Groenlandia, el enorme territorio ártico con autonomía política, pero bajo soberanía de Dinamarca, se convirtió en un punto clave del tablero geopolítico global por los recursos minerales que alberga en su subsuelo.
El interés que Donald Trump manifestó en reiteradas ocasiones por la isla no es un simple capricho: está directamente ligado a la creciente competencia internacional por los llamados “minerales críticos”, esenciales para la economía tecnológica, la transición energética y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Entre los recursos que más atención despiertan se encuentran las tierras raras, un conjunto de 17 elementos químicos indispensables para fabricar imanes de alto rendimiento utilizados en vehículos eléctricos, turbinas eólicas, teléfonos inteligentes, sistemas de guiado de misiles y tecnología militar avanzada.
Groenlandia posee algunos de los depósitos potencialmente más grandes de tierras raras fuera de China, país que hoy domina gran parte de la producción y, sobre todo, del procesamiento mundial de estos materiales. Esta concentración representa una vulnerabilidad estratégica para Washington, que busca desde hace años diversificar sus fuentes de suministro.
Entre los recursos que más atención despiertan se encuentran las tierras raras, un conjunto de 17 elementos químicos indispensables para fabricar imanes de alto rendimiento.
Además de las tierras raras, el territorio groenlandés contiene reservas de litio y grafito, dos componentes clave para las baterías de iones de litio que alimentan autos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas de almacenamiento de energía. A esto se suman yacimientos de cobre, níquel y cobalto, metales fundamentales tanto para la electrificación como para la industria aeroespacial y de defensa.
También existen depósitos de zinc, plomo, hierro, oro y titanio, utilizados en distintas ramas de la industria pesada y tecnológica. Históricamente, Groenlandia también fue explorada por su uranio, un recurso estratégico para la energía nuclear y aplicaciones militares, aunque su explotación está actualmente restringida por legislación local.
La ubicación estratégica de Groenlandia en el plano geopolítico
El atractivo de estos minerales no reside solo en su valor económico, sino en su importancia estratégica. En un contexto de transición energética acelerada, digitalización masiva y tensiones geopolíticas crecientes, el control o el acceso estable a minerales críticos se ha convertido en una prioridad para las grandes potencias.
Para Estados Unidos, reducir la dependencia de China en cadenas de suministro clave es una cuestión de seguridad nacional, y Groenlandia aparece como una alternativa potencialmente confiable por su cercanía geográfica y su alineamiento político con Occidente.
Trump interpretó esta combinación de riqueza mineral y ubicación estratégica como una oportunidad clave para reforzar la posición estadounidense en el Ártico. La isla ocupa un punto central entre América del Norte, Europa y Rusia, y permite controlar rutas marítimas emergentes que se están abriendo a medida que el hielo retrocede por el cambio climático.
Desde esta perspectiva, el interés por Groenlandia no se limita a la minería, sino que se inscribe en una visión más amplia de poder geopolítico y militar.
Para Estados Unidos, reducir la dependencia de China en cadenas de suministro clave es una cuestión de seguridad nacional.
En términos económicos, garantizar el acceso a minerales críticos fortalecería a las industrias tecnológicas, energéticas y de defensa de Estados Unidos, reduciendo riesgos de interrupciones en la cadena de suministro.
En el plano geopolítico, reforzaría la presencia de Washington en el Ártico frente al avance de Rusia y China en la región. Sin embargo, también existen riesgos importantes: la explotación minera a gran escala podría afectar un ecosistema extremadamente frágil y generar tensiones sociales con la población inuit, que reclama control sobre su territorio y sus recursos.
Delcy Rodríguez inició su mandato como presidenta interina de Venezuela, horas después de la captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas de los Estados Unidos. Su primer mensaje oficial y el nombramiento de un histórico jefe de inteligencia generaron inquietud entre opositores y defensores de derechos humanos.
El primer mensaje de Delcy Rodríguez a Venezuela y Estados Unidos
Delcy Rodríguez fue investida como presidenta interina de Venezuela tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia que la designó para asegurar la continuidad del Estado después de la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero.
En su mensaje oficial, Rodríguez aseguró que asume el mando “con dolor” por las muertes y las tensiones recientes, y afirmó que su gobierno defenderá la soberanía del país sin intervención extranjera. También rindió homenaje a los efectivos venezolanos y a los 32 cubanos que murieron durante el operativo, calificándolos de “mártires”.
Delcy Rodríguez asumió como presidente interina y consolida la continuidad del régimen en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro.
Aunque Rodríguez rechazó la injerencia externa, también lanzó un mensaje dirigido a Estados Unidos que mezcla desafío con apertura al diálogo. La nueva mandataria advirtió que “ningún agente externo” gobierna Venezuela, enfrentándose así a las presiones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había planteado la posibilidad de una intervención política en Caracas o mayores consecuencias si el nuevo gobierno venezolano no se alineaba con Washington.
Al mismo tiempo, Delcy Rodríguez invitó al gobierno de EE. UU. a trabajar en una “agenda de cooperación” orientada al desarrollo conjunto, aunque sin exigir la liberación de Maduro ni su esposa.
Uno de los hechos más polémicos de su primer día en el cargo fue el nombramiento del general en jefe Gustavo Enrique González López como nuevo comandante de la Guardia de Honor Presidencial y máximo responsable de la seguridad presidencial.
González López fue el exdirector del temido SEBIN, la policía política venezolana vinculada a detenciones arbitrarias y violaciones de derechos humanos. Su nombramiento implica una reconfiguración del régimen tras la caída de Nicolás Maduro y una validación a las acciones represivas encabezadas por López entre 2019 y 2024.
Tras su salida del controvertido SEBIN, Gustavo Enrique González López será el principal encargado de la seguridad presidencial en un escenario de extrema tensión.
Cabe destacar que el último informe del Foro Penal, una de las principales organizaciones que monitorea detenciones con fines políticos, registra al menos 902 presos políticos en Venezuela, incluyendo 86 con otra ciudadanía o doble nacionalidad.
Pese a la esperanza de millones de venezolanos de un cambio inmediato, la dictadura de Venezuela parece adecuarse a las pretensiones de Estados Unidos mientras, internamente, Delcy Rodríguez realiza intentos de estabilización, mediante el estricto control y reposicionamiento estratégico de figuras que formaron parte del aparato represivo en los últimos años.
Cuba reconoció oficialmente que 32 de sus ciudadanos perdieron la vida durante la operación de Estados Unidos en Venezuela destinada a capturar a Nicolás Maduro. La declaración, realizada por el presidente Miguel Díaz-Canel, retrata la frágil situación de La Habana tras el cambio de época en Caracas.
Cuba reconoció la muerte de 32 efectivos en Venezuela
La Presidencia cubana informó que los fallecidos pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior y actuaban a solicitud de las autoridades venezolanas en tareas de cooperación. Cuba decretó dos días de duelo nacional y homenajes en todo el país mientras esclarece la situación.
En un comunicado oficial firmado por Miguel Díaz-Canel, se detalló que cubanos “perdieron la vida en acciones combativas” durante el operativo ejecutado por las fuerzas estadounidenses en territorio venezolano. Según La Habana, los efectivos murieron tras “férrea resistencia” y en enfrentamientos directos o como consecuencia de bombardeos a instalaciones realizadas en el marco de la operación militar.
32 efectivos del régimen de Cuba fallecieron durante las operaciones militares de Estados Unidos en Venezuela que derivaron en la captura de Nicolás Maduro.
Díaz-Canel destacó que las personas fallecidas “cumplieron dignamente con su deber” y rindió honor a su “heroica actuación”, al tiempo que criticó duramente la intervención estadounidense en Venezuela.
La desdibujada influencia de Cuba en Latinoamérica
Respecto a Venezuela, Cuba brindó apoyo en diversos ámbitos estratégicos a Venezuela durante décadas, incluyendo asistencia en seguridad, inteligencia y en tareas de protección presidencial.
La presencia de efectivos refleja la estrecha relación política y militar entre La Habana y Caracas que comenzó con la incursión de Hugo Chávez en el poder y se fortaleció durante su mandato y la posterior presidencia de Nicolás Maduro. Esta alineación ideológica había encontrado asidero en otros países de la región como Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Perú y Uruguay durante el siglo XXI.
Con la pérdida de influencia a raíz de la muerte de Fidel Castro en 2016, los cambios políticos en los distintos gobiernos de Latinoamérica y la reciente intervención de Estados Unidos en la política venezolana, la política exterior cubana se deteriora y se asemeja a la compleja crisis que experimenta puertas adentro.
Sin Maduro al frente del régimen cívico-militar en Venezuela, Cuba se encuentra cada vez más cercano en su red de aliados inmediata en Latinoamérica.
En ese sentido, Donald Trump afirmó que Cuba podría enfrentar un “colapso inminente” debido a su dependencia económica del petróleo venezolano y las relaciones con el régimen de Maduro.
La reciente operación militar de Estados Unidos, que derivó en la captura de Nicolás Maduro, removió del escenario a un aliado clave y marca un precedente que podría reproducirse nuevamente en La Habana.
Funcionarios de Washington, como Marco Rubio, consideran a Cuba como un “problema estratégico” debido a las consecuencias del régimen castrista en la isla caribeña, los cientos de miles de cubanos desplazados y su influencia histórica en países como Venezuela.
Finalmente, el resultante fracaso de la intervención de Cuba en Venezuela pone en cuestionamiento las relaciones del régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel con Caracas y su proyección regional, así como la estabilidad inmediata de un país cada vez más aislado.
La captura de Nicolás Maduro y la transición en Venezuela marcan la agenda de este comienzo de año. Para entender los alcances de lo ocurrido en Caracas, DEF consultó a distintos analistas en política internacional.
En esta entrega, Fabián Calleanalizó la postura del gobierno de Donald Trump, el posible fin del régimen y hasta el papel que juega Cuba en Venezuela, país que, según él, sigue siendo la “vaca sagrada” de muchos sectores.
Calle: “El que cayó no es un dictador al estilo de Saddam Hussein, sino un delegado cubano”
“E mensaje al régimen es: gestionen, vayan liberando los presos políticos, permitiendo el regreso a empresas americanas, dejando de perseguir a la oposición, y sacándose de encima a los iraníes y a los chinos”, contó Fabián Calle (Foto: Fernando Calzada)
-¿Lo ocurrido en Venezuela es el quiebre definitivo?
-Creo que es el principio de una transición, no breve necesariamente: entre un año y medio o dos. Claramente, la administración Donald Trump decidió proceder cortando la cabeza simbólica del régimen, o sea, Nicolás Maduro (como empleado u hombre puesto ahí por Cuba). Hay que recordar que, cuando murió Chávez, hubo una disputa interna en el régimen: si el poder se lo quedaba Diosdado Cabello —representante de las Fuerzas Armadas del chavismo— o Maduro, el más afín a Cuba. Chávez fue trasladado a ese país, donde terminó muriendo. Y quien ganó fue el líder de confianza del régimen cubano.
Otro detalle: Después del golpe fallido del año 2002, Venezuela delegó parte de la seguridad interna a Cuba. O sea, lo que cayó no es un dictador estilo Saddam Hussein, es un delegado cubano.
-Con ese panorama, ¿qué pasó ahora?
-Creo que el gran negocio de la administración de Donald Trump es lograr que el sector militar venezolano gane cierta autonomía y margen de maniobra. Y el mensaje al régimen es: gestionen, vayan liberando a los presos políticos, permitiendo el regreso a empresas americanas, dejando de perseguir a la oposición y sacándose de encima a los iraníes y a los chinos (aunque, estos últimos, no totalmente, porque no creo que les toquen los intereses petroleros).
Por eso, el secretario de guerra de Estados Unidos y el propio Trump hablaron de una eventual segunda oleada de bombardeos. Es una transición con un supervisor, Estados Unidos. Los mandos militares tienen miedo de una transición por quiebre. Acá hay un Estados Unidos que tiene aviones, flotas, drones y fuerzas especiales que están preparados para castigar al que no cumpla el proceso.
“Sobre la vida cotidiana de los venezolanos, la penuria económica está por delante, al igual que la falta de libertad”, advirtió el experto.
Los generales venezolanos, empresarios criminales
-¿Qué rol jugaron las Fuerzas Armadas venezolanas en estos hechos y qué papel tendrán de acá en adelante?
-Las Fuerzas Armadas asumieron una postura de mucha prudencia; no les queda otra: por inferioridad militar y tecnológica, por nivel de infiltración de la inteligencia americana y de países aliados, y además, porque la oligarquía militar venezolana no quiere terminar con un mameluco naranja en Estados Unidos, ni que le confisquen toda su fortuna, ni que los pongan en la lista de más buscados.
Tienen incentivos para pensar como empresarios o criminales que están negociando con Estados Unidos. Además, es una Fuerza Armada muy metida en negocios de todo tipo, como contrabando de petróleo y drogas o migración ilegal. No hay que pensarlo como un ejército tradicional porque están metidos hasta la coronilla en negocios.
-¿Qué pensás sobre la operación militar en sí? ¿Por qué participaron los Delta?
-La operación fue impecable, lo previsible con los Delta y la fuerza de incursión de helicópteros, que Estados Unidos creó después del fracaso del rescate de los rehenes de Irán en 1979. Es decir, se dedican a eso hace muchos años. Además se trabajó con una inteligencia muy detallada, conocían muy bien el edificio. Todo indica que hubo información que vino desde el entorno de Maduro.
Por lo que dio a entender Trump, hubo pocos heridos y un helicóptero bastante dañado. Incluso, el presidente de Estados Unidos habló de que la custodia de Maduro que fue eliminada estaba integrada por cubanos, por eso mencionó que hubo numerosas bajas de Cuba.
-¿Se terminó el régimen?
-Sí, se terminó el régimen como una dictadura todopoderosa que hace lo que quiere en lo político, en lo económico, en lo judicial y en lo internacional.
Ahora, sobre la vida cotidiana de los venezolanos, la penuria económica está por delante, al igual que la falta de libertad. Si lo mirás desde el punto de vista de los derechos políticos, sociales, económicos y del ciudadano, no terminó. Si lo mirás como actor que cobijaba a cuanto rival de Estados Unidos daba vuelta en el mundo -China, Rusia, Irán, las FARC-, entonces sí. La vaca sagrada que queda es Cuba: si fue tan obsceno y visible lo de Venezuela, lo de Cuba también lo es. Pero bueno, lamentablemente, ahí está estandarizado eso.
En los últimos años, Marte volvió a ocupar un lugar central en la investigación científica a partir de nuevas evidencias de la existencia de antiguas vías fluviales: canales, deltas y depósitos sedimentarios que confirman que el planeta rojo tuvo agua líquida fluyendo de manera estable sobre su superficie.
No se trata de eventos aislados ni de simples acumulaciones temporales, sino de sistemas hídricos complejos que, por su forma y extensión, se asemejan a ríos y cuencas terrestres. Estas estructuras quedaron registradas en la geología marciana hace miles de millones de años, cuando el planeta atravesaba una etapa muy distinta a la actual.
Las imágenes de alta resolución enviadas por orbitadores y los datos recolectados por rovers, permitieron identificar canales erosionados con curvas y ramificaciones típicas de ríos, deltas formados en antiguos lagos y capas sedimentarias ordenadas que solo pueden explicarse por flujos persistentes de agua.
Todo esto indica que Marte contó con una atmósfera más densa y un clima capaz de sostener agua líquida en superficie durante períodos prolongados, algo impensado si se lo compara con el ambiente frío y seco que domina hoy.
Las imágenes de alta resolución enviadas por orbitadores y los datos recolectados por rovers, permitieron identificar canales erosionados con curvas y ramificaciones típicas de ríos.
El significado de estos descubrimientos es profundo, ya que refuerzan la idea de que Marte no siempre fue un desierto helado. En su etapa temprana, el planeta habría tenido condiciones relativamente estables, con temperaturas y presiones compatibles con ciclos hidrológicos activos.
Comprender cuándo y por qué Marte perdió esas condiciones favorables es clave para entender la evolución de los planetas rocosos y, en particular, por qué la Tierra logró mantener un entorno habitable mientras su vecino no.
Recientemente, un estudio de la Universidad Rice, ubicada en Houston, Texas, introdujo una perspectiva revolucionaria sobre cómo pequeños lagos podrían haber persistido en Marte incluso bajo un clima frío. Según esa investigación publicada en la revista especializada en las ciencias de la Tierra y el espacio AGU Advances, modelos climáticos adaptados para condiciones marcianas indican que estos lagos pudieron mantenerse como agua líquida bajo una capa delgada de hielo estacional durante décadas, sin necesidad de un clima marcadamente cálido.
Esta capa de hielo habría actuado como un aislante natural, reduciendo la evaporación y permitiendo que el agua permaneciera líquida en temporadas extendidas, aunque las temperaturas atmosféricas fueran bajas. Este mecanismo ayuda a explicar por qué ciertas huellas geológicas de agua son tan bien conservadas en Marte, a pesar de que no se detectan restos de hielo permanente en muchas cuencas antiguas.
El impacto de este descubrimiento para la comunidad científica
El estudio de estas vías fluviales funciona como una verdadera máquina del tiempo geológica. A partir de ellas, los científicos pueden reconstruir el clima pasado del planeta, identificar minerales que solo se forman en presencia de agua, como las arcillas, y analizar cómo interactuaron el agua y la superficie marciana a lo largo del tiempo.
Además, estos hallazgos permiten seleccionar con mayor precisión los lugares donde conviene buscar señales de vida pasada y planificar futuras misiones, incluso tripuladas, ya que indican zonas donde pudo haber existido agua subterránea accesible.
En este contexto, los deltas marcianos despiertan un interés especial. En la Tierra, este tipo de formaciones suele actuar como una trampa natural de sedimentos y materia orgánica, capaz de conservar durante millones de años rastros químicos o estructurales asociados a la vida.
El significado de estos descubrimientos es profundo, ya que refuerzan la idea de que Marte no siempre fue un desierto helado.
Por eso, si Marte llegó a albergar microorganismos en algún momento de su historia, estos ambientes fluviales habrían sido uno de los escenarios más favorables para su desarrollo y preservación.
La relación entre estas vías fluviales y la búsqueda de vida es directa. El agua líquida es uno de los pilares fundamentales para la vida tal como la conocemos y, aunque su presencia no garantiza que Marte haya estado habitado, sí demuestra que el planeta tuvo ambientes potencialmente habitables durante lapsos significativos.
Hoy, la gran pregunta ya no es si hubo agua en Marte, sino cuánto tiempo estuvo presente, qué tan estable fue y si coexistió con los ingredientes químicos necesarios para la vida.
El capturado expresidente venezolano Nicolás Madurocontrató al renombrado abogado Barry Pollack, conocido por haber liderado la defensa del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, para representarlo en el juicio penal federal que enfrenta en Estados Unidos por cargos de narcoterrorismo y crimen organizado.
Quién es Barry Pollack, el nuevo abogado de Nicolás Maduro
Barry J. Pollack es un penalista estadounidense de destacado prestigio y experiencia con una trayectoria de tres décadas en la defensa de acusados en causas complejas. El actual defensor del dictador es miembro del Colegio Americano de Abogados Litigantes, miembro de la Junta Americana de Abogados Penalistas y expresidente de la Asociación Nacional de Abogados de Defensa Penal.
En su amplia trayectoria, fue el abogado principal que negoció el acuerdo que permitió la liberación de Julian Assange tras años de litigio por cargos de espionaje en Estados Unidos, por medio de un acuerdo con el Departamento de Justicia en 2024.
Barry Pollack, abogado penalista con 30 años de trayectoria, defendió a Julian Assange por la causa WikiLeaks y ahora asumió la representación legal de Nicolás Maduro.
Además, defendió a otros clientes en casos emblemáticos como la causa del escándalo financiero de Enron, y litigó en materia de seguridad nacional, espionaje y delitos financieros, lo que lo posiciona como el abogado más idóneo para casos federales tratados en Washington y Nueva York.
Habiendo sido capturado el 3 de enero, Nicolás Maduro obtuvo el día 5 la representación legal de Barry Pollack, quien ya actuó como defensa en el tribunal del Distrito Sur de Nueva York, donde se tramita el caso del gobierno de los Estados Unidos contra el dictador.
La estrategia legal de Maduro: inocencia y denuncia de secuestro
Si bien Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, no tienen la misma defensa, ambos se declararon inocentes en la primera comparecencia ante el juez Alvin Hellerstein para la formulación de cargos.
Ambos negaron responsabilidad en narcotráfico, lavado de dinero y armas, una serie de imputaciones plasmadas en una importante causa que Estados Unidos le impone al dictador y a la primera dama. También desecharon la acusación de vínculos con organizaciones criminales como las disidencias de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con referencias a carteles mexicanos y a la agrupación venezolana Tren de Aragua como colaboradores en transporte y protección.
Nicolás Maduro se declaró inocente de los cuatro cargos que plantea la administración Trump, entre ellos narcotráfico, lavado de dinero y tráfico de armas.
A su vez, ambos acusaron al gobierno estadounidense de haberlos secuestradode su residencia en Caracas, en un polémico operativo militar que causó la muerte de al menos 80 personas, entre civiles y militares.
Un punto clave es que Barry Pollack no solicitó la libertad bajo fianza para Nicolás Maduro, sino que centró su estrategia en cuestionar la legalidad de la captura militar en Venezuela y podría basarse en la inmunidad que corresponde a los jefes de Estado.
De momento, el exdictador venezolano Nicolás Maduro seguirá detenido en Nueva York y volverá a declarar ante la justicia el 17 de marzo, un tiempo en el que se espera que trabaje su defensa junto al abogado Barry Pollack a la vez que avance la intervención de Estados Unidos en Venezuela proclamada por Donald Trump.
Por Sergio Daniel Skobalski y Héctor Agustín Arrosio, especial para DEF.
Los acontecimientos recientes en el hemisferio occidental protagonizados por Venezuela deben analizarse como parte de una reconfiguración estratégica más amplia de las prioridades de Estados Unidos. Lejos de responder a impulsos coyunturales, este proceso se inscribe en una lógica de largo plazo orientada a reafirmar la estabilidad, previsibilidad y seguridad del entorno inmediato. La progresiva reasignación de atención política y estratégica hacia el continente americano refleja una lectura estructural del sistema internacional y de los desafíos emergentes en el propio vecindario geopolítico de Washington.
Desde esta perspectiva, el incremento del despliegue estadounidense en el Caribe no puede interpretarse únicamente como una reacción puntual a la crisis venezolana. La Fuerza Expedicionaria de Ataque posicionada desde septiembre de 2025 en el Caribe Sur y el Pacífico Centro oriental, es la continuación lógica del curso de acción político y estratégico iniciado por la primera Administración Trump (2016-2020), ahora en su segunda fase, militar, en la segunda presidencia del magnate republicano. La magnitud del esfuerzo, la naturaleza de las capacidades involucradas y el encuadre doctrinario en el que se inserta sugieren una proyección estratégica de mayor alcance. Venezuela aparece, así, como el primer escenario visible de una estrategia hemisférica orientada a neutralizar focos persistentes de inestabilidad política y deterioro institucional.
La decapitación del régimen encabezado por Nicolás Maduro representa un punto de inflexión relevante hacia un proceso concreto de transferencia del poder. La dictadura venezolana se había consolidado como un factor estructural de inestabilidad regional, tanto por su deriva autoritaria como por el colapso de sus instituciones estatales y económicas. En este contexto, el establecimiento de una administración de transición orientada a la reconstrucción del Estado y a la normalización de la economía adquiere una dimensión que excede el plano nacional venezolano.
La Fuerza Expedicionaria de Ataque es la continuación lógica del curso de acción político y estratégico iniciado por la primera Administración Trump.
Crisis en Venezuela: el factor crucial de Cuba
La recuperación económica de Venezuela constituye un elemento clave para la estabilidad regional. Estados debilitados, sin capacidades institucionales ni previsibilidad económica, generan efectos transnacionales que incluyen flujos migratorios descontrolados, expansión de economías ilícitas y erosión de los marcos de cooperación regional. Desde esta óptica, la reconstrucción venezolana no responde únicamente a un interés bilateral, sino que se inscribe en una lógica de seguridad hemisférica y de responsabilidad regional compartida.
En este marco estratégico, Cuba emerge como una variable central. La isla continúa siendo gobernada por una dictadura de partido único, caracterizada por la ausencia de pluralismo político, restricciones sistemáticas a las libertades civiles y una estructura de poder cerrada. Su ubicación geográfica, su historia política y su persistente aislamiento institucional convierten a Cuba en un factor estructural dentro de cualquier análisis serio sobre la estabilidad del Caribe y del hemisferio occidental.
La recuperación económica de Venezuela constituye un elemento clave para la estabilidad regional.
La centralidad de Cuba en la visión estratégica estadounidense no es un fenómeno nuevo. Desde finales del siglo XIX, el Caribe ha ocupado un lugar prioritario en la planificación de seguridad de Estados Unidos, en tanto espacio crítico para la protección de rutas marítimas, la proyección comercial y la defensa del territorio continental. Durante el siglo XX, la consolidación de un régimen autoritario alineado con potencias extrahemisféricas reforzó esa percepción estratégica y dejó una impronta duradera en la doctrina de seguridad estadounidense.
Cuál es la proyección continental de Estados Unidos
Puesta en perspectiva, la proyección continental de los EE. UU. puede sistematizarse en tres grandes fases históricas: primero la Defensa de la Cuenca del Caribe; segundo el Dominio del Cuarto de Esfera, desde Groenlandia y el Ártico hasta la línea ecuatorial y la Cuenca del Amazonas, con la defensa del Canal de Panamá como centro; tercero la proyección de la Defensa Hemisférica para crear un perímetro continental que desde 1947 se materializó en el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), desde la década de 1960 en la creación del Comando Sur, y actualmente en el proyecto del Comando del Hemisferio Occidental (que integrará a los Comandos Norte y Sur de los EE. UU.).
La centralidad de Cuba en la visión estratégica estadounidense no es un fenómeno nuevo.
En la actualidad, aunque el contexto internacional es distinto al de la Guerra Fría, la persistencia de una dictadura en Cuba continúa siendo un elemento de preocupación estratégica. No se trata de una amenaza inmediata en términos militares, sino de un factor de incertidumbre política y de potencial apertura a influencias externas en un espacio geográfico altamente sensible. Desde la lógica de Washington, anticipar y gestionar ese riesgo forma parte de una política preventiva orientada a preservar la estabilidad regional.
La reiterada referencia a principios históricos de política hemisférica, como la Doctrina Monroe, debe interpretarse menos como un gesto retórico que como la reafirmación de una visión estratégica de continuidad. Estados Unidos concibe el hemisferio occidental como un espacio prioritario de orden, previsibilidad y seguridad, donde la presencia de regímenes autoritarios constituye una anomalía estructural más que una simple divergencia ideológica.
El complejo proceso de la crisis de Venezuela tuvo un punto de inflexión en el “Caracazo” de febrero de 1989 y la caída del régimen liderado por el presidente Carlos Andrés Pérez, y una fase crítica en el conflicto social estructural entre el intento de golpe de Estado de 1992 y el ascenso al poder en el 2000 de Hugo Chávez. El denominado “bloque contrahegemónico” liderado por el Movimiento Bolivariano y codirigido por la estructura militar-social chavista y el castrismo cubano, creció en las dos primeras décadas del siglo XXI, explotando la libertad de acción derivada del aferramiento de los Estados Unidos en los escenarios de la Guerra Global contra el Terrorismo.
La captura de Nicolás Maduro se inscribe en una lógica de largo plazo orientada a reafirmar la estabilidad, previsibilidad y seguridad del entorno inmediato.
Ese escenario fue cambiando, y tras la muerte de Hugo Chávez, la correlación de fuerzas en el conflicto social y político de Venezuela entró en una situación de inestabilidad y estancamiento, que dieron marco interno a la actual intervención de EE. UU. Desde 2005, en las hipótesis de guerra del ARSOUTH (Army Southern), el componente del Ejército del Comando Sur, se manejan planes de intervención ante escenarios de guerra interna en Venezuela y Cuba.
El tablero geopolítico que se viene
Los escenarios que se despliegan en el tablero de la acción están dominados por espacios variables de incertidumbre. El cuadro dominante es el escenario de crisis, que puede resolverse en un proceso de transición ordenada con cooperación de la estructura de poder bolivariana, en un proceso de transferencia del poder bajo coerción de la fuerza militar de EE. UU., o derivar en un escenario de “estancamiento catastrófico”, que serviría de umbral a procesos de conflictos armados asimétricos. Al respecto debe tenerse en cuenta que las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas cuentan con su propia doctrina de guerra de resistencia. Entre 2005 y 2007, el presidente Hugo Chávez, en el documento “La nueva etapa, el nuevo mapa estratégico”, marcaba la aceleración de la “Nueva Estrategia Militar Nacional” con eje en los contenidos de la guerra asimétrica para responder a una agresión de los Estados Unidos. En consecuencia, el “bloque contrahegemónico” pivoteaba sobre el eje Venezuela-Cuba-Nicaragua, y se proyectaba en relación de cooperación con Rusia, China e Irán.
El complejo proceso de la crisis de Venezuela tuvo una fase crítica en el conflicto social estructural entre el intento de golpe de Estado de 1992 y el ascenso al poder en el 2000 de Hugo Chávez.
La comprensión de la respuesta de los EE. UU. implica identificar los conceptos y establecer diagnósticos viendo el panorama completo, que la Administración Trump ha manifestado en sus políticas declaratorias y en su documento Estrategia de Seguridad Nacional 2025. En este contexto, la acción sobre Venezuela puede leerse como una señal estratégica inicial. Más que un objetivo aislado, el caso venezolano establece condiciones políticas, institucionales y simbólicas para abordar desafíos más amplios en el Caribe, entre ellos la persistencia del régimen cubano. La lógica subyacente no responde a improvisación ni a voluntarismo, sino a una concepción estratégica que privilegia la prevención, la estabilidad regional y la gestión anticipada de riesgos en el entorno inmediato de Estados Unidos.
Venezuela atraviesa uno de sus momentos más delicados tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos. El hecho tuvo un gran impacto tanto a nivel interno como internacional, y agravó la crisis institucional que hace años atraviesa el país caribeño. En este contexto, el poder ejecutivo quedó en manos de Delcy Rodríguez, exvicepresidenta venezolana, y la política interna pende de un hilo.
La mandataria interina es abogada, y se perfila como una de las figuras más influyentes del oficialismo venezolano. Egresada de la Universidad Central de Venezuela, completó estudios de posgrado en derecho y política social en Europa, una trayectoria académica que luego trasladó a la gestión pública y a la diplomacia regional.
Sus inicios en la política se remontan a los primeros años del chavismo. A lo largo de las últimas dos décadas ocupó cargos clave tanto en el gobierno de Hugo Chávez como el de Nicolás Maduro. De esta forma, se consolidó como una dirigente central dentro del régimen.
Delcy Rodríguez y su recorrido dentro del chavismo previo a alcanzar la presidencia
La trayectoria de Delcy Rodríguez en el sector público venezolano se extiende por más de veinte años y está directamente vinculada al ascenso y consolidación del chavismo en el poder. Su participación en la política comenzó durante el gobierno de Hugo Chávez, cuando empezó a ocupar cargos dentro del Ejecutivo nacional, siempre en áreas cercanas a la presidencia.
Entre 2013 y 2014, Rodríguez fue ministra del Poder Popular para la Comunicación y la Información, un rol clave en un momento de transición marcado por la muerte de Chávez y la llegada de Nicolás Maduro al poder. Desde allí, se desempeñó como una de las principales voceras del gobierno y tuvo a su cargo la estrategia comunicacional oficial.
Rodriguez asumió la presidencia interina tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
En 2014 dio el salto a la política exterior al ser designada ministra de Relaciones Exteriores, cargo que ocupó hasta 2017. Durante esos años, fue una de las caras más visibles del gobierno venezolano en el plano internacional, con un discurso confrontativo frente a Estados Unidos y organismos multilaterales, y una defensa activa del Ejecutivo frente a las denuncias por violaciones a los derechos humanos y sanciones económicas.
Tras dejar la Cancillería, Rodríguez asumió en 2017 la presidencia de la Asamblea Nacional Constituyente, órgano creado por el chavismo para reordenar el sistema institucional. Desde allí, ocupó un rol central en la redefinición del poder político interno hasta 2018.
Ese mismo año fue nombrada vicepresidenta ejecutiva, cargo que mantuvo hasta su reciente asunción como presidenta. Desde la Vicepresidencia concentró varias funciones, incluyendo la coordinación del gabinete económico y, en distintos períodos, responsabilidades vinculadas al área energética y petrolera.
Su disposición para colaborar con Estados Unidos y rumores sobre su rol en la captura de Maduro
El primer pronunciamiento público de Delcy Rodríguez como presidenta estuvo dirigido tanto a la comunidad internacional como a Estados Unidos. A través de un mensaje difundido en redes sociales, la mandataria habló de paz y cooperación, y planteó la necesidad de avanzar hacia un vínculo “equilibrado y respetuoso” entre ambos países.
Delcy Rodríguez mantuvo roles centrales durante los 13 años de Maduro en el poder.
En el mensaje, Rodríguez evitó referencias directas a la captura de Nicolás Maduro y centró su discurso en la defensa de la soberanía nacional. También extendió una invitación explícita al gobierno estadounidense para trabajar en una agenda conjunta de cooperación, orientada al desarrollo y a la convivencia regional.
Además, se dirigió de manera directa al presidente Donald Trump, en el que apeló al diálogo y rechazó el conflicto como vía de resolución. La mención no pasó desapercibida, y fue leída como un intento de marcar un cambio de tono tras años de confrontación abierta entre Venezuela y Estados Unidos.
De manera paralela, y más allá de su comunicado, comenzaron a circular versiones sobre el rol que habría tenido Delcy Rodríguez en los hechos que derivaron en la captura de Nicolás Maduro, por quien el gobierno de Estados Unidos había ofrecido una recompensa de 50 millones de dólares.
Las especulaciones, compartidas por diversos medios internacionales, apuntan a la posible circulación de información clave que habría facilitado el operativo, aunque hasta el momento no existen confirmaciones oficiales ni pruebas públicas que respalden esas versiones.
El 5 de enero de 2000, una expedición del Ejército Argentino integrada por Nicolás Bernardi; Julio Dobarganes, Daniel Paz; Ramón Celayes; Luis Cataldo y Juan Brusascaal mando del entonces coronel Víctor Figueroa alcanzó el polo sur geográfico tras 39 días de marcha, concretando una de las gestas más significativas de la historia de la Antártida Argentina.
A 26 años de aquel logro, recordamos el espíritu de superación y el trabajo en equipo que permitieron izar por segunda vez la bandera argentina en el punto más austral del planeta. A diferencia de la primera expedición terrestre de 1965, que utilizó vehículos oruga con trineos de arrastre (snowcat), esta travesía se realizó íntegramente con motos de nieve, un hecho inédito a nivel mundial.
La expedición fue planificada durante dos años y conformada por especialistas cuidadosamente seleccionados en distintas áreas técnicas, científicas y operativas. Desde el inicio, los convocados aceptaron el desafío con plena conciencia de los riesgos y una fuerte motivación personal y profesional. En 1998, todos fueron destinados al Comando Antártico en Buenos Aires, donde comenzaron una preparación intensiva basada en la autonomía, la confianza mutua y la responsabilidad individual, respaldados por el liderazgo del jefe expedicionario y las autoridades antárticas.
Las dificultades fueron muchas, pero a la hora de destacar las más importantes, todos coinciden en mencionar los campos de grietas. (Fotos: archivo DEF)
Segunda expedición al Polo Sur: los obstáculos
En enero de 1999, el grupo se trasladó a la base Belgrano II, la más austral del país, donde enfrentaron un serio imprevisto logístico: el rompehielos encargado de transportar los suministros no pudo llegar a destino y debió descargar el material a más de 150 kilómetros de la base. Esto obligó a los expedicionarios a realizar durante cuatro meses un exigente traslado de combustible y equipos, recorriendo kilómetros y kilómetros en condiciones extremas, hecho que provocó un desgaste prematuro de las motos, que luego debieron ser reparadas.
Como parte de la preparación final, se desplegó una extensa red de depósitos de combustible a lo largo del trayecto hacia el Polo Sur. Se distribuyeron decenas de tambores enterrados estratégicamente para asegurar el abastecimiento durante la marcha. A pocas semanas del inicio de la travesía principal, un accidente grave, en el que un vehículo cayó en una profunda grieta con cinco tripulantes a bordo, puso a prueba la capacidad de reacción del grupo. Afortunadamente, todos fueron rescatados sin consecuencias fatales.
Equipo de expedicionarios: Víctor Figueroa, Nicolás Berardi, Ramón Celayes, Luis Cataldo, Daniel Paz, Julio Dobarganes y Juan Brusasca.
El 28 de noviembre de 1999 comenzó la travesía hacia los 90 grados de latitud sur. Durante 39 días, los expedicionarios enfrentaron un entorno extremadamente hostil, con temperaturas que descendieron hasta los 54 grados bajo cero, jornadas de marcha prolongadas, alimentación limitada y descanso precario en carpas. Debieron sortear campos de grietas, retroceder en varias oportunidades y atravesar zonas de compleja geografía, con formaciones de nieve que dificultaban el avance y exigían constantes desvíos.
El desgaste físico fue notable: todos perdieron peso y sufrieron el impacto acumulado del frío, el cansancio y la exigencia mental. En algunos tramos, el agotamiento obligó a reducir las marchas y a extremar los cuidados para evitar el enfriamiento corporal. Uno de los momentos más críticos fue una fuerte tormenta que los mantuvo siete días inmovilizados en las carpas, con visibilidad casi nula. Durante ese período, la logística interna y la cooperación fueron claves para mantener la seguridad y la moral del grupo.
La ansiedad en la recta final
A medida que se acercaban a la meta, la ansiedad aumentó. Recién en los últimos kilómetros lograron divisar las instalaciones de la base Amundsen-Scott, confirmando que el objetivo estaba al alcance. La llegada al Polo Sur fue vivida con profunda emoción y orgullo, ya que dieron sentido a todo el sacrificio y esfuerzo.
Al regreso, en la base Belgrano, esperaban al equipo con un gran asado de bienvenida, tras una travesía histórica.
Tras cumplir con los protocolos en la base estadounidense y plantar la bandera argentina, el grupo emprendió el regreso luego de algunos días de descanso y reparación del equipo. El trayecto de vuelta fue considerablemente más rápido, aunque no exento de riesgos, y culminó con una cálida recepción en la base Belgrano II.
A 26 años de la expedición, los protagonistas recuerdan la experiencia como una demostración de compromiso absoluto, liderazgo, camaradería y determinación, y rinden homenaje a quienes formaron parte de la gesta, reafirmando que la historia se construye a partir del coraje de asumir grandes desafíos.
Este año 2026 promete ser histórico para la exploración espacial internacional, con una serie de lanzamientos clave que no sólo marcarán hitos técnicos, sino que también redefinirán objetivos científicos, geopolíticos e industriales en el espacio.
Uno de los eventos más esperados es Artemis II, la misión de la NASA que llevará a cuatro astronautas en un vuelo tripulado alrededor de la Luna. Será la primera vez desde 1972 que se envía a humanos más allá de la órbita terrestre baja y servirá como prueba crítica de los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones de la nave Orión, preparando el terreno para futuros alunizajes con Artemis III y la eventual presencia humana sostenible en la Luna y más allá.
China, por su parte, avanza con ambiciones propias en la Luna. Su misión Chang’e-7 está diseñada para explorar el polo sur lunar, una región de enorme interés porque es posible que contenga hielo de agua.
La Solar Wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer (SMILE) de la Agencia Espacial Europea (ESA), que estudiará en detalle cómo el viento solar interactúa con la magnetosfera terrestre.
Encontrar y caracterizar estos depósitos no solo sería un descubrimiento científico fundamental, sino que podría facilitar misiones humanas más largas en la Luna al proveer recursos locales en vez de depender de suministros traídos desde la Tierra.
Europa y Japón también tendrán un año importante. La misión BepiColombo finalmente inserta dos orbitadores en la órbita de Mercurio, el planeta más cercano al Sol y uno de los menos explorados de nuestro sistema solar.
Estudiar su campo magnético, composición interna y entorno contribuirá a entender mejor la formación de los planetas terrestres y los procesos dinámicos extremos cerca de una estrella como nuestro Sol.
Nuevas misiones científicas y lanzadores comerciales
Otra misión crítica será la Solar Wind Magnetosphere Ionosphere Link Explorer (SMILE) de la Agencia Espacial Europea (ESA), que estudiará en detalle cómo el viento solar interactúa con la magnetosfera terrestre. Esta investigación es esencial para comprender cómo fenómenos solares pueden afectar el clima espacial, las comunicaciones satelitales y la seguridad de astronautas en misiones futuras.
En el frente de telescopios espaciales, misiones como PLATO de la ESA están programadas para lanzarse en 2026 con el objetivo de descubrir y caracterizar exoplanetas en zonas habitables alrededor de otras estrellas, ampliando nuestro conocimiento sobre la diversidad de sistemas planetarios y la posibilidad de mundos similares a la Tierra.
Este año se espera que se intensifiquen las pruebas del Starship, el cohete gigantesco de SpaceX diseñado para misiones a Marte.
Además, el impacto de lanzadores comerciales e institucionales como SpaceX y su enorme frecuencia de vuelos orbitales ya están transformando el acceso al espacio gracias a la reutilización de cohetes y a la proliferación de constelaciones de satélites. Este año se espera que se intensifiquen las pruebas del Starship, el cohete gigantesco de SpaceX diseñado para misiones a Marte y más allá, lo que representa un salto en la infraestructura de transporte espacial comercial.
Otro lanzamiento significativo será el del Miura 5, el primer cohete orbital desarrollado por España a través de la empresa PLD Space. Su éxito posicionaría a España como un actor relevante en el acceso europeo al espacio, con capacidad propia para colocar satélites en órbita baja y competir en el mercado de lanzamiento comercial.
Para la comunidad científica, estos lanzamientos significan una expansión de fronteras en múltiples frentes: desde entender mejor la formación de planetas hasta estudiar la interacción entre el Sol y la Tierra, y desde avanzar en la exploración humana de la Luna hasta preparar tecnologías que algún día podrían llevar astronautas a Marte.