La ola de publicaciones que durante el Mundial 2026 instaló en redes sociales una imagen negativa de la Argentina abrió un debate que va mucho más allá del fútbol. ¿Fue un fenómeno espontáneo o una campaña impulsada deliberadamente? ¿Qué papel jugaron los algoritmos y qué intereses pueden esconderse detrás de estas narrativas?
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Para responder estos interrogantes, DEF consultó a Joan Cwaik, especialista en tecnologías emergentes y sociedad, autor de El algoritmo. ¿Quién escribe por nosotros? y Postecnológicos: Habilidades para recuperar lo humano, entre otras obras. Además, para incorporar una mirada geopolítica sobre la disputa por las narrativas y el impacto que este tipo de campañas puede tener sobre un país, dialogó con Leandro Ocón, politólogo, especialista en estrategia y coautor, junto a Sol Gastaldi, de Ciberdefensa. Claves para pensar una estrategia de soberanía nacional.
Un dato: según los especialistas, lo más difícil de revertir son los estereotipos que quedan instalados cuando la viralización ya pasó.

Joan Cwaik: “Una sociedad ‘racista’ es una sentencia identitaria que no admite repregunta”
Joan Cwaik, a la hora de hablar de la naturaleza de la campaña -si es orquestada o espontánea- explica que él evitaría plantearlo como una disyuntiva, pues “casi nunca es una cosa o la otra”: “Lo que uno observa suele ser una aleación. Alguien enciende una chispa de manera deliberada y millones de personas, con bronca auténtica, la transforman en incendio. Separar una capa de la otra es difícil, aunque hay indicios que ayudan. Cuando miles de cuentas instalan el mismo encuadre en pocas horas, con consignas calcadas y hashtags idénticos, lo que se dibuja tiene forma de coreografía.
La desproporción también habla: un alcance gigante que nace de muy pocas cuentas delata amplificación deliberada. A eso se suman las ‘pruebas’ fabricadas, como videos sacados de contexto, materiales hechos con IA o incluso una agencia de comunicación que terminó siendo un invento. Esto -que en mi trabajo vengo llamando la ‘siembra de debates’– ya lo vimos en procesos electorales de la última década y en el fútbol tuvo un ensayo muy claro con Enzo Fernández y el cántico que se viralizó tras la Copa América 2024, cuando un triunfo argentino derivó casi de inmediato en una denuncia de Francia ante la FIFA”. De todas maneras, el experto también insiste en tener prudencia a la hora de hablar de una operación.
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En cuanto a la ‘aleación’ observada por Cwaik, ésta -aclara- tiene un carácter híbrido: se mezclan una siembra que aporta el disparador, una combustión orgánica que la vuelve masiva y un negocio del enojo que la sostiene porque a alguien le rinde. “El rasgo más delicado es el salto de escala. Se empieza discutiendo una jugada o un gesto y se termina dictaminando el carácter de un país entero; el reproche deportivo se transforma en veredicto moral, y ese deslizamiento es puro mecanismo de posverdad, donde la eficacia del relato pesa más que la exactitud del dato. Una jugada mal cobrada se discute; “una sociedad racista” ya es una sentencia identitaria que no admite repregunta”, sostiene.

Así operan los algoritmos para Joan Cwaik
Para Joan Cwaik los algoritmos son la caja de resonancia de todo esto, aunque conviene bajarlos “del papel de villanos conscientes”. ¿Los motivos? Aclara que tienen una lógica que no sigue a la verdad y, por el contrario, se obsesionan con la interacción.
“El odio a la Argentina no está escrito en ninguna línea de código. Hay un sistema que recompensa todo lo que genera fricción, y la ira rinde como ninguna otra emoción. El bucle que se arma es de una eficacia tremenda: alguien lanza una provocación, una multitud de argentinos responde ofendida, y eso es justo el alimento que la máquina necesita para empujar el tema a tendencia”, detalla, al tiempo que agrega: “Después entra a jugar algo que vengo trabajando hace tiempo: la legitimidad algorítmica. Si un tema figura en tendencias, se lo percibe como socialmente relevante, aunque haya nacido en un núcleo minúsculo de cuentas coordinadas. El trending oficia de aval, de prueba social de que ‘todos lo están diciendo’. A eso se suma la fragmentación de la agenda, porque cada usuario recibe una versión personalizada del conflicto, y la traducción automática de las plataformas, que hizo saltar el agravio por encima de la barrera del idioma. Diría que el fondo es casi filosófico: la infraestructura persigue un único apetito, que es la atención, y lo hace con total indiferencia hacia lo que le pase a un país o a una persona. Esa indiferencia moral es la puerta por donde se cuela cualquiera que sepa dónde empujar”.
“Desmentir cuesta tiempo y esfuerzo”
¿Por qué Malvinas, Messi o el Mundial son disparadores tan eficaces? Para Cwaik la respuesta radica en que son símbolos de altísima carga efectiva, algo que el sistema necesita.

“Malvinas remite a una herida histórica y de soberanía; Messi despierta devoción y la envidia inevitable que provoca quien gana siempre, porque el resentimiento necesita una cumbre a la cual apuntarle. Por eso terminan usándose como pantalla. Sobre lo deportivo se proyectan disputas geopolíticas y culturales que con la pelota tienen poco que ver”, agrega.
Ante este contexto, y considerando el modo de operar de los algoritmos, el especialista explica que, a la hora de pensar en una posible defensa, hay que tener en cuenta que el algoritmo se mueve con velocidad y que, en esa carrera, “la mentira siempre llega primera”. “Desmentir cuesta más tiempo y esfuerzo que inventar. Si la única estrategia es correr detrás de cada viral, la batalla está perdida de antemano”, sostiene.
Para él, la defensa posible debe ser pensada por capas. “La primera es anticipatoria y bastante aburrida: monitoreo serio, observatorios digitales y, sobre todo, alfabetización mediática construida en tiempos de relativa calma. La segunda tiene que ver con la templanza: el negocio se financia con nuestra reacción, y la indignación automática es el combustible.La tercera es institucional. Acá recupero algo que trabajo hace años, la idea de la verdad como práctica colectiva; no se defiende sola, depende de verificadores creíbles como Chequeado y de instituciones a las que la gente les crea. Después dejo una advertencia, porque me parece central: cuando un país sobreactúa la defensa y la convierte en cruzada estatal o en papel de víctima, suele terminar echando nafta al fuego que quería apagar, y de paso le confirma al resto del mundo la caricatura que querían ver”, propone.

Por último, Cwaik evitó caer en posiciones extremas. Para él, estos fenómenos tienen un ciclo de vida breve ya que los algoritmos buscan nuevos temas. Sin embargo, advirtió que, aunque la polémica desaparezca, suele dejar un efecto más duradero: la consolidación de estereotipos que pueden afectar la reputación de un país. En ese sentido, sostuvo que revertir esos prejuicios exige un trabajo sostenido de construcción de confianza y vínculos. Además, remarcó que este tipo de ‘linchamientos digitales’ responde a una lógica estructural de las plataformas, por lo que hoy puede afectar a la Argentina y mañana a cualquier otro país. Por eso, concluyó, el desafío también pasa por construir una ciudadanía menos propensa a reaccionar impulsivamente ante cada nueva controversia.
Leandro Ocón: “En la narrativa de la ‘Argentina racista, bruta, y tramposa’ hay algo que está preconfigurado”
Si para Cwaik el fenómeno se explica principalmente por el funcionamiento de los algoritmos y las dinámicas propias de las plataformas, para Leandro Ocón, politólogo y especialista en geopolítica, la disputa excede las redes sociales y se inscribe en una batalla por la construcción de la imagen de los países en el escenario global.
Ocón sostiene que, en la actualidad, todos los países están sometidos a un escrutinio permanente y a una disputa por su reputación internacional. En ese contexto, las redes sociales funcionan como el espacio donde se administran, refuerzan o cuestionan esas percepciones, muchas veces basadas en información incompleta, distorsionada o directamente falsa. A su juicio, la discusión en torno a la imagen de la Argentina no solo busca definir qué significa ser argentino para el resto del mundo, sino que también termina influyendo en la forma en que los propios argentinos se perciben a sí mismos. En síntesis, todo proceso de confrontación entre un ‘nosotros’ y un ‘ellos’ termina moldeando nuevas ideas sobre la propia identidad y sobre la del otro.

Además, a la hora de analizar la naturaleza de lo que sucede en contra de Argentina, si es espontánea o no, Ocón plantea que hay que entender que en el mundo hay actores con intereses y que ciertos discursos y narrativas colaboran con el mejoramiento de su posición o con lograr sus objetivos.
“En la narrativa del discurso de la ‘Argentina racista, bruta, y tramposa’ que está utilizando a la selección Argentina en el Mundial, hay algo que está preconfigurado. Después, sobre ese movimiento -que fue continuo y data desde hace mucho tiempo, con el famoso ‘Blue book’ sobre nuestro país-, esos dispositivos terminan generando reacciones espontáneas en base a lo que la gente percibe. Hoy eso está administrado, en gran medida, por los algoritmos”, aclara.
De Messi a Malvinas: cuando el deporte entra en la disputa geopolítica
Además, en línea con el libro que escribió junto a Sol Gastaldi –Ciberdefensa. Claves para pensar una estrategia de soberanía nacional (de editorial TAEDA)- Ocón sostiene que hay que analizar cómo opera la política del ciberespacio. “Las redes sociales son una plataforma de potenciales acciones estratégicas, como operaciones psicológicas, de gestión, no solamente de narrativas, sino de las percepciones sobre determinados temas. Hoy es muy importante administrar ese tipo de percepciones, porque hay actores con intereses que tienen objetivos que requieren el apoyo o generar un discurso que avale sus acciones o, en todo caso, contrarreste o genere un perjuicio en las acciones del oponente”, reflexiona.
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Sin embargo, el experto evita hablar de una guerra y prefiere referirse a esta campaña como un proceso de compulsión o, incluso, de negociación (estadios previos). Son embargo, es contudentente a la hora de hacer una observación: “No es de extrañar que justo, con el reclamo de las Malvinas con la bandera que levantó la selección, esas acusaciones sobre Argentina empeoraron. Porque la selección fue un medio para demostrar una una posición política, geopolítica y obviamente viene la reacción en torno a cómo es nuestro país. El discurso de la Argentina bruta, dictatorial, subdesarrollada y racista son los que tradicionalmente sostuvieron los kelpers, los habitantes implantados de las Islas, criticar y desprestigiar los reclamos de nuestro país”.

Además, aclara que una vez que Lionel Messi, las Malvinas y la selección Argentina concentran visibilidad, pasan a ser objetivos de crítica, como sucede con cualquier famoso: “Los discursos negativos y de odio suelen viralizarse mejor que aquellos que generan felicidad”.
Ocón: “Los dispositivos de lenguaje en el ciberespacio pueden convertirse en armas”
En ese marco, Ocón sostiene que la ciberdefensa debe entenderse como una dimensión central de la geopolítica contemporánea. “Es importante porque se sitúa en el universo de la geopolítica del ciberespacio. Hay que pensar esa dimensión teniendo en cuenta sus propias dinámicas y formas de territorialidad”, afirma. A su juicio, contar con una estrategia de ciberdefensa no solo es clave para responder a campañas de desprestigio, sino también para gestionar las narrativas que circulan en el ámbito digital. “Hoy una narrativa que perjudique a un país puede hacer caer la Bolsa o modificar regímenes políticos. Los dispositivos de lenguaje en el ciberespacio pueden convertirse en armas”, advierte.

El especialista también considera que este escenario obliga a revisar las categorías tradicionales con las que se analiza el poder internacional. Si bien reconoce la vigencia de conceptos como el poder duro y el poder blando, sostiene que el ciberespacio introduce nuevas formas de conflicto. “Un ciberataque no es otra cosa que un lenguaje codificado que genera un impacto físico en la realidad”, explica. En ese sentido, concluye que las narrativas, los lenguajes y hasta el código de programación utilizado para desarrollar un malware obligan a repensar cuáles son las armas, los instrumentos militares y las formas de ejercer el poder en el siglo XXI.
Finalmente, consultado sobre si este tipo de campañas debería ser considerado un asunto de seguridad nacional, Ocón respondió que el fenómeno forma parte de la gran estrategia de un país y, por lo tanto, requiere una respuesta integral del Estado. En su visión, es necesario coordinar todos los instrumentos nacionales, desde áreas como Defensa, Cultura y Turismo hasta la política exterior, para fortalecer la imagen del país y responder a las narrativas que buscan perjudicarlo. Al mismo tiempo, remarcó que uno de los principales desafíos de la ciberdefensa es la atribución de los ataques, es decir, identificar quiénes están detrás de estas campañas, una tarea que suele resultar compleja. Por eso, concluye, la Argentina debe pensar este tipo de amenazas desde una perspectiva estratégica, con un Estado capaz de articular respuestas coordinadas frente a un escenario donde las disputas por la reputación y las percepciones adquieren cada vez mayor relevancia.




