En diálogo con DEF, Carlos Merenson, director nacional de Biodiversidad de la Secretaria de Ambiente de la Nación, analizó el panorama de nuestro país en materia de diversidad biológica y abogó por la necesidad de modificar estilos de vida y abrazar una agenda de desarrollo sostenible.
Correr en Londres por los 44 del ARA San Juan
Oriunda de El Bobadal, una localidad del Departamento Jiménez, en la provincia de Santiago del Estero, la cabo Pamela Constansa Verón afirma que sus dos grandes pasiones son la aviación y el competir en carreras de obstáculos. En una de estas carreras, quedó clasificada en el Campeonato Mundial de Carreras de Obstáculos (OCR World Championships) en Londres, una dura competencia de 15 kilómetros en la que se deben superar más de cien escollos, y deportistas de todo el mundo ponen a prueba sus destrezas. Así fue como, sin haberlo planificado, viajó al Reino Unido, con una promesa.
Esta no fue una carrera más. Llevaba puesta una remera con la última foto que se sacó con vida su primo, David Melián, uno de los 44 tripulantes del ARA San Juan, submarino que desapareció el 15 de noviembre de 2017. También llevó a Londres una bandera que mantuvo junto a ella en todo momento con la imagen de los 44 marinos del ARA y la de las Islas Malvinas. “Para que no queden en el olvido nuestros héroes”, manifestó a DEF, en una entrevista en la que contó los detalles de su tributo.
– ¿Cómo surgió tu pasión por correr?
-Yo formo parte del Ejército Argentino como mecánica de aviación, entré en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral en el año 2013. Ahí, ni bien entré, me incorporé al equipo de atletismo los dos años que estuve estudiando, porque rendí muy bien la carrera de obstáculos. Después me egresé y empecé haciendo algunas carreras de 10 km, 8 km, sin obstáculos, acá en Buenos Aires. Después probé una de 8 km con obstáculos, a la que me animé así de una y me fue bien. Tanto me gustó, que desde que me egresé, todos los años hasta el día de hoy compito y sigo corriendo. Lo hago como hobby.
– ¿Y cómo llegaste a clasificar en el campeonato mundial? ¿Y cómo se te ocurrió el homenaje a los tripulantes del ARA San Juan?
– Fue gracias a una de esas carreras de 5 km en Florencio Varela, con obstáculos bastante duros, que yo no sabía que era clasificatoria. Así, quedé para el mundial de carrera con obstáculos, competencia que, dicho sea de paso, no sabía que existía. Entonces, empecé a investigar cómo era, dónde era. Justo antes de esa competencia, había desaparecido el submarino ARA San Juan, con el cabo principal de la Armada David Melián entre sus 44 tripulantes, que era más que un primo para mí. Nosotros somos de un pueblo muy chiquito de Santiago del Estero, de El Bobadal, donde nos conocemos todos y de ahí lo conozco, desde que éramos niños. Aunque somos primos no tan cercanos, siempre nos veíamos en las vacaciones, porque él se vino a vivir a Buenos Aires. Lo que pasó con el submarino nos pegó mucho, a todo el pueblo y a toda mi familia, fue una noticia muy triste.
– ¿Qué recuerdo tenés de David?
– El último recuerdo que tengo de él fue en las vacaciones, en Bobadal, en un baile que se hace allá, donde va toda la familia. La última vez que lo vi fue ahí. Lo saludé, me acuerdo que hablamos un poco del Ejército, de la Armada, de que su hermano que había entrado, uno de los más chicos, y después ya no lo vi más.
– ¿Cómo era él?
– Era como toda persona de pueblo, humilde, él vivía en un pueblo mucho más chico que Bobadal, alejado de lo que es la urbanización del pueblito, y le costó bastante todo, salir adelante, y conseguir su sueño, y después pasó lo que pasó.
– ¿Cuándo tomaste la decisión de llevar a David y a los 44 con vos al mundial?
– En la carrera de Florencio Varela yo decidí hacerles un homenaje a los 44 tripulantes del ARA San Juan. Hice una bandera, que llevé toda la carrera, encima la tenía en el cuello, se me mojaba, se me hacía para atrás, me la ponía en la boca, y fueron en total 5 km de obstáculos así, con la bandera argentina con un dibujo del submarino ARA San Juan y el de las Islas Malvinas. Después de una semana, se comunicaron conmigo los de la organización de la carrera, y me dijeron que había clasificado para el Campeonato del Mundo de Carreras de Obstáculos, porque había obtenido un muy buen puesto en la categoría general, donde quedé entre los cinco primeros mejores tiempos. Ahí empecé a averiguar qué era esta competencia, que finalmente se hizo en Londres entre el 19 y el 21 de octubre, tres días a puro obstáculos. Fue ahí donde hice la promesa de correr con la bandera.
– ¿Cómo siguió tu día a día después de saber que competirías en el mundial de la carrera de obstáculos?
– Primero empecé a buscar cómo ir, me di cuenta de que era un presupuesto muy importante, que me tenía que bancar todo yo, pero tenía que cumplir mi promesa y dije: “Bueno, como sea voy a ir a Londres, vendiendo empanadas o lo que sea, voy a viajar y voy a hacer el homenaje allá”, donde yo sabía que habría personas de todos lados, muchísima gente de muchos países y quería que todos pudieran ver el homenaje que yo estaba haciendo, para que no quedaran en el olvido nuestros héroes del ARA. Inmediatamente me puse a ahorrar, dejé de comprarme cosas, saqué un préstamo. Fue muy emocionante porque Lourdes Melián, la hermana de David me regaló la remera con la que corrí.
– ¿Cómo fue la experiencia en el Reino Unido?
– Ni bien puse un pie en Londres me largué a llorar, fue muy emotivo, estaba en el aeropuerto, y no lo podía creer, ahí recién caí en la realidad de todo lo que me estaba pasando. Estuve como dos horas hasta que se me pasaron los nervios, fui completamente sola. La remera no era para correr, y por ser de algodón me pesó muchísimo, y más llena de barro. Había conocido a unos chicos allá en Londres que me decían: “Mirá, tenemos esta camiseta, corré con esta, sacate una foto con la remera del ARA y usá esta que es apropiada para el desafío deportivo” y yo les dije que de ninguna manera, la promesa mía era correr con la remera, llegar con ella a la meta. Lourdes la había hecho con la última foto que se había sacado David unas semanas antes de embarcar al ARA San Juan, en Ushuaia.
-¿Cómo viviste la carrera?
-Fueron 15 km con más de cien obstáculos, muchísimos, tremendos, de mucha dificultad, muy distintos a los de Buenos Aires. En la carrera, hubo momentos en los que quería aflojar, pero seguía por David. Miraba para abajo, veía y tocaba su foto en la remera y él me daba fuerzas para seguir, superando uno por uno cada obstáculo que se me presentaba. Había un cartel que marcaba la distancia en el tercer kilómetro y luego nada, no había carteles, y ya no sabía en qué kilómetro iba, estaba perdida. Finalmente vi “Km 12”, y ahí me di cuenta que ya estaba, faltaban tan solo tres kilómetros, no quedaba nada. El último obstáculo, que fue una rampa así bastante alta, no sé de donde saqué las últimas fuerzas, pero lo pasé y del otro lado vi el arco de llegada. No lo podía creer. Ahí miré al cielo y no recuerdo haber visto nada, estaba blanco el frente, y nunca vi que dijera “Finish”, es decir “llegada”, me agarré el pecho, me largué a llorar de la emoción, y cuando me pusieron la medalla no sabía para dónde ir.
– ¿Cómo saliste en la carrera?
– De 90 competidores de mi categoría, que es de 25 a 29 años, quedé décima. Estoy bastante contenta con el tiempo que hice.
– ¿Qué repercusión tuvo tu participación en Argentina?
-Cuando desde la organización OCR (que lleva adelante el mundial) me facilitaron las fotos, se las mandé a una amiga que vive conmigo acá en Buenos Aires. Ella las subió al Facebook, y se empezaron a viralizar. Cuando regresé a Argentina ya estaban en todos lados. No me esperaba ningún reconocimiento, es algo que hice sin ningún interés, era una promesa mía, que me costó mucho esfuerzo, pero valió la pena.
– ¿Qué consejo le darías a los jóvenes para poder alcanzar sus sueños?
– Creo que siempre que tuve un sueño, una meta, la trataba de conseguir, siempre hacía cosas sin olvidar mi sueño, siempre tratando de progresar, de salir adelante, varias veces también me caí, porque no es que es todo fácil, yo como tantos que estamos en el Ejército no venimos de familias con mucho dinero, nos cuestan muchos las cosas, pero se pueden lograr, con sacrificio y con voluntad. Esto era algo civil, un hobby, pero yo igual llevé la bandera, me puse el escudo de mí Unidad (Dirección de Aviación de Ejército) porque tengo sentido de pertenencia, me gusta el Ejército.
– ¿Qué repercusión tuvo en la familia de David tu homenaje en el mundial?
– Hice un video justo después de correr, exclusivamente para la hermana de David y para las familias de los 44 tripulantes del ARA San Juan. Ella mostró el video, superemocionada, me escribió en ese momento, al otro día, me lo agradecía, y yo le decía que no tenía nada que agradecerme, lo quise hacer no solo para David, sino para todos ellos.
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La Defensa en tiempos del Virreinato
Corría el año 1806 y aún dependíamos de la corona española, cuando Inglaterra –sabiendo las escasas y poco preparadas fuerzas militares que había en Buenos Aires– decidió enviar sus tropas para conquistarnos y, de no ser por la rápida y decidida reacción de los porteños, hombres y mujeres civiles que se armaron con lo que tenían a mano (piedras, aceite caliente, etc.) para repeler a las tropas invasoras, seguramente nos hubieran reducido a una colonia más del otrora poderoso Imperio británico.
Pese a lo extremadamente traumática y peligrosa que fue aquella primera invasión, apenas un año después, en 1807, las tropas anglosajonas volvieron a atacar la capital del Virreinato del Río de la Plata y, ante la carencia de fuerzas propias, nuevamente tuvieron que ser los vecinos quienes se enfrentaron a los invasores para evitar que Gran Bretaña ocupara nuestro territorio y nos impusiera sus leyes, religión, etc.

Tratando de contextualizar el marco histórico en el que se dieron estas dos invasiones, sería justo decir que la primera ofensiva británica, la de 1806, sorprendió a las autoridades españolas y de otras potencias de entonces, como Francia y Holanda, quienes no imaginaban que Inglaterra usaría su poderío militar para atacar estas tierras con el fin de anexarlas a sus dominios de ultramar.
Cabe consignar que, con anterioridad a los sucesos de 1806, Gran Bretaña nunca había hecho ningún tipo de reclamo a España por la soberanía de sus dominios en América. No obstante, aún hoy resulta difícil comprender por qué las autoridades españolas ‒tras haber sufrido la pérdida de muchas vidas y la destrucción de propiedades públicas y privadas en Buenos Aires durante la primera invasión inglesa‒ no tomaron medidas urgentes para reforzar las fuerzas militares locales con el fin de proveer una mejor defensa y así evitar la repetición de un eventual segundo ataque externo, como el que sobrevino en el año 1807, otra vez de parte de los británicos.
1810: nacen la Patria y su Ejército
La imprevisión e irresponsabilidad de las autoridades españolas que no contaban en Buenos Aires con fuerzas armadas más potentes, expuso a un alto riesgo la vida, la libertad y los bienes de los habitantes de estas tierras.
De acuerdo con destacados historiadores, entre ellos Félix Luna, fue en parte a raíz de las invasiones inglesas que se aceleró la gestación de un movimiento local para independizarnos de España, que se materializó en la Revolución de Mayo de 1810.

Así, el 25 de mayo de aquel año, se constituyó la Primera Junta de Gobierno con autoridades criollas, quienes habían sufrido –en carne propia o de sus familiares– la angustiante experiencia de ver pocos años antes a las tropas británicas penetrando en Buenos Aires para instaurar un nuevo régimen colonialista, matando o apresando a todo aquel que se opusiera, además de destruir viviendas y reparticiones públicas.
Cuatro días después de proclamar la autonomía de España, el 29 de mayo de 1810, los miembros de la Primera Junta formalizaron la creación del Ejército Argentino, con el objeto de asegurar la defensa de la libertad y soberanía territorial.
Aunque había sufrido dos invasiones militares extranjeras en la propia capital, el grueso del pueblo no había asimilado adecuadamente la dimensión de los riesgos que se presentaban para la incipiente nación, tan rica en territorio y recursos naturales. Estas características contribuyeron a tentar a varias potencias extranjeras, siempre atentas y predispuestas a apropiarse de riquezas, cuyos legítimos dueños ignoraban o bien, carecían de las fuerzas necesarias para protegerlas.
Independencia, Malvinas y la defensa
El 9 de Julio del año 1816, se declaró formalmente la independencia de nuestro país y comenzamos un largo proceso de consolidación institucional como Estado soberano. Pese al rápido reconocimiento diplomático de nuestra autonomía por parte de la mayoría de las naciones de la época, no pasó mucho tiempo para que sufriéramos otro ataque externo, que afectaría nuestra soberanía hasta el presente.
En este sentido, a principios de 1833, Gran Bretaña –que previamente había reconocido nuestra independencia sin hacer ningún tipo de objeción o reclamo diplomático respecto a los territorios continentales e insulares que nos correspondían tras emanciparnos de España– envió buques de guerra al Atlántico sur para invadir las Islas Malvinas, expulsar a las autoridades políticas y a la población argentina allí radicada.
La usurpación de las Malvinas fue posible gracias a la superioridad bélica de las naves inglesas, que no pudo ser resistida por la pequeña y escasamente pertrechada guarnición militar argentina, lo cual llevó a nuestro máximo representante en aquellas islas, el Gobernador Luis Vernet, a aceptar el ultimátum británico para rendir la plaza y ser trasladado junto a los demás connacionales a Buenos Aires.
La imprevisión de la dirigencia política argentina en cuanto a contar con fuerzas armadas mejor equipadas inhibió la posibilidad de ofrecer una prolongada resistencia ante la sorpresiva invasión a las Malvinas, así como también una eventual respuesta militar a posteriori con el fin de recuperar la soberanía en dichas islas, ya que entonces la Marina de Guerra argentina carecía de buques bien armados capaces de navegar las agitadas aguas del Atlántico Sur para enfrentar a las naves británicas.

La insensatez de nuestras autoridades políticas de aquella época hizo que la flota argentina apenas contara con un puñado de buques que, en su mayor parte, eran mercantes civiles adaptados para combatir a los que equipaban con algún que otro tipo de armamento, las tripulaciones estaban integradas, en general, por oficiales extranjeros, y los marineros eran casi todos criollos sin formación ni experiencia de combate.
A diferencia de la Argentina, el Reino Unido siempre contó con una poderosa escuadra naval, dotada con numerosos y potentes buques de guerra, cuyas capacidades técnicas los situaban entre los mejores del mundo, y sus tripulaciones estaban constituidas por oficiales y tropa de marinería con mucha experiencia en el arte de navegar.
El gran poder naval y militar que supo desarrollar y mantener Gran Bretaña a lo largo de su historia le permitió expandir sus dominios territoriales en el mundo, asegurar su comercio, imponer sus objetivos de política exterior a otras naciones por la fuerza (como en Malvinas), defender sus intereses vitales y proteger a sus conciudadanos.
En este marco, el lector comprenderá por qué –ante las débiles fuerzas armadas que tenía la Argentina– nuestro país se limitó a ser simple testigo de cómo Inglaterra se apropiaba de las islas en 1833; y es esa misma falta de medios adecuados para las Fuerzas Armadas la principal razón por la cual aún hoy los ingleses las mantienen bajo su potestad, con el agravante de haber extendido su ilegítima usurpación anexando las Islas Georgias y Sándwich del Sur, además de ampliar las zonas de exclusión aérea y marítima circundantes ante un Estado argentino caracterizado por no tener una política de defensa eficaz y sostenida en el tiempo.
Comercio y soberanía
Pese a las dos invasiones a Buenos Aires y a la usurpación de nuestras Islas Malvinas a manos de Inglaterra, ni la dirigencia política ni el común de la sociedad argentina tomaron nota respecto de la urgente necesidad de tener una defensa seria y consistente, lo cual derivó en que en 1845 nuestro país volviera a sufrir otro ataque militar externo.
Esta vez, Inglaterra y Francia ‒las dos mayores potencias de la época‒ se aliaron para enviar a estas latitudes una flota de navíos de guerra que custodiaría y abriría paso a sus buques mercantes para apoyar sus intereses comerciales en Sudamérica, desconociendo la soberanía argentina para autorizar la navegación de embarcaciones foráneas en nuestros ríos interiores.
Enterado de las intenciones anglo-francesas, el gobierno argentino, entonces encabezado por Juan Manuel de Rosas, decidió alistar una defensa que impidiera el avance de los buques extranjeros y, finalmente, el 20 de noviembre de 1845, en un recodo del Río Paraná situado al norte de la Provincia de Buenos Aires (donde el cauce se angosta y gira) conocido como Vuelta de Obligado, tuvo lugar el combate entre las tropas criollas y las enviadas por las dos potencias europeas.
El heroísmo de nuestros hombres no pudo compensar el enorme poderío bélico de la flota anglo-francesa, cuyos navíos lograron vencer la defensa que opusieron las tropas argentinas, que solo disponían de cuatro baterías de artillería de bajo calibre y fusiles para enfrentar una veintena de buques de guerra ingleses y franceses que reunían más de cuatrocientos cañones.

El escaso poder de fuego de nuestras tropas, apenas organizadas y mal equipadas, derivó en que la “Batalla de Vuelta de Obligado” se transformara en una nueva derrota militar para nuestro país que, además de ver vulnerada su soberanía otra vez, sufrió más de 500 bajas –entre muertos, heridos y mutilados– por la desidia de los gobernantes y el desinterés de la sociedad respecto de tener Fuerzas Armadas acordes con las dimensiones y las riquezas de la República Argentina.
Más allá de su victoria, tanto las autoridades inglesas como las francesas, admitieron la bravura y el coraje de los soldados argentinos que, a pesar de la manifiesta inferioridad bélica¬, no dudaron en ofrendar sus vidas en defensa de la Patria.
Refiriéndose al combate de Vuelta de Obligado el Almirante inglés Samuel Inflefield dijo: “Siento vivamente que este bizarro hecho de armas se haya logrado a costa de tal pérdida de vidas, pero considerada la fuerte oposición del enemigo y la obstinación con que fue defendida, debemos agradecer a la Divina Providencia que aquella no haya sido mayor”.
Por su parte, el General José de San Martín envió desde Francia una carta dirigida a su amigo Tomás Guido en la que afirmaba que: “Ya sabía la acción de Obligado; ¡qué inequidad! De todos modos, los invasores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca”.
Lo expuesto llevó al gobierno argentino a declarar el 20 de noviembre como “Día de la Soberanía Nacional”, en reconocimiento al heroísmo y entrega de nuestras tropas.
En la próxima entrega: La defensa argentina, de la Independencia a la Campaña del Desierto
*El autor es Master europeo en Dirección Estratégica y Tecnológica, se desempeña como Consultor de Empresas y Organismos Gubernamentales, nacionales e internacionales.
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