El conflicto en Ucrania cambió la ecuación de la defensa moderna. Drones de bajo costo destruyendo blindados millonarios, startups tecnológicas aportando capacidades que los estados mayores tardaban décadas en desarrollar, y un sector privado que demostró que la innovación puede superar a la doctrina. En Europa, los gobiernos tomaron nota y abrieron el juego. En Latinoamérica, en cambio, el proceso parece ser más lento.
Gustavo Fauez, CEO de Roca Defense & Systems, le brindó a DEF su opinión sobre las perspectivas en Europa y Latinoamérica, y las necesidades que enfrenta nuestra región. Su empresa es responsable del Programa ONA, una solución tecnológica para vigilancia marítima que recientemente firmó un acuerdo con SARCORPS, compañía privada de Brasil que aportará capacidades de cálculo SAR orientadas a la estimación de deriva, acotamiento de áreas probables de búsqueda y apoyo a la planificación operacional en incidentes en alta mar.
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El modelo latinoamericano de defensa y seguridad: estatal por tradición
En Latinoamérica, la industria de defensa históricamente giró en torno a organismos públicos y empresas del Estado. Los dos casos más emblemáticos y contrastantes entre sí son la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM) en Argentina y Embraer en Brasil.
Fabricaciones Militares es el paradigma del modelo estatal en Argentina. Creada en 1941 bajo el ala del Ministerio de Defensa, la empresa concentra producción de municiones, explosivos, productos químicos y materiales bélicos. Privatizada parcialmente en la década del 90 y re-estatizada a comienzos del siglo XXI, enfrenta el desafío de suplir las necesidades de producción nacional mientras el país refuerza su poder militar con importaciones de Estados Unidos y la OTAN.

Más al norte actúa Embraer, nacida como empresa estatal en 1969 y privatizada en 1994. La empresa brasileña construyó una trayectoria única en la región: desarrolló capacidades propias, exportó tecnología al mundo y hoy participa en programas de primer nivel como el caza Saab F-39 Gripen, cuya transferencia tecnológica le permite fabricar partes en Brasil y desarrollar know-how local de alto valor.
Estas diferencias de modelos se replican en el resto de Latinoamérica, que queda muy por detrás a lo que sucede en el resto del mundo. La mayoría de los países dependen de importaciones, material remanente o plataformas transferidas desde potencias extranjeras, sin capacidad real de sostenerlas, modernizarlas ni integrarlas de manera autónoma.
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Europa se rearma con el sector privado al frente
En una situación opuesta, el rearme europeo después de 2022 convirtió al sector privado en protagonista central de la estrategia defensiva del continente. Alemania, Francia y el Reino Unido lideran este proceso con modelos distintos pero convergentes en un punto clave: el Estado fija los objetivos, el sector privado ejecuta y la velocidad de adaptación es la nueva ventaja estratégica.
Berlín es uno de los casos más emblemáticos. Creó el Sondervermögen, un fondo especial de 100.000 millones de euros que canalizó inversión masiva para empresas privadas como Rheinmetall, Hensoldt, Diehl Defence y startups de drones como Quantum Systems y Helsing.

Algo similar hizo Francia con su Loi de Programmation Militaire para el período 2024–2030, que prevé destinar 413.000 millones de euros en seis años en nichos de ciberseguridad, inteligencia artificial (IA) aplicada a defensa y sistemas no tripulados. Esta estrategia involucra a gigantes como Thales y Dassault, así como startups ligadas a la Agencia de Innovación de Defensa (AID).
Por su parte, Reino Unido lanzó la Defence & Security Accelerator (DASA) y la Defence and Security Industrial Strategy, dos estrategias que involucran al sector privado en desarrollos militares financiados por la asignación de un piso del 2,5% del PBI al presupuesto de Defensa.
Una oportunidad histórica para Latinoamérica
Gustavo Fauez, CEO de Roca Defense & Systems, indicó que el conflicto entre Ucrania y Rusia puso de manifiesto algo que venía madurando, pero que terminó de explotar en el campo de batalla: la innovación puede ir más rápido que la doctrina.
Esto representa una oportunidad histórica para desarrolladores privados, startups y proveedores industriales emergentes, que de ser aprovechada, “una empresa con estructura ligera, buen criterio técnico y un producto definido puede convertirse rápidamente en proveedor de un Estado”.
“El lugar del sector privado no debería verse como una amenaza a las capacidades estatales, sino como un complemento estratégico. Las empresas públicas, las Fuerzas Armadas, los grandes integradores y las startups pueden convivir dentro de un ecosistema más moderno, siempre que existan reglas claras, competencia transparente y objetivos operativos bien definidos”, expresó Fauez.
A su vez, el CEO de Roca Defense & Systems considera que “el desafío es que los Estados se animen a abrir más el juego sin perder control estratégico”. A esto se le suman necesidades tecnológicas acumuladas en las últimas décadas, caracterizadas por poca inversión en buena parte de la región.

Los sistemas no tripulados, vigilancia persistente, inteligencia operacional, sensores, software de misión, integración de datos, vigilancia marítima, búsqueda y rescate, control de fronteras, protección de infraestructura crítica y sistemas dual-use aparecen como las principales urgencias.
“La gran oportunidad está en construir ecosistemas. No empresas aisladas intentando vender productos sueltos, sino redes de tecnología, integración, manufactura, software, sensores, plataformas y servicios especializados. Si Latinoamérica logra ordenar eso, puede aparecer una nueva generación de industria privada de defensa con impacto regional”.
Sin embargo, Fauez sostiene que Defensa sigue siendo un sector sensible, regulado y muy dependiente de confianza institucional, aunque requiere que las empresas privadas que quieran crecer en este espacio deban hacerlo con seriedad: cumplimiento normativo, protección de información, trazabilidad, documentación, transparencia y capacidad real de ejecución.
Con el contexto internacional y las tendencias tecnológicas que trajo la guerra en Ucrania, Gustavo Fauez concluyó que Latinoamérica tiene una oportunidad enorme y que los Estados deben abrirse al sector privado como sucede en Europa hace años y le permite al viejo continente mantenerse a la vanguardia de los desarrollos tecnológicos orientados al ámbito militar y de seguridad.




