A mediados de marzo, Sebastián Marset fue detenido en Santa Cruz de la Sierra y Latinoamérica puso fin a uno de los principales actores del narcotráfico transnacional y a un actor influyente en las conexiones criminales en toda la región.
Por este motivo, DEF entrevistó a Edgardo Glavinich, director de la fundación Sherman Kent, quien interpretó la captura del narcotraficante uruguayo como una de las operaciones antinarcóticos más significativas de la última década.
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Sebastián Marset: nexo del narcotráfico entre Sudamérica, Europa y Medio Oriente
-¿Cómo calificarías la captura de Sebastián Marset y su enjuiciamiento en Estados Unidos?
-En términos de inteligencia operacional, estamos ante la detención de un nodo articulador de primer orden dentro de las redes del narcotráfico transnacional de lo que ha transcurrido del siglo XXI.
Para valorar correctamente este hecho, hay que contextualizarlo. Marset no era simplemente un traficante de cocaína. Era un coordinador de flujos financieros, logísticos y de administración de la violencia capaz de tender puentes entre organizaciones criminales de distintas culturas y geografías. Por ejemplo, entre el Primeiro Comando da Capital (PCC) en Brasil, el Clan Insfrán en Paraguay, la ‘Ndrangheta en Italia, con conexiones en Medio Oriente y los Balcanes. Lo que se tornaría mucho más difícil de reemplazar que un líder territorial clásico.

La DEA lo incorporó a su lista de fugitivos más buscados en mayo de 2025, y el Departamento de Estado ofreció dos millones de dólares de recompensa por su captura. Pasando a ocupar el tercer puesto en la lista de prioridades de la agencia en febrero de 2026, tras la confirmación de la muerte de ‘El Mencho’. Esto no es menor: Marset fue categorizado al mismo nivel que los líderes de los principales cárteles mexicanos, lo cual establece su nivel y la dimensión real del fenómeno.
En cuanto al enjuiciamiento, la decisión de llevarlo a los tribunales federales del Distrito Este de Virginia, donde ya fue condenado su socio Federico Santoro a 15 años, es estratégica y una decisión inteligente. Estados Unidos tiene la institucionalidad procesal, la experiencia con casos de este tipo y los instrumentos de presión suficientes para construir un caso sólido.
De esta manera, Marset enfrenta hasta 20 años por conspiración y lavado de dinero, y la fiscalía ha señalado que podría ampliar los cargos. La renuncia al juicio rápido y la apertura a un posible acuerdo negociado sugieren un margen para que el narcotraficante ofrezca información a cambio de beneficios procesales. Ahí está el verdadero valor estratégico de esta detención.
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Narcotráfico: cómo repercute en Latinoamérica la detención del criminal uruguayo
-Una incógnita que plantea su detención es lo que sucedió con su estructura. ¿Qué influencia tenía Marset en el crimen regional? ¿Es una amenaza neutralizada al completo?
–La respuesta corta es no. Marset tenía una característica que lo diferenciaba de la mayoría de los líderes criminales: no era un jefe territorial, era un integrador de redes. No controlaba plazas ni ejercía violencia directa sobre poblaciones. Su valor residía en su capacidad de conectar proveedores bolivianos, transportistas paraguayos, distribuidores europeos y lavadores de activos en múltiples jurisdicciones. Esa función articuladora es exactamente lo que no se destruye con una captura.

Desde una perspectiva de redes aplicada a organizaciones criminales, cuando se elimina un nodo articulador de alta conectividad, la red no colapsa: se fragmenta y redistribuye. Los analistas bolivianos ya advirtieron en los días siguientes a la captura que el PCC, con aproximadamente 250 miembros activos en Bolivia según estimaciones de seguridad, era el actor con mayor capacidad para absorber el espacio dejado por Marset.
Es decir, no sería el más cercano de Marset el que toma la cabeza, sino el más fuerte, precisó con claridad el analista Jorge Santistevan. La DEA y sus pares de la región también lo saben. En la Reunión de Coordinación Regional de la División Cono Sur organizada por la agencia días después de la captura, se subrayó explícitamente la necesidad de trabajo regional coordinado “para evitar la rearticulación de redes delictivas”. Ese mensaje habría sido innecesario si la amenaza estuviera neutralizada.
Lo que sí se logró es un daño económico inmediato y significativo, la destrucción de parte del aparato logístico visible en Bolivia, la apertura de un proceso judicial que podría exponer conexiones de alto nivel en múltiples países y el efecto disuasorio sobre figuras criminales que operaban bajo la percepción de impunidad en el eje Santa Cruz-Asunción. Sin embargo, la estructura sobrevive, mutará y buscará nuevos equilibrios. La historia del crimen organizado en América Latina es, precisamente, la historia de esa resiliencia.




