Desde hace ya más de una década, Estados Unidos y China se encuentran en una segunda Guerra Fría. Ambos compiten constantemente, y en todas las áreas posibles, por ser la principal fuerza a nivel global. Desde el canal de Estudio TAEDA, DEF entrevistó al profesor Fabián Calle para entender qué riesgos representa esta dinámica para la política internacional actual y cómo la región de América del Sur se adapta a la disputa.
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Después de la caída del Muro de Berlín, Estados Unidos se convirtió en la única gran potencia del mundo, un rol que ejerció indiscutiblemente hasta inicios del siglo XXI. Con los años, el ascenso de China puso en juego este rol y trajo consigo una nueva guerra fría y la amenaza de una nueva gran guerra. En este contexto, Latinoamérica se convirtió en un tablero clave de la disputa, oscilando entre alianzas con las dos potencias.
El ascenso de China: la nueva gran potencia
Fabián Calle explica que el ascenso de China estuvo, inicialmente, respaldado por Estados Unidos. En un contexto de la Guerra Fría con la Unión Soviética, en el siglo XX, era conveniente apoyar a una potencia emergente que le hiciera sombra a los soviéticos. Esto se volvió un problema después de los 90, cuando Estados Unidos debería haber abandonado el apoyo a China, algo que, cuenta, no sucedió. La academia estadounidense estaba convencida de que con el tiempo China se “occidentalizaría” pareciéndose cada vez más a Hong Kong. Los teóricos realistas, en cambio, previeron que “China se iba a comer Hong Kong”.
Como toda potencia, China encontró, con el tiempo, un relato para venderse. Estados Unidos siempre lo hizo a partir de la democracia y los valores liberales. De acuerdo con Calle, China hoy se presenta como una suerte de “Vengadora de las humillaciones europeas y americanas sobre África y América Latina”, un relato que, de acuerdo con Calle, “solo funciona fuera de Asia, donde ya conocen el imperialismo chino”.
Cómo se lucha la nueva Guerra Fría
En los últimos 5 o 10 años se tomó conciencia de que se pasó de un mundo unipolar a uno bipolar. Esta realidad no afecta solo a las grandes potencias, sino a todo el sistema internacional, incluidos los países del sur global. “Cuando bajas a los hechos, vez que hay márgenes de maniobra muy escasos para los terceros”.

El bipolarismo y la extrema competencia ya no se limitan solo a lo económico; se expanden a todos los ámbitos de la esfera internacional. Esta Guerra Fría se combate en todos los campos, lo cultural, lo tecnológico, la carrera espacial. Sin embargo, Calle explicó, en la entrevista, que “ la Guerra Fría tiene mala fama, pero es algo bueno” porque implica que no hay una guerra efectiva entre dos países y que ninguna de las dos grandes potencias se rindió. La bipolaridad, bajo esta lupa, deja de ser algo negativo.
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Respecto a la posibilidad de que esta tensión escale en una “tercera guerra mundial”, Calle planteó que hay un entramado muy fuerte de relaciones entre las potencias. Esto, si bien no garantiza la paz, influye. Las relaciones económicas, los estudiantes chinos en universidades americanas, la dependencia estadounidense de tierras raras chinas para su industria y la venta de soja estadounidense a China “pueden ser un moderador” ante choques entre ambos países.




