El pasado lunes 5 de octubre, Pedro Sánchez anunció un llamado anticipado a elecciones en España. Con las encuestas en contra, ya se habla de una posible victoria del PP (Partido Popular) y de una eventual coalición de gobierno con los ultraderechistas de Vox. De concretarse, sería el primer gobierno de derecha en España en ocho años y la caída de uno de los pocos gobiernos de izquierda que le quedan a la región.
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No es un fenómeno aislado. Desde hace años, cada vez más países europeos reemplazan dirigencias de izquierda por otras de derecha, y el fenómeno responde a causas que se repiten de un país a otro. La inflación y la pérdida de poder adquisitivo erosionaron la paciencia con los gobiernos de turno. En ese clima de malestar, el voto castiga a quien gobierna y hoy suele canalizarse hacia la derecha. Incluso donde la izquierda todavía gobierna, la derecha pesa cada vez más fuerte en el Congreso.
Cómo creció la derecha en Europa
En los últimos diez años, el mapa político de Europa occidental cambió por completo. Antes predominaba cierto equilibrio, el poder estaba repartido de forma relativamente pareja entre gobiernos de izquierda, de derecha y de centro. Desde entonces, la derecha ganó terreno de manera sostenida y hoy encabeza o integra casi todos los gobiernos de la región.

Incluso donde todavía gobiernan fuerzas de izquierda, lo hacen con gobiernos en minoría o trabados por mayorías de derecha en el parlamento. Es el caso de España, donde Pedro Sánchez gobierna sin mayoría propia. Por otro lado, Francia, con un gobierno de centro encabezado por Emmanuel Macron, enfrenta una Asamblea dividida entre izquierda, derecha tradicional y ultraderecha, que ya tumbó a varios de sus primeros ministros.
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Si bien este es el escenario mayoritario, tiene excepciones. En el Reino Unido, por su parte, gobierna el laborismo desde hace poco más de dos años, con una mayoría sólida en el parlamento. Aun así, el primer ministro Keir Starmer renunció a mediados de este año, después de unas elecciones locales que mostraron una fuerte caída de su partido y un avance de Reform UK.
Dinamarca es otro caso: tras las últimas elecciones, el bloque de centroizquierda ganó 84 bancas contra 77 del bloque de derecha, pero ninguno alcanzó la mayoría y las negociaciones siguen abiertas.
El fenómeno de la ultraderecha europea que crece en España
El ascenso de la derecha en Europa sorprende, pero no es un fenómeno único: movimientos similares se ven hoy en América Latina y ya los vimos antes en el pasado. Lo que más llama la atención es el crecimiento de las ultraderechas. Estos partidos irrumpieron en la escena política europea con posturas duras hacia organismos internacionales como la Unión Europea, discursos fuertes contra la inmigración y una retórica antisistema.
El dato más contundente es el de los votos. Según Carnegie Europe, estas fuerzas superan el 20% en la mayoría de los países. En Alemania, la AfD es la segunda fuerza del Bundestag; en Francia, Agrupación Nacional logró 142 bancas; y en Portugal, Chega rozó el 23%. Sin embargo, ese caudal de votos casi nunca se traduce en poder de gobierno.

¿Por qué no llegan más? Porque los partidos tradicionales prefieren pactar entre sí y levantar cordones sanitarios, sobre todo en Francia y Alemania. Así, la decisión queda en manos de la derecha y la centroderecha: son ellas las que definen si estas fuerzas tienen o no un camino al gobierno.
Por eso lo que pase en España será observado de cerca por toda Europa. Si el PP gana las elecciones y gobierna con Vox como socio, sería una excepción a esa regla. Y, si a eso se suma una victoria de Agrupación Nacional en Francia en 2027, la ultraderecha pasaría de condicionar la agenda a participar del poder en dos de las grandes economías europeas.




