Tras los ataques a la base británica en Chipre, en Europa se habla de un “blindaje” militar sobre la isla. Grecia y Francia despliegan buques, cazas F-16 y sistemas antimisiles para reforzar la defensa en el Mediterráneo.
La escalada militar ya impacta en la seguridad energética y el comercio global. Europa reclama contención, pero evalúa medidas para debilitar el poder misilístico de Irán.
Se encienden las alarmas en el Mediterráneo tras los ataques a Chipre. Mientras las autoridades atribuyeron el ataque en la base británica a Hezbolá, el gobierno de Grecia decidió enviar buques de guerra y aviones F-16 a la isla.
La interrupción del suministro que abastece a Europa Central reavivó tensiones en el bloque político, con advertencias cruzadas y nuevos cruces en medio de la guerra.
La necesidad que tiene la Unión Europea de diversificar sus fuentes de aprovisionamiento y la opción de nuevas rutas desde el mar Caspio podrían alterar el escenario energético del Viejo Continente, cuyo suministro de gas está actualmente supeditado a los designios de Moscú.