El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó un nuevo reclamo contra las grandes empresas tecnológicas: que paguen completamente la electricidad de sus centros de datos, en lugar de que los costos terminen repercutiendo en las facturas de los ciudadanos estadounidenses.
Inteligencia artificial: el anuncio de Trump sobre la energía que consumen las empresas
Desde su cuenta en la red social Truth Social, Trump reforzó la idea de que la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial (IA), especialmente los centros de datos, que requieren grandes cantidades de energía eléctrica para operar las enormes granjas de servidores que procesan información en todo momento, no debe ser financiada por los consumidores a través de tarifas más altas en sus servicios públicos.
Según el mandatario, las empresas tecnológicas “deben pagar su propio camino” y no trasladar los costos energéticos a las comunidades locales.
Este anuncio se produce en medio de un debate más amplio sobre el impacto del crecimiento explosivo de la IA y la infraestructura que la respalda. Los centros de datos, que funcionan como el corazón de la era digital, almacenando y procesando datos para servicios como ChatGPT, búsquedas, redes sociales y plataformas en la nube, consumen cantidades de energía equivalentes a las de ciudades pequeñas.
Desde su cuenta en la red social Truth Social, Trump reforzó la idea de que la infraestructura que sostiene la inteligencia artificial (IA), especialmente los centros de datos.
En algunas regiones del país, esta demanda ha ayudado a aumentar las tarifas eléctricas residenciales, generando preocupación entre consumidores y políticos por igual.
Las primeras respuestas de los gigantes tecnológicos
La respuesta más visible llegó de parte de Microsoft Corporation, uno de los gigantes de la tecnología más directamente implicados. La compañía anunció una iniciativa denominada “community-first” (prioridad a la comunidad), en la cual se comprometió a actuar de forma que su consumo energético no se traduzca en un aumento de las tarifas eléctricas de los usuarios en las zonas donde operan sus centros de datos.
Para ello, Microsoft dijo que trabajará con las empresas de servicios públicos y los comisionados estatales que fijan los precios de electricidad, con el objetivo de que las tarifas reflejen de manera más precisa el consumo real de sus instalaciones.
Ese compromiso incluye asumir de manera más clara el pago de su carga sobre la red eléctrica local, colaborar en la definición de tarifas y rechazar exenciones fiscales que puedan darles ventaja sobre las comunidades circundantes.
La respuesta más visible llegó de parte de Microsoft Corporation, uno de los gigantes de la tecnología más directamente implicados.
También mencionó planes para reducir el uso de agua en sus centros, otro punto de fricción con las localidades afectadas, y promover inversiones que generen empleo local y capacitación en tecnologías de inteligencia artificial.
Este tipo de compromisos con las grandes tecnológicas pueden influir en cómo se planifican los centros de datos en el futuro y en qué medida las comunidades locales tienen voz en los proyectos de gran escala, al mismo tiempo que se abre una discusión más amplia sobre la sostenibilidad de estos desarrollos.
Queda por verse cómo se traducirán en políticas concretas las exigencias de Trump: si requerirán cambios legislativos o ajustes regulatorios y cómo responderán otras empresas tecnológicas en los próximos meses.
Varios países de Europa anunciaron el envío de tropas militares a Groenlandia, en cooperación con Dinamarca, como respuesta a las renovadas amenazas de Donald Trump sobre el futuro del territorio autónomo danés y su estratégica posición en el Ártico.
La medida es parte de una misión de reconocimiento y ejercicios militares que busca reforzar la seguridad regional y enviar una señal política frente a Washington.
A invitación de Dinamarca, que incrementó su presencia militar en Groenlandia ante las presiones externas, varios países de Europa desplegaron contingentes —incluidos especialistas militares y equipos de reconocimiento— con el objetivo de evaluar capacidades de vigilancia y defensa en el Ártico y disuadir cualquier intento de intervención unilateral.
La operación refuerza la idea de que la seguridad de Groenlandia es una responsabilidad compartida entre aliados europeos y miembros de la OTAN, la alianza militar occidental que encabeza Estados Unidos.
Francia envió a Groenlandia un primer grupo de soldados especializados en alta montaña y su presidente Emmanuel Macron anunció que este destacamento será reforzado en los próximos días con medios terrestres, aéreos y marítimos.
Por su parte, Alemania desplegó un equipo de reconocimiento de 13 soldados de la Bundeswehr como parte de un contingente más amplio que explorará posibles contribuciones militares y capacidades de vigilancia marítima, aérea y terrestre.
Estos despliegues se enmarcan en lo que se conoció como la “Operación Resistencia Ártica”, con la intención de examinar la seguridad en el Ártico y demostrar la solidaridad con Dinamarca y Groenlandia.
Operación Resistencia Ártica: los países europeos que enviaron tropas al Ártico
Además de las dos potencias europeas, otros países del viejo continente mostraron su respaldo a Copenhague. Finlandia, Noruega, Países Bajos, Reino Unido y Suecia también se sumaron a la operación militar que busca reforzar la defensa del Ártico y fortalecer la cooperación regional.
El despliegue europeo ocurre en medio de las declaraciones públicas de Donald Trump, quien ha manifestado repetidamente su interés por Groenlandia por motivos que Washington describe como de seguridad nacional y geoestrategia ártica, ante la potencial amenaza de China y Rusia en la región.
Además de Alemania y Francia, Finlandia, Noruega, Países Bajos, Reino Unido y Suecia establecerán presencia militar en Groenlandia en el marco de la Operación Resistencia Ártica.
Aunque Trump no presentó un plan formal de anexión, sus cuestionamientos a la defensa groenlandesa, así como su voluntad de incorporar la isla como territorio estadounidense, generaron alarma en Copenhague y entre sus aliados europeos, que ven estas amenazas como un desafío a la soberanía territorial de un miembro de la OTAN.
Los gobiernos de Francia y Alemania pusieron el foco en que Groenlandia es parte de Dinamarca, un miembro soberano de la Unión Europea y aliado estratégico dentro de la Alianza Atlántica.
Sin ser una confrontación directa con Estados Unidos, el despliegue militar conjunto de varios miembros de la OTAN simboliza la unión de Europa frente a los cuestionamientos a la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia y un futuro punto de disputa entre Washington y el resto de la Alianza Atlántica.
(*) Por Sergio Daniel Skobalski – Héctor Agustín Arrosio. Especial para DEF.
La progresiva erosión de mecanismos de control del Estado iraní genera un reacomodamiento estratégico que se expresa, con particular intensidad, en sus espacios fronterizos. Más que un colapso abrupto del poder central, se perfila un escenario de prolongada disputa intra-élite, con presiones identitarias, sectarias y geopolíticas, que convierten a las periferias en zonas de fricción.
En este contexto, los márgenes territoriales de Irán comienzan a operar como vectores de proyección regional, conectando dinámicas del Medio Oriente, el Cáucaso y Asia Meridional.
El arco occidental de Irán: competencia histórica y vulnerabilidad acumulada
El flanco occidental iraní se inscribe en una rivalidad de larga duración entre espacios de influencia persa y turca. La frontera compartida con Turquía representa un eje estructural de competencia regional que, en el contexto actual, adquiere una nueva densidad estratégica. Las tensiones vinculadas a poblaciones kurdas distribuidas entre Irán, Turquía, Siria e Irak conforman un corredor de inestabilidad latente, cuya activación dependerá del grado de control que conserve Teherán sobre sus provincias noroccidentales.
La progresiva erosión de mecanismos de control del Estado iraní genera un reacomodamiento estratégico en sus espacios fronterizos.
En paralelo, la evolución del escenario iraquí resulta crítica. La proyección de influencia iraní sobre Irak se ha sostenido a través de redes políticas y de seguridad que, ante un debilitamiento del centro de decisiones iraní, tienden a fragmentarse. Este proceso abre márgenes de maniobra tanto para actores sunnitas como para autoridades kurdas del norte iraquí, reconfigurando el equilibrio interno del país y alterando la profundidad estratégica de Irán en su frontera occidental.
El norte caucásico iraní: etnicidad, memoria imperial y corredores estratégicos
Por su parte, la frontera septentrional de Irán conecta directamente con el espacio caucásico, una región donde confluyen memorias imperiales, identidades transfronterizas y disputas contemporáneas por corredores de conectividad.
La relación con Azerbaiyán posee una sensibilidad particular, dado el peso demográfico y político de la población azerí dentro del propio Irán. Lejos de un impulso separatista clásico, esta comunidad ha demostrado históricamente una vocación de integración y ascensodentro del aparato estatal iraní.
El debilitamiento gradual del poder central iraní no apunta a una implosión inmediata del Estado, sino a una fase prolongada de contestación y ajuste estratégico.
A su vez, el fortalecimiento relativo de Bakú tras los conflictos recientes en el Cáucaso Sur, junto con la mayor presencia de actores externos en la región, introduce una variable adicional de presión estratégica sobre el norte iraní. La combinación entre debilitamiento de viejos equilibrios y apertura de nuevos corredores logísticos convierte a esta frontera en un espacio clave para la redistribución de influencias regionales.
El eje oriental: porosidad, militancia y convergencia de amenazas
El frente oriental de Irán se caracteriza por su elevada porosidad y por la superposición de factores étnicos, religiosos y criminales. La frontera con Afganistán, en particular, expone a Teherán a dinámicas de radicalización sunnita que el Estado iraní ha intentado contener durante décadas. La persistente fragilidad afgana convierte este límite en una fuente constante de presión estratégica, especialmente ante un eventual debilitamiento de las capacidades coercitivas iraníes.
Más al sur, la frontera con Pakistán articula insurgencias baluchas, redes ilícitas y militancia ideológica, configurando un espacio de amenaza híbrida difícil de gestionar para ambos Estados. En este sector, la interacción entre actores estatales débiles y organizaciones no estatales refuerza la lógica de inestabilidad crónica, con efectos que trascienden el ámbito estrictamente fronterizo.
Irán como espacio geopolítico disputado
El debilitamiento gradual del poder central iraní no apunta a una implosión inmediata del Estado, sino a una fase prolongada de contestación y ajuste estratégico. En este contexto, las fronteras dejan de ser simples líneas de separación para transformarse en plataformas de presión, negociación y proyección regional. Actores estatales y no estatales exploran los márgenes de la autoridad iraní, buscando tanto protección frente a la incertidumbre como oportunidades para ampliar su influencia.
En estas instancias se abre el escenario para que el conflicto se convierta en inter-estatal por medio de distintas formas de intervención militar directa.
Estas formas de conflicto intra-estatal, adquieren puntos críticos cuando se llega a un escenario de construcción social de la anarquía, y cuando los niveles de violencia escalan, de la disputa por la dominación de los ambientes geográficos, a la puesta en operaciones de dispositivos de eliminación por parte del Estado contra los actores sociales en actitud de rebelión.
En estas instancias se abre el escenario para que el conflicto se convierta en inter-estatal por medio de distintas formas de intervención militar directa: la política declaratoria de Estados Unidos ante la crisis en Irán, marca un curso en esta dirección.
En definitiva, el resultado es la configuración de Irán como un espacio geopolítico en disputa, donde confluyen dinámicas del Medio Oriente, el Cáucaso, Asia Central y Asia Meridional. Por supuesto, la evolución de este proceso tendrá implicancias directas sobre la estabilidad regional y sobre el equilibrio estratégico en una de las zonas más sensibles del sistema internacional contemporáneo.
La llamada franja marrón que se observa en el océano Atlántico no es una mancha de contaminación ni un derrame de petróleo, sino un fenómeno natural que en los últimos años adquirió una dimensión inédita y preocupante. Se trata del llamado Gran Cinturón de Sargazo, una enorme acumulación de algas pardas flotantes que se extiende desde las costas de África occidental hasta el Caribe, el golfo de México y parte de Sudamérica.
Gran Cinturón de Sargazo: el origen de la franja marrón
Las imágenes satelitales muestran esta masa como una banda continua de color marrón que atraviesa miles de kilómetros de océano y que, por su tamaño y persistencia, se convirtió en una señal de alerta para científicos y autoridades de ambos lados del Atlántico.
El sargazo es una macroalga que existe desde siempre en el Atlántico y que, en condiciones normales, cumple un rol clave en los ecosistemas marinos. Flotando en mar abierto, funciona como refugio, alimento y zona de reproducción para peces, crustáceos, tortugas y aves, además de contribuir a la producción de oxígeno a través de la fotosíntesis.
Durante décadas, estas algas se distribuyeron en parches relativamente pequeños y dinámicos. Sin embargo, desde alrededor de 2011, los científicos comenzaron a notar un cambio drástico: el sargazo dejó de dispersarse y empezó a concentrarse en una franja masiva y continua. En los últimos años, esta banda alcanzó volúmenes récord, con decenas de millones de toneladas de biomasa flotando en la superficie del océano.
Las imágenes satelitales muestran esta masa como una banda continua de color marrón que atraviesa miles de kilómetros de océano.
El impacto de la franja marrón en el ecosistema y la región
La principal preocupación no es la existencia del sargazo en sí, sino su acumulación descontrolada y sus efectos cuando llega a las costas. Impulsadas por vientos y corrientes marinas, enormes cantidades de estas algas terminan varadas en playas del Caribe, Centroamérica, el norte de Sudamérica y el sur de Estados Unidos.
Allí comienzan a descomponerse, consumiendo el oxígeno del agua y afectando gravemente a peces, corales y praderas marinas. Además, durante ese proceso se liberan gases como el sulfuro de hidrógeno, responsable de un olor intenso y desagradable que puede generar molestias respiratorias y otros problemas de salud en las poblaciones costeras.
Muchas de las regiones afectadas dependen fuertemente del turismo y la pesca. Las playas cubiertas de algas pierden atractivo, los pescadores ven alteradas sus zonas de trabajo y los gobiernos locales deben destinar millones de dólares a tareas de limpieza complejas y constantes. Retirar el sargazo no es sencillo: su peso, su mezcla con arena y residuos, y el riesgo de dañar ecosistemas frágiles hacen que cada operación sea costosa y técnicamente delicada.
El calentamiento del océano Atlántico favorece el crecimiento y la reproducción de estas algas.
La explicación de la ciencia para este fenómeno marino
Los científicos coinciden en que el crecimiento del Gran Cinturón de Sargazo responde a una combinación de factores. El calentamiento del océano Atlántico favorece el crecimiento y la reproducción de estas algas, mientras que el aumento de nutrientes que llegan al mar desde grandes ríos y actividades humanas, como el uso intensivo de fertilizantes, actúa como un acelerador de su proliferación.
A esto se suman cambios en los patrones de vientos y corrientes oceánicas, que facilitan la concentración del sargazo y su desplazamiento hacia el oeste.
En este contexto, la franja marrón del Atlántico no es una catástrofe inmediata, pero sí una advertencia clara. Es una manifestación visible de los desequilibrios que atraviesan los océanos en un planeta cada vez más afectado por el cambio climático y la presión humana. Entender este fenómeno y anticipar sus efectos se volvió clave para proteger los ecosistemas marinos, la salud de las poblaciones costeras y las economías que dependen del mar.
Mientras Donald Trump sigue enfocado en los recursos energéticos convencionales y anuncia que Estados Unidos tomará el control de los estratégicos activos petroleros venezolanos, en su gobierno se cocinan nuevas alianzas para blindar la cadena de suministros de la Inteligencia Artificial (IA). El dominio de la IA es clave para impulsar la economía de la cuarta revolución industrial.
La “construcción de un ecosistema seguro, resiliente e impulsado por la innovación” es el objetivo estratégico enunciado por la iniciativa conocida como Pax Silica. Anunciada el pasado 12 de diciembre en la Casa Blanca, la propuesta cuenta actualmente con la participación de EE. UU., el Reino Unido, Israel, Japón, Corea del Sur, Singapur, Países Bajos, Qatar y Emiratos Árabes Unidos; mientras que, próximamente, se incorporará la India. Desde Washington también destacaron las “contribuciones esenciales” de Taiwán.
La firma de la declaración que dio vida a la Pax Silica, con presencia de EE.UU. y sus siete aliados iniciales.
Estados Unidos y la protección del ecosistema que alimenta la IA
“Así como el siglo XX funcionó sobre la base del petróleo y el acero, el siglo XXI funcionará gracias a la informática y a los minerales que la alimentan”, afirmó el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos de EE. UU., Jacob Helberg, al anunciar el lanzamiento de la Pax Silica. El funcionario ha sido el encargado de tejer los acuerdos para concretar esta iniciativa del gobierno Trump, que pretende asegurar los suministros de las materias primas, los semiconductores y la infraestructura necesaria para el desarrollo de la Inteligencia Artificial.
En la conferencia posterior al anuncio, Helberg dijo que para garantizar una “verdadera seguridad económica”, su país necesita “forjar nuevas conexiones con socios confiables y proveedores comprometidos con prácticas justas de mercado”. El objetivo es asegurar un ecosistema estable, desde la provisión de los insumos, pasando por el diseño y la fabricación de las obleas de silicio, hasta la litografía y los procesos de manufactura de los microchips más avanzados. “Estamos creando el tipo de coalición que necesitamos para lograr progresos significativos en las cadenas de valor”, señaló Helberg, quien recordó que el control de la IA también repercutirá en la fortaleza militar de los países.
EE.UU. y sus aliados buscan garantizar una cadena de suministros segura para el desarrollo de la inteligencia artificial.
Inteligencia artificial: la competencia de China y su plan “AI Plus”
A nadie escapa que esta alianza que busca forjar Washington es en clave anti-China. En su Plan Quinquenal (2025-2030), el gigante asiático deja claro su objetivo de alcanzar la “autosuficiencia tecnológica”. En ese contexto, lanzó su plan “AI Plus”, que se propone incorporar a la Inteligencia Artificial a todos los ámbitos de la economía para impulsar su productividad.
En ese horizonte más cercano, Pekín apunta al desarrollo propio de chips, software y hardware, así como la implementación de entre tres y cinco modelos generales de IA en la industria manufacturera para 2027. También se espera, para el año próximo, una penetración de la IA superior al 70% en nuevos dispositivos inteligentes. La meta para 2030 es que el 90% de su economía esté integrada en la IA.
China está confiado en alcanzar su autoabastecimiento de semiconductores y liderar la carrera por la IA en los próximos años.
A mediados del año pasado, en plena escalada de la guerra comercial con EE. UU., las principales empresas del sector en China anunciaron la creación de la Model-Chip Ecosystem Innovation Alliance. La integran Huawei, Biren Technology, Moore Threads y StepFun, esta última desarrolladora de modelos lenguaje de gran tamaño (LLM, sigla en inglés), una herramienta clave en el entorno de la IA.
El regreso anticipado de los astronautas evacuados de la Estación Espacial Internacional (EEI) no solo activó protocolos médicos de rutina, sino que también abrió una ventana científica única. Como ocurre tras cada misión prolongada, el aterrizaje marcó el inicio de un exhaustivo seguimiento clínico y biológico para entender cómo el cuerpo humano responde a meses en microgravedad.
Esta vez, los resultados volvieron a confirmar algo que intriga a la ciencia desde hace años: el espacio no solo debilita al organismo, también puede producir cambios asociados a una suerte de “rejuvenecimiento” celular temporal.
Los resultados médicos que arrojaron tras la evacuación
En las primeras horas tras la evacuación, los astronautas fueron sometidos a rigurosos estudios cardiovasculares, neuromusculares y sanguíneos. Los médicos detectaron los efectos esperables de la vida en órbita: pérdida de masa muscular y ósea, alteraciones en el equilibrio y una redistribución de los fluidos corporales que suele provocar inflamación facial y cambios en la presión intracraneal.
Nada de eso resultó inesperado ni fuera de los parámetros previstos por las agencias espaciales.
En las primeras horas tras la evacuación, los astronautas fueron sometidos a rigurosos estudios cardiovasculares, neuromusculares y sanguíneos.
Sin embargo, los análisis más finos se dieron a nivel celular y molecular. Las muestras de sangre mostraron modificaciones en la expresión genética vinculadas al sistema inmunológico y al metabolismo.
En particular, volvió a observarse un fenómeno que ya había sido documentado en misiones anteriores: el alargamiento de los telómeros, las estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y que, en la Tierra, tienden a acortarse con el envejecimiento.
Por qué algunos cambios biológicos en el espacio se asocian a un rejuvenecimiento temporal
Durante la estadía en el espacio, esos telómeros parecieron extenderse, un cambio asociado a células biológicamente “más jóvenes”.
La explicación no es simple ni definitiva. Los científicos creen que la combinación de microgravedad, dieta controlada, ejercicio intenso y una exposición distinta a la radiación provoca un estrés celular que obliga al organismo a activar mecanismos de reparación y adaptación.
Los resultados volvieron a confirmar algo que intriga a la ciencia desde hace años: el espacio no solo debilita al organismo, también puede producir cambios asociados a una suerte de “rejuvenecimiento” celular temporal.
En ese proceso, algunos marcadores biológicos se comportan como si el cuerpo estuviera retrocediendo momentáneamente en su reloj interno. No se trata de una fuente de juventud, aclaran los especialistas, sino de un efecto transitorio: una vez de regreso a la Tierra, la mayoría de esos telómeros vuelve a acortarse en pocas semanas.
Además del ADN, se detectaron cambios en el sistema inmunológico que, paradójicamente, mostraba señales de mayor eficiencia en ciertos parámetros. Al mismo tiempo, se observaron alteraciones en la microbiota intestinal, otro campo de creciente interés científico, que podría influir tanto en la inflamación como en la longevidad celular.
Durante un sermón transmitido por la radio estatal en Teherán, el miembro de la Asamblea de Expertos y del Consejo de Guardianes, Ahmad Jatamipidió la muerte de quienes participaron en las protestas contra el régimende Irán desde fines de diciembre de 2025 y confrontó con las advertencias de Donald Trump de una posible intervención militar.
Durante un sermón transmitido por la radio estatal en Teherán, Jatami calificó a los manifestantes de “hipócritas armados” y de colaborar con fuerzas externas, presuntamente de Estados Unidos e Israel.
Los dichos del clérigo Ahmad Jatami cobran relevancia al tratarse de una figura conservadora estrechamente alineada con el líder supremo iraní, Alí Jamenei, y con un alcance considerable para ciertos sectores de la sociedad todavía alineados con la lógica político-religiosa iraní.
El clérigo y funcionario clave del régimen de Irán, Ahmad Jatami, exigió “penas ejemplares” para los detenidos que participaron de las protestas.
Jatami también detalló, según cifras oficiales, los daños causados durante las protestas, afirmando que centenares de mezquitas, hospitales y vehículos de emergencia habían sido destruidos, un balance que coincide con la narrativa oficial que busca justificar una respuesta firme contra los disidentes.
Las declaraciones suponen una escalada de la clase política iraní en un momento de fuerte represión y aislamiento informativo, al mismo que se esperaba una desescalada en la postura del régimen de los Ayatolás contra los manifestantes.
Las advertencias de Trump sobre la situación iraní
La exigencia de ejecuciones se produce en un contexto en el que Donald Trump había advertido que la pena de muerte y el asesinato sistemático de manifestantes serían una “línea roja” que podría desencadenar acciones más firmes por parte de Estados Unidos, incluyendo sanciones o medidas diplomáticas más severas.
Trump y sus funcionarios con injerencia en la política exterior mostraron su preocupación por la creciente cifra de detenidos y muertos, y por el momento decidieron imponer sanciones económicas y expresaron su apoyo a los defensores de derechos humanos en el país.
Las declaraciones de funcionarios del régimen de Ayatolás confrontan con las advertencias de Donald Trump de una intervencion militar si aumentan las ejecuciones y muertes por represión.
Las protestas en Irán estallaron el 28 de diciembre de 2025, inicialmente por cuestiones económicas, pero rápidamente se convirtieron en manifestaciones masivas contra el régimen y su liderazgo teocrático. El gobierno respondió con una represión intensa, que incluyó el corte de internet y comunicaciones, además de más de 16.000 detenciones masivas y uso de fuerza letal, que le costó la vida a al menos 3.428 personas.
En este complejo marco, la demanda de ejecuciones de manifestantes formulada por el clérigo Ahmad Jatami y respaldada por sus seguidores marca un nuevo capítulo de la inestabilidad que atraviesa el régimen de Irán, en medio de presiones internas y la advertencia de intervención por parte de Estados Unidos.
Cerca de cumplir su primer año de mandato, la segunda presidencia de Donald Trump puede ostentar los éxitos diplomáticos en Medio Orientey la proyección de su poderío militar en el Caribe, con la reciente captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, la Casa Blanca enfrenta las consecuencias de sus políticas en lo profundo del país, con dos estados en demanda judicial contra la administración federal.
Quiénes demandan a la administración de Donald Trump
Minnesota e Illinois criticaron las medidas que amplían las facultades de detención y deportación, así como incentivos para que las fuerzas locales colaboren con agencias federales de inmigración, alegando que esto socava la seguridad pública, la cohesión familiar y los recursos estatales destinados a servicios sociales y de justicia.
La demanda, presentada ante una corte federal, sostiene que las políticas impuestas por Trump como la deportación masiva y el despliegue territorial del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) exceden la autoridad constitucional del Ejecutivo y generan una carga indebida para los estados demandantes.
Desde el comienzo de su segundo mandato, Donald Trump intensificó las políticas migratorias y desplegó Servicio de Control de Inmigración y Aduanas que protagonizó redadas en todo el territorio estadounidense.
Las demandas de Minnesota e Illinois se centran en tres ejes claves:
Violentan la Constitución de los Estados Unidos, en particular procedimientos de debido proceso y la separación de poderes.
Desfinancian servicios esenciales, como educación, salud pública y servicios legales para inmigrantes.
Exponen a los estados a costes adicionales por la detención y gestión de personas en procesos migratorios complejos.
Minnesota e Illinois argumentan también que la administración Trump tomó decisiones que corresponden al ámbito legislativo y regulatorio, y que la ausencia de supervisión del Congreso convierte las medidas en inconstitucionales.
Por otro lado, la muerte de Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años residente en Minneapolis, aceleró los reclamos en el estado de Minnesota. El caso investiga la fuerza letal ejercida por un agente del ICE.
La política migratoria de Estados Unidos bajo disputa interna
La demanda cuestiona varias acciones y directivas del gobierno federal, entre ellas la ampliación de causas de deportación que incluyen categorías nuevas de migrantes sujetos a detención y las restricciones a asilos y protecciones humanitarias que violan la legislación internacional.
Recientemente, Estados Unidos puso fin al estatus de protección temporal (TPS) para Somalia, lo que afecta a miles de somalíes que viven actualmente en el país y a cientos que residen en Minnesota bajo esta protección.
El asesinato de Renee Good durante una redada del ICE en Minneapolis causó un terremoto político que derivó en la demanda de Minnesota e Illinois contra la adminsitración Trump.
El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de los Estados Unidos (UCIS) reportó que hay 2.471 ciudadanos somalíes actualmente en Estados Unidos bajo TPS, y 1.383 en el país con solicitudes pendientes. Washington puso como plazo para su salida del territorio el 17 de marzo.
El caos generado por las políticas migratorias abre un nuevo conflicto y pone presión sobre los republicanos en un año que estará marcado por las elecciones de medio término, que fueron fijadas para el mes de noviembre.
La decisión de Minnesota e Illinois de demandar al gobierno de Trump por sus políticas migratorias contribuye a la creciente polarización política en torno a la inmigración en Estados Unidos y abre un impensado frente judicial que podría condicionar la campaña electoral.
Especial para DEF – Por el Capitán Médico Agustín Folgueira, especialista en Neurología / Medicina del Sueño. Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad de la Defensa Nacional.
La planificación militar moderna suele priorizar el calibre de la munición, la autonomía de losvehículos o la sofisticación de las comunicaciones y de los sistemas de puntería, entre otros muchos factores. Sin embargo, el pasado 3 de enero, durante la operación “Resolución Absoluta“, en Venezuela, entró en juego un sistema de armas mucho más complejo y determinante: el cerebro del combatiente.
En ese sentido, como académicos e investigadores en rendimiento militar, desde la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) observamos que este operativo no solo fue un choque de fuerzas, sino un ensayo natural de cronobiología aplicada porque, sin lugar a duda, el descanso probablemente se convirtió en el multiplicador de fuerza decisivo.
En el horario en que se concretó “Resolución Absoluta”, el personal militar se encontraba en lo que se denomina el “nadir circadiano”.
El punto crítico: el nadir de las 3 de la mañana
Las funciones del ser humano están regidas por ritmos circadianos, unos ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas, coordinados por el núcleo supraquiasmático del hipotálamo del sistema nervioso central. Tanto el sueño, como la temperatura, la actividad cardiovascular y las funciones cognitivas presentan este ritmo como mecanismo adaptativo a la vida en el planeta, con un nivel de rendimiento físico y mental elevado durante el día y reducido por la noche.
Cuando se llevó adelante el operativo, por la madrugada (entre las 2 y las 4.30 horas), el personal militar se encontraba en lo que denominamos el “nadir circadiano”: el punto más bajo de la temperatura corporal central y de la eficiencia cognitiva.
En ese horario, la presión del sueño (somnolencia) alcanza su máximo exponente: operar en esta ventana temporal sin una preparación adecuada equivale a combatir bajo los efectos de una intoxicación alcohólica. Es decir, está demostrado que permanecer despierto por más de 17 horas, genera un nivel de alerta similar al que se presenta con una intoxicación moderada por alcohol (0,5 g/l).
Probablemente, una de las claves de la operación “Resolución Absoluta” haya sido la asimetría de descanso entre las fuerzas.
Al respecto, las investigaciones de la UNDEF, junto al Colegio Militar de la Nación y las Tropas de Operaciones Especiales del Ejército Argentino (Cazadores de Montaña), demostraron que la privación de sueño degrada la atención sostenida de tal manera que un soldado puede experimentar microsueños; es decir, desconexiones cerebrales de pocos segundos donde el individuo parece estar alerta, pero su cerebro ha dejado de procesar información visual y auditiva.
En un entorno de combate, esos cinco segundos son la diferencia entre identificar una amenaza o caer en una emboscada.
La asimetría biológica: atacante vs. defensor
Probablemente, una de las claves de la operación “Resolución Absoluta” haya sido la asimetría de descanso entre las fuerzas, bajo la óptica de la ventaja del atacante descansado: las tropas en actitud defensiva suelen sufrir una vigilia prolongada debido a la tensión de la espera, la vigilancia constante o fallas en el sistema de rotación de guardias.
En resumen, un defensor que permanece despierto más de 18 o 20 horas, presenta una corteza prefrontal (la zona del cerebro encargada del juicio crítico y la toma de decisiones) severamente fatigada. Lo cual se traduce en una incapacidad severa para mantener la atención sostenida y procesar órdenes complejas, tomar la decisión correcta y una ralentización de los tiempos de reacción motora y de atención sostenida.
En Venezuela, entró en juego un sistema de armas mucho más complejo y determinante: el cerebro del combatiente.
Por el contrario, si la fuerza atacante ejecutó una planificación detallada e implementó estrategias de gestión de riesgos asociados a la fatiga -como las elaboradas en el “Manual de gestión de sueño y riesgos asociados a la fatiga para las Fuerzas Armadas”, de UNDEF- su rendimiento será superior al adversario, incluso sin considerar la superioridad tecnológica.
La aplicación de “siestas tácticas” preventivas (breves periodos de sueño de 20 a 90 minutos previos al despliegue) permiten limpiar la acumulación de adenosina en el cerebro, devolviendo al soldado una capacidad de discriminación de blancos que el defensor ya perdió.
Capacidad Cognitiva
Atacante (Con Siesta Táctica)
Defensor (Vigilia Prolongada)
Tiempo de Reacción
Óptimo: <250 ms.
Degradado: >500 ms (doble de tiempo).
Precisión de motilidad
Mantiene control motor fino.
Disminución de precisión y puntería.
Juicio y toma de decisiones
Alta discriminación amigo/enemigo.
Alta probabilidad de errores de juicio.
Comunicación
Clara, uso de protocolos estándar.
Errores en la interpretación de órdenes.
Cronobiología: el sueño como arma en la operación “Resolución Absoluta”
Para que un operativo de esta magnitud sea exitoso, los mandos militares deben valorar al sueño como una función logística más. Durante “Resolución Absoluta”, eventualmente el uso estratégico de sustancias estimulantes (como la cafeína administrada antes del momento circadiano de menor rendimiento), puede servir como una contramedida temporal para mitigar la inercia del sueño, aunque nunca como un sustituto del descanso real. La degradación del rendimiento físico es notable, pero la degradación cognitiva es catastrófica.
El operativo que se realizó en Venezuela no solo fue un choque de fuerzas, sino un ensayo natural de cronobiología aplicada.
Un soldado fatigado no solo dispara peor; lo que es más grave, deja de entender por qué dispara. Pierde la conciencia situacional y la capacidad de trabajar en equipo, transformándose en un eslabón débil en la cadena de mando. Entonces, se puede especular que el éxito en la operación que Estados Unidos llevó a cabo en Venezuela, “Resolución Absoluta”, no estuvo signada únicamente por el valor, el entrenamiento y la superioridad tecnológica, sino también por quién gestionó mejor su fisiología.
Una mirada estratégica sobre el cerebro del combatiente
A propósito, y consultado para este artículo, el Secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de la UNDEF, coronel (retirado) y Veterano de Guerra de Malvinas (condecorado con la medalla “La Nación Argentina al Valor en Combate” por su actuación en las Islas), doctor Daniel Esteban, destacó que la operación “Resolución Absoluta” permite extraer una enseñanza particular: la superioridad combativa no se define exclusivamente por la tecnología, el armamento o el entrenamiento; hay que mantener una adecuada gestión del sueño y la fatiga.
Un soldado fatigado no solo dispara peor; lo que es más grave, deja de entender por qué dispara.
Para él, la cronobiología, tradicionalmente relegada al ámbito de la salud o el bienestar, emerge aquí como un factor operativo concreto, capaz de inclinar el balance táctico en escenarios de alta exigencia. En este contexto, detalla que una asimetría de descanso entre atacante y defensor puede convertirse en una ventaja estratégica, especialmente cuando una de las partes logra mitigar la fatiga mediante doctrinas de gestión del sueño y contramedidas planificadas.
En esa línea, el coronel Esteban es contundente: el descanso deja de ser una variable secundaria para constituirse en un recurso logístico y doctrinario de primer orden. Por eso, explica que incorporar la gestión del sueño al planeamiento operativo no solo incrementa la eficacia individual, sino que fortalece la cohesión de la cadena de mando, reduce errores de juicio crítico y preserva la conciencia situacional en momentos decisivos.
De hecho, en el campo de batalla moderno, donde la velocidad de la información y la precisión de las decisiones son vitales, quien logra sostener la lucidez cuando el reloj biológico ordena dormir posee una ventaja tan real como cualquier sistema de armas avanzado.
En definitiva, la ciencia del sueño se aprecia como un multiplicador de fuerza, por lo que integrarla de manera sistemática en la formación, el adiestramiento y la conducción de operaciones constituye un desafío ineludible para las Fuerzas Armadas del siglo XXI. Además de una oportunidad estratégica para optimizar el rendimiento humano en condiciones extremas.
La reciente evacuación médica realizada desde la Estación Espacial Internacional(EEI) marcó un antes y un después en la historia de la exploración espacial tripulada. Por primera vez, desde que la EEI comenzó a operar de manera permanente hace más de dos décadas, una misión fue interrumpida y la NASA tuvo que adelantar su regreso a la Tierra por un problema de salud detectado entre los astronautas en órbita.
El operativo, liderado por la NASA junto a sus socios internacionales, dejó en evidencia tanto los riesgos que aún implica la vida en el espacio como el nivel de preparación alcanzado para enfrentar situaciones extremas.
NASA: por qué se activó el protocolo de evacuación médica en la EEI
El episodio ocurrió durante la misión Crew-11, integrada por astronautas de Estados Unidos, Japón y Rusia, que había llegado a la estación en agosto de 2025 con una estadía prevista de seis meses. En los primeros días de enero de 2026, los equipos médicos en tierra detectaron un evento de salud en uno de los miembros de la tripulación.
Aunque la agencia espacial no divulgó detalles sobre la identidad del astronauta ni sobre el cuadro clínico, sí confirmó que la persona se encontraba estable y bajo monitoreo permanente. Aun así, los especialistas consideraron que lo más prudente era realizar una evacuación para permitir evaluaciones médicas completas en la Tierra, algo imposible de llevar a cabo en microgravedad.
El episodio ocurrió durante la misión Crew-11, integrada por astronautas de Estados Unidos, Japón y Rusia.
La decisión activó un protocolo que, aunque pocas veces utilizado, está contemplado desde el diseño mismo de la estación. La EEI cuenta siempre con al menos una nave acoplada que funciona como cápsula de escape. En este caso, se utilizó una Crew Dragon de SpaceX. El 14 de enero se cerraron las escotillas, se realizaron las verificaciones de rutina y, horas más tarde, la cápsula se desacopló de la estación.
Paso a paso, cómo fue el operativo de regreso de los astronautas a la Tierra
El viaje de regreso duró alrededor de once horas, incluyendo la maniobra de desorbitación, la reentrada a la atmósfera y el amerizaje final en el océano Pacífico, frente a la costa de California.
Tras el descenso, los cuatro astronautas fueron asistidos de inmediato por equipos médicos y de rescate. El tripulante que motivó la evacuación fue trasladado para estudios adicionales, mientras que el resto del equipo inició el proceso habitual de readaptación a la gravedad terrestre, un desafío físico luego de más de cinco meses en el espacio.
El viaje de regreso duró alrededor de once horas, incluyendo la maniobra de desorbitación, la reentrada a la atmósfera y el amerizaje final en el océano Pacífico, frente a la costa de California.
Según la información oficial, todos se encontraban en buen estado general, aunque seguirían bajo observación durante los días posteriores.
Mientras tanto, la vida a bordo de la EEI continuó, aunque con cambios. La salida anticipada de la Crew-11 obligó a reducir temporalmente la dotación de la estación y a reorganizar las tareas. Varias actividades científicas y caminatas espaciales previstas fueron postergadas hasta la llegada de la próxima misión, programada para febrero. Aun así, los sistemas críticos de la estación permanecieron operativos y bajo control.