Mientras Brasil se prepara para el balotaje del 25 de octubre entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, en América Latina parece consolidarse una nueva ola de derecha. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio sorprendió y obtuvo el 47,03% de los votos y Lula el 45,16%. El resultado dejó a toda la región expectante, ya que si el país más grande de Latinoamérica se suma,el giro a la derecha quedaría casi completo. Por otro lado, el resultado confirmó que el bolsonarismo conserva una enorme capacidad electoral, incluso sin Jair Bolsonaro como candidato.
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Tan solo en los últimos dos años, diez países latinoamericanos eligieron gobiernos de derecha, impulsando un fenómeno que inició casi diez años atrás, con elecciones como la de Nayib Bukele en El Salvador o la de Jair Bolsonaro en Brasil, y hoy no hace más que crecer. A comienzos de 2023, once países de la región estaban gobernados por distintas formaciones de izquierda. Tras la llegada de Abelardo de la Espriella en Colombia, en la actualidad, ya hay una docena de jefes de Estado inclinados a la derecha en el poder.

A la espera de los resultados en Brasil, en este nuevo mapa, la izquierda quedó reducida a unos pocos bastiones. México, la segunda economía más grande de la región, Las Guayanas, Surinam, Guatemala y Uruguay son los únicos países donde persiste. Brasil es su principal bastión y se juega su continuidad el 25 de octubre. Una victoria de Flávio Bolsonaro dejaría a México como el único gran país de la región gobernado por la izquierda, en un continente donde hasta hace pocos años ese espacio era mayoritario.
Una nueva derecha en Latinoamérica bajo la influencia estadounidense
Una de las principales causas que explican este cambio de aires es la inseguridad. Fujimori, De la Espriella, Noboa, Kast y Asfura llegaron a la presidencia con promesas de orden y mano dura contra el crimen. En esa lucha volvió a ganar protagonismo un actor conocido para la región: Estados Unidos. La Estrategia de Seguridad Nacional presentada en diciembre de 2025 incluye un “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, con el que Washington reafirma a América Latina como parte de su esfera de influencia y busca intervenir en la crisis de seguridad que atraviesan varios países.

La influencia también pasó por las urnas. En Argentina, el apoyo de Trump a Javier Milei ayudó a consolidar el apoyo al gobierno de la Libertad Avanza. En Honduras, Trump respaldó al candidato del Partido Nacional. En marzo de 2026, varios presidentes afines, entre ellos Milei, Bukele, Paz y Asfura, se reunieron con Trump en la cumbre “Escudo de las Américas”, en Florida, a la que 15 países se sumaron a una coalición liderada por Estados Unidos contra los cárteles.
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Qué debería hacer la derecha para perdurar en América Latina
Este fenómeno no es enteramente nuevo. Así como a comienzos de siglo una ola rosa tiñó América Latina, con la consolidación de múltiples gobiernos de izquierda, hoy el péndulo se inclina hacia el otro lado.
En un contexto de fuerte desencanto con las instituciones, los problemas de inseguridad e inestabilidad económica, el voto se usó para castigar a los gobiernos de turno y dio origen a lo que ya se conoce como una ola de derecha.
No obstante, la historia reciente sugiere que los gobiernos de la región oscilan entre ambas ideologías: los votantes parecen premiar o castigar más a quien gobierna por lo que el ciclo no está garantizado. De esta forma, si la derecha no logra controlar la seguridad ni mejorar la economía, el voto castigo que la llevó al poder podría volverse en su contra. El 25 de octubre, Brasil será el primer gran test.




