Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania en 2022, inmigrantes de Asia Central que trabajan en Rusia se convirtieron en un blanco sistemático del Kremlin para rellenar sus filas militares. Según denunciaron algunas organizaciones de derechos humanos, el mecanismo combina detenciones arbitrarias, amenazas de deportación o abuso, y contratos firmados bajo coacción.
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Rusia: el mecanismo de reclutamiento forzado según el caso de una de las víctimas
El patrón identificado en las investigaciones sigue una lógica similar en todos los casos. Primero se inicia con una detención por supuestas irregularidades migratorias o delitos menores, sigue con una amenaza de cárcel o deportación y finaliza con la oferta del enlistamiento como única salida posible.
En algunos casos se reportan torturas o el uso de engaños para hacer firmar los contratos militares. A quienes aceptan se les promete un sueldo elevado, dinero en efectivo y amnistía de sus cargos penales, promesas que con frecuencia no se cumplen.

El caso de un joven de Tayikistán de 26 años documentado por el principal canal de noticias del mundo árabe, Al Jazeera, es uno de los más relevantes en este sentido. El mismo expone con detalle el funcionamiento de esta maquinaria.
El joven en cuestión es Hushruzjon Salohidinov, quien trabajaba como repartidor en San Petersburgo cuando fue detenido por la policía. Pasó nueve meses preso sin que avanzara la causa y, dentro de la cárcel, recibió amenazas de abuso sexual si no aceptaba ofrecerse como voluntario para ir a la guerra.

Salohidinov firmó al ver que no tenía otra alternativa, y recibió apenas tres semanas de entrenamiento, con equipamiento deficiente y exigencias económicas para conseguir mejores insumos básicos. Luego, fue enviado a la región de Luhansk, al este de Ucrania, donde los drones sobrevolaban de forma permanente y las explosiones eran constantes. A los pocos días recibió la orden de avanzar a campo abierto.
Ante esa situación, el jóven decidió rendirse junto a su comandante. La experiencia como prisionero en Ucrania fue, según relató, completamente diferente a cómo se la habían contado. Recibió comida, agua y atención básica. Hoy, su mayor miedo es ser devuelto a Rusia en un eventual intercambio de prisioneros, algo que, según cree, lo llevaría de regreso directo al frente de combate.
El contexto estructural detrás de la política del Kremlin
Rusia tiene una baja tasa de natalidad y una economía que, históricamente, depende de la mano de obra migrante proveniente de Asia Central. Este factor convierte a la población extranjera en un recurso fácil de capturar para los objetivos bélicos del Estado. La expectativa de vida de estos combatientes en el frente no supera los cuatro meses.
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El propio aparato estatal ruso dejó evidencia indirecta de la magnitud de este fenómeno. En 2025, el jefe del Comité de Investigación de Rusia reconoció que miles de ciudadanos, muchos de ellos inmigrantes recién nacionalizados, habían sido enviados a combatir en el campo de batalla.
Las organizaciones que asisten a soldados rusos que buscan rendirse advierten que las bajas entre este grupo son especialmente altas, y describen la situación como un envío sistemático a la muerte de las personas más vulnerables del sistema.




