Una delegación del Gobierno talibán de Afganistán viajó a Bélgica para reunirse con miembros de la Unión Europea (UE). Se trata del primer encuentro celebrado en y por el bloqueo europeo desde el regreso de la organización fundamentalista islámica al poder, en el año 2021. La reunión, impulsada por la presión migratoria que enfrentan los países europeos, marcó un punto de inflexión entre ambos.
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Las conversaciones previstas ya habían despertado críticas de organizaciones internacionales. Estas sostienen que entablar diálogo con los talibanes no solo pone en riesgo el compromiso de la UE con los derechos humanos, sino también porque le da reconocimiento al régimen de facto. La polémica no impidió que el encuentro se llevara a cabo.
Encuentro UE-talibanes: primer hito diplomático en Europa
La reunión constituyó el primer encuentro acogido por la Unión Europea con representantes talibanes desde que el grupo tomó el poder en Afganistán en 2021. Antes de este encuentro, ambas partes ya habían mantenido contactos en territorio afgano. Esta nueva cita en Bruselas busca dar seguimiento a conversaciones técnicas celebradas a principios del 2026 en Kabul.
Dichas conversaciones se centraron en tres puntos clave:
- Mecanismos de identificación para la coordinación entre la UE y los talibanes para verificar la identidad y nacionalidad de los ciudadanos afganos.
- Documentación de viaje con procesos menos burocráticos para expedir los pasaportes o salvoconductos necesarios para los vuelos de repatriación.
- Criterios de retorno como pautas operativas para la devolución forzada de migrantes irregulares, priorizando a delincuentes graves o amenazas de seguridad.

La iniciativa se remonta a octubre de 2025, cuando una veintena de países europeos, con Alemania y Bélgica a la cabeza, solicitaron a la Unión Europea que acelerase las tramitaciones de deportación de ciudadanos afganos sin permiso de residencia. En aquella carta dirigida al comisario de Migración, Magnus Brunner, los firmantes plantearon que sus países enfrentan un obstáculo en común, que es la imposibilidad práctica de deportar a afganos en situación irregular o con antecedentes penales.
Bélgica concedió visados de un día, válidos únicamente para su territorio, a los integrantes de la delegación. Los documentos no permitieron a los representantes talibanes circular por el espacio Schengen, y la fecha exacta de la visita no se hizo pública por razones de seguridad. Las autoridades de inteligencia belgas concluyeron que ninguno de los visitantes representaba una amenaza para la seguridad nacional.
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El encuentro fue copresidido por los servicios de la Comisión Europea y por Suecia, con la participación de 15 Estados miembros, cuya identidad no se reveló. Las discusiones se concentraron en personas que cometieron delitos graves o que representan un riesgo para la seguridad pública dentro de la Unión Europea.
Polémica, presión de las ONG y el peso de las cifras
La Comisión Europea subrayó que la reunión se desarrolló a nivel técnico y no implica ningún reconocimiento formal del Gobierno talibán. La decisión última sobre las deportaciones corresponde a los Estados miembros. Brunner comentó que no reconocen al régimen, pero consideran necesario dialogar con él.

Los países de la Unión Europea recibieron alrededor de un millón de solicitudes de asilo presentadas por afganos entre 2013 y 2024. Aproximadamente, la mitad fueron aprobadas. Sin embargo, en 2024, solo el 2% de las órdenes de retorno emitidas contra afganos en la UE llegó a ejecutarse. Esa brecha entre las resoluciones de expulsión y su implementación real es el principal motor detrás de las negociaciones.
La reunión generó una fuerte reacción internacional. El jefe de Derechos Humanos de la ONU, Volker Türk, junto a Amnistía Internacional y Human Rights Watch, pidieron a Bruselas que abandonara los planes de deportación, bajo el argumento de que Afganistán no puede considerarse un país seguro y que la iniciativa ignora obligaciones jurídicas internacionales.

El relator especial de las Naciones Unidas para Afganistán, Richard Bennett, calificó como “sumamente preocupantes” los planes de la Comisión. Además, recordó que los retornos forzosos vulneran el principio de no devolución, que prohíbe la deportación a países donde las personas puedan sufrir persecución o violaciones de derechos, especialmente mujeres y exfuncionarios del gobierno previo al Talibán.
Por último, en Bélgica, el ministro de Exteriores, Maxime Prévot, afirmó que se oponía personalmente a recibir a representantes talibanes en Bruselas, pero sostuvo que el país no podía negar los visados dado que alberga las instituciones de la UE y actuaba a petición de un asunto oficial europeo. Pese a todas las críticas, Bruselas no dio marcha atrás y el encuentro se celebró según lo previsto.




