Dentro del Parque Tres de Febrero, sobre la Avenida del Libertador, el Planetario Galileo Galilei es uno de los íconos más reconocibles de Buenos Aires. No es solo un edificio imponente e icónico del modernismo que nadie puede dejar de mirar al pasar: es un centro vivo de ciencia, educación y arte que recibe más de 430.000 personas por año, un número que no tiene parangón en toda América Latina y Central.
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El recorrido histórico del Planetario en la Ciudad de Buenos Aires
Desde su inauguración en 1967, el Planetario forma parte del paisaje afectivo de la ciudad. Para generaciones enteras representa mucho más que un punto turístico o una postal arquitectónica: es el lugar donde muchos tuvieron su primer contacto con el cielo, con las preguntas sobre el universo y con la posibilidad de pensar la ciencia como algo cercano, fascinante y profundamente humano. Su silueta futurista, inspirada en los avances espaciales de mediados del siglo XX, lo convirtió en un emblema urbano. Pero detrás de esa imagen ya instalada en el imaginario colectivo, hay un espacio que no dejó de transformarse.
Hoy, el Planetario no solo proyecta estrellas. También produce espectáculos inmersivos, desarrolla propuestas educativas para distintas edades, impulsa actividades inclusivas para personas con discapacidad, organiza cursos y charlas, articula con investigadores, universidades e instituciones científicas, y explora nuevas formas de contar el conocimiento a través de la tecnología, el arte y la experiencia sensorial. Su desafío es enorme: sostener el rigor científico sin perder la capacidad de maravillar.

En un contexto en el que la ciencia compite por la atención en medio de pantallas, estímulos breves y formatos cada vez más veloces, el Planetario apuesta por una experiencia distinta: detenerse, mirar hacia arriba y recuperar la curiosidad. Lo hace con herramientas que van desde shows full dome hasta experiencias de realidad virtual, pasando por telescopios, talleres, conciertos, propuestas performáticas y exhibiciones interactivas. Todo eso convive bajo una misma misión: acercar el universo al público de una manera accesible, atractiva y significativa.
¿Cómo se diseña esa experiencia? ¿Qué pasa detrás de cada función, cada actividad y cada decisión de programación? ¿Qué lugar ocupa hoy un espacio como este en la educación, la cultura y la vida cotidiana de la ciudad? En diálogo con Estefanía Coluccio Leskow, gerente operativa del Planetario Galileo Galilei, DEF pudo conocer las ideas, los desafíos y los proyectos que hacen funcionar a uno de los espacios científicos y culturales más singulares de Buenos Aires.
La ciencia y el planetario: un espacio para todos
-¿Cuál es tu rol en el Planetario?
-Hace casi cuatro años que estoy a cargo de la gestión y la gerencia operativa. Soy doctora en ciencias físicas de la Universidad de Buenos Aires, estudié en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales e hice un doctorado y un postdoctorado fuera del país. En un momento decidí que lo que más me gustaba era contar todo lo que había aprendido. Me encantaba la investigación, pero notaba que me fascinaba la docencia, comunicar la ciencia y que todo el mundo se enterara de lo maravillosa que es la física y la astronomía. Acá me encargo de gestionar proyectos educativos y culturales, de la programación y de todo el aspecto administrativo necesario para que esos proyectos que el público disfruta se lleven adelante. Pertenecemos al Ministerio de Cultura, a la Subsecretaría de Gestión Cultural.
-¿Qué rol cumple el Planetario en la educación?
-El Planetario es un espacio de educación informal en ciencias, especialmente en ciencias espaciales. La mayoría de los porteños, y también mucha gente del área metropolitana, asistió a un espectáculo full dome cuando era estudiante. Ese es uno de nuestros principales roles: complementar la educación formal. Las funciones –que producimos acá mismo– están pensadas según las edades y la currícula escolar, para acompañar lo que los chicos están aprendiendo en la escuela.
Por otro lado, el Planetario también es un espacio de educación informal para jóvenes y adultos. Todos los semestres se dictan tres cursos para mayores de 15 años: uno de Astronomía General, otro llamado “Descubrir, Observar y Disfrutar el Cielo”, donde se aprende sobre los movimientos aparentes de los astros y todos los fenómenos que se pueden observar, y uno sobre Evolución de Galaxias. También hay cursos para niños y adolescentes sobre astrofísica, agujeros negros, sistema solar, gravedad y origen del universo.
-¿Está adaptado para que cualquier persona lo pueda visitar?
-El Planetario tiene un compromiso muy fuerte con la accesibilidad porque estamos convencidos de que el acceso al conocimiento es un derecho. Acá pueden aprender y experimentar personas con cualquier tipo de discapacidad: tenemos actividades para personas ciegas, para personas sordas, para niños y adultos con TEA. Y además salimos a escuelas y hospitales a llevar la astronomía a quienes no pueden venir al Planetario, ya sea por razones económicas o de salud.

-¿Cómo combinan el entretenimiento con el contenido científico?
-Acá trabaja un equipo muy interdisciplinario. No hay solo gente que sabe de ciencia, sino también expertos en guiones para los shows full dome, gente ligada al arte, personas especializadas en comunicación para museos. Eso se fue construyendo a lo largo de los años: el Planetario existe desde 1967 y la oferta fue creciendo con la tecnología y la creatividad de quienes trabajaron acá. Hay gente con 30 años de trayectoria en el Planetario que son verdaderos expertos en cómo presentar la astronomía de manera entretenida y creativa, sin resignar el rigor científico: todos los shows pasan por supervisores expertos en astronomía.
También nos asociamos con creativos externos para refrescar ideas, con gente especializada en museografía y, por supuesto, con la comunidad científica: universidades; institutos, como el IAFE; y agencias espaciales. Sin ese vínculo, la divulgación estaría limitada.
Cómo se utiliza la tecnología en el Planetario
-¿Cómo se adaptan a la tecnología y a los nuevos formatos digitales?
-Nos vamos actualizando. La forma de comunicar y promocionar cambió: antes se hacía todo con flyers, hoy hacemos videos y presentamos la información de manera más visual porque entendemos que eso conecta más con la gente. También estamos incorporando inteligencia artificial en las producciones del domo, tanto nosotros como las productoras con las que trabajamos.
La tecnología misma del Planetario también evolucionó mucho. Al principio, los chicos venían a ver el cielo proyectado de forma completamente mecánica, con un proyector que reproducía fielmente las estrellas de Buenos Aires. Hoy tenemos proyectores especializados que mapean toda la cúpula y permiten hacer shows full dome de una gran calidad visual. También contamos con una sala de realidad virtual con un viaje a Marte, hacemos mapping en el exterior del edificio en ocasiones especiales, y tenemos telescopios nuevos que se van actualizando.
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-¿Cómo está el Planetario de Buenos Aires en comparación con otros del mundo?
-Hay muchos planetarios en el mundo que pueden tener una mejor tecnología o infraestructura. Pero este Planetario es bastante particular: no hay tantos en el mundo que sean solo un planetario. Muchos están dentro de museos o centros científicos. Este es un domo, un espacio de unos 300 metros cuadrados, y sin embargo recibe más de 430.000 personas por año. Ese número no se repite en ningún lugar de América Latina y Central. El que no sigue a nivel regional tiene la mitad de visitantes.

Derribando mitos: los errores más comunes de la astronomía
-¿Cuáles son los mitos o confusiones que existen sobre el Planetario?
-El primero y fundamental es confundir al Planetario con un observatorio. En un observatorio la actividad central es la observación por telescopio: hay una cúpula que se abre y el telescopio apunta al cielo. En el Planetario la cúpula no se abre porque es un domo de proyección, no un observatorio.
-¿Y respecto a creencias populares de la astronomía?
-Respecto a la astronomía en sí, una confusión muy común, y cada vez más frecuente, es la famosa “alineación de los planetas”. Se habla mucho de esto y se cree erróneamente que los planetas pueden alinearse de forma exacta, uno detrás del otro. Eso es imposible, primero porque la probabilidad es extremadamente baja, y segundo porque las órbitas de los planetas no están exactamente en el mismo plano. Lo que sí puede ocurrir es que en ciertos períodos del año veamos planetas cercanos entre sí en el cielo, pero esa cercanía aparente no implica que estén alineados en el espacio.
Después está el mito de los agujeros negros. Mucha gente cree que un agujero negro se traga todo lo que está a su alrededor. Pero, en realidad, tiene un horizonte de eventos: una vez que la materia lo atraviesa, ya no puede salir; lo que no significa que todo lo que está cerca caiga inevitablemente en él. Un astro puede orbitar un agujero negro perfectamente sin jamás entrar. De hecho, en el centro de nuestra propia galaxia hay un agujero negro supermasivo y acá estamos, orbitando sin ningún problema.
-¿Qué planes tienen a futuro?
-Hay varias cosas lindas en camino. En los próximos meses vamos a inaugurar en el museo una sección nueva que se llama “Laboratorio de Escalas: ¿cómo medís lo que no podés alcanzar?”, que va a explorar las escalas del universo, distancias, gravedad en distintos astros, de una manera muy visual e interactiva.
Este año también vamos a celebrar el año de la mujer en la ciencia, en sintonía con la misión Artemis II, que lleva ese nombre porque Artemisa es la hermana de Apolo, y tuvo a una mujer orbitando la Luna por primera vez en la historia. Los Encuentros de Ciencia mensuales tendrán como protagonistas a investigadoras e invitadas especiales.




