riesgos geopolítica. La necesidad de China por el comercio, la fatiga electoral de EE. UU. y la búsqueda de integración regional de Israel están configurando un nuevo orden en el que la disuasión se logra más mediante acuerdos de interdependencia que con la supremacía armamentística absoluta. 

Lo que estamos presenciando, es la maduración forzada del conflicto. La resiliencia de Irán, el interés económico de China y el agotamiento político de Estados Unidos confluyen para obligar a Israel a cambiar su paradigma de seguridad: de la eliminación a la gestión del riesgo. El aislamiento de Irán no vendrá de las bombas, sino de su propia irrelevancia en un Medio Oriente que ha decidido priorizar el comercio (Ormuz) y la estabilidad sobre la confrontación religiosa o ideológica.

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