La detención en Bolivia del líder del Primer Cartel Uruguayo (PCU), Sebastián Marset, impactó en el mundo criminal de Latinoamérica y puso fin a uno de los principales actores del narcotráfico transnacional. Un actor influyente en las conexiones criminales en toda la región.
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Narcotráfico: qué es y cómo funciona el Primer Cartel Uruguayo
El Primer Cartel Uruguayo es una organización de narcotráfico fundada y liderada por Sebastián Marset, atravesada por sus negocios y su red de contactos internacionales con otras agrupaciones criminales.
Desde su primera aparición en 2013, cuando recibió un gran envío de marihuana enviado a Uruguay por Juan Domingo Viveros Cartes, el tío del expresidente de Paraguay, Horacio Cartes, Marset fungió como un nexo con el clan Insfrán de Paraguay, el Primeiro Comando da Capital (PCC) de Brasil y la ‘Ndrangheta de Italia.

El PCU existe como una plataforma criminal que propició la red internacional sustentada en las rutas de Bolivia y Paraguay, donde el narcotraficante uruguayo sentó las bases de su organización, de sus principales negocios y de su protección en la ciudad boliviana Santa Cruz de la Sierra.
Con la captura de su líder, el Primer Cartel Uruguayo enfrenta una redefinición de su funcionamiento, en su liderazgo, pero también del rol que ocupa en las conexiones criminales en Latinoamérica, Europa y Medio Oriente.
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El futuro del PCU tras la captura de Sebastián Marset
Para conocer más sobre el futuro del PCU y su influencia en el esquema latinoamericano, atravesado en gran parte por la conexión con el PCC, DEF entrevistó a Edgardo Glavinich, analista y director de la Fundación Sherman Kent.
“Lo que existía con el Primeiro Comando da Capital era una alianza estratégica de mutuo beneficio, el PCC aportaba escala, rutas terrestres y conexiones con la ‘Ndrangheta italiana, mientras que Marset aportaba conocimiento profundo de las rutas boliviano-paraguayas, contactos políticos y capacidad de coordinación financiera”, explicó Glavinich.
Los vínculos se remontan a la estadía en prisión de Marset en Uruguay, entre 2013 y 2018, donde estableció contactos con reclusos vinculados al PCC. Tras su liberación, en Paraguay se consolidó la alianza operativa con Marlon Douglas Beiño Santos, un operador del PCC con base en Foz do Iguazú, encargado de coordinar el flujo de cocaína boliviana hacia suelo paraguayo.
Con Marset detenido, el director de Sherman Kent considera que el impacto sobre el PCU como organización autónoma sería severo, pero no necesariamente terminal. La red tiene células con capacidad operativa propia en Uruguay, donde se investigan al menos cinco grandes cargamentos vinculados al PCU, entre 2018 y 2020, y conexiones que trascienden a su líder. La fiscalía uruguaya tiene investigaciones activas y hay vínculos documentados con figuras como El Betito Suárez, otro actor de peso en el crimen organizado local.

“Para el PCC, la captura de Marset es un inconveniente logístico, no una crisis existencial. La organización brasileña tiene múltiples líneas de suministro y relaciones con distintos proveedores. En Bolivia es el actor mejor posicionado para tomar el espacio vacante. Su proceso de expansión hacia Uruguay continúa con independencia de lo que ocurra con Marset”, analizó Edgardo Glavinich.
Por otro lado, el analista advierte que el vector más preocupante en este escenario es la ‘ndranghetización’ del tráfico en Europa. La ‘Ndrangheta italiana controlaría la distribución de cocaína sudamericana en buena parte del mercado europeo y ha demostrado una capacidad excepcional para reemplazar proveedores y rediseñar rutas con velocidad y discreción. La interrupción de la cadena Marset-PCC generaría, a lo sumo, un ajuste temporal de precios y rutas antes de que se estabilice un nuevo acuerdo de provisión.
Ante este escenario, el Primer Cartel Uruguayo podría enfrentar un futuro complejo como Sebastián Marset, quien enfrenta un proceso judicial en los tribunales federales del Distrito Este de Virginia, donde ya fue condenado su socio Federico Santoro a 15 años de prisión.




