El país asiático autorizó la venta de armamento ofensivo al exterior, que incluye misiles, cazas y buques de guerra, en la mayor reforma de su política de defensa desde 1945.
La reacción de Pekín llegó pocas horas después de que el oficialismo consolidara una mayoría parlamentaria suficiente para impulsar cambios en el marco constitucional vigente desde la posguerra.
El primer encuentro entre la premier japonesa y el presidente estadounidense estuvo marcado por halagos mutuos y ánimos por fortalecer su vínculo, dejando a China de lado.