Los atentados del 11 de septiembre de 2001 marcaron un quiebre en la política exterior de Estados Unidos y abrieron la puerta a una guerra en Afganistán que se extendería durante casi dos décadas. La organización terrorista Al Qaeda, liderada por Osama bin Laden, había planificado y ejecutado los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono desde territorio afgano, donde operaba bajo la protección del régimen talibán.
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Ese vínculo entre el grupo terrorista y el gobierno de facto que controlaba Afganistán fue el detonante directo de la intervención militar estadounidense, que buscaba tanto desmantelar la red de Al Qaeda como derrocar al régimen que le había dado refugio.
Guerra en Afganistán: cómo se desencadenó el conflicto con Estados Unidos
El gobierno de Estados Unidos, entonces liderado por George W. Bush, exigió a los talibanes la entrega inmediata de Osama Bin Laden y del resto de los líderes de Al Qaeda. Ante la negativa del régimen afgano a cumplir con ese pedido, optó por una respuesta militar directa, respaldada por una coalición internacional con el apoyo de algunos aliados occidentales.
La operación militar comenzó con una campaña de bombardeos aéreos contra posiciones talibanas y de Al Qaeda en distintas ciudades afganas. Estados Unidos combinó el poder aéreo con el apoyo terrestre de la Alianza del Norte, una coalición de milicias afganas opositoras al régimen talibán que resistía a su control desde años antes del conflicto.

La ofensiva conjunta avanzó con rapidez. Kabul, la capital afgana, cayó en manos de las fuerzas opositoras al poco tiempo de iniciada la campaña, lo que precipitó el colapso general del régimen talibán en la mayoría de las principales ciudades del país, incluida Kandahar, su histórico bastión.
Sin embargo, la caída del régimen no significó la desaparición de sus estructuras ni de Al Qaeda. Muchos de sus líderes, incluido Bin Laden, lograron escapar hacia zonas montañosas fronterizas con Pakistán, donde operaron durante años y donde la búsqueda del principal autor de los atentados de 2001 se prolongaría más de una década.
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De la victoria inicial a una guerra prolongada
Lo que en un principio se presentó como una campaña militar breve se transformó en una guerra de ocupación y contrainsurgencia sin un final claro. Estados Unidos y sus aliados debieron sostener una presencia militar prolongada para intentar estabilizar un país fragmentado étnica y políticamente, con un Estado central débil y estructuras de poder tribales muy arraigadas.

El esfuerzo de reconstrucción incluyó la instalación de un nuevo gobierno afgano respaldado por Occidente y el despliegue de una misión internacional liderada por la OTAN, que buscó entrenar a las fuerzas de seguridad locales y sostener al nuevo Estado. A pesar de esos esfuerzos, el régimen talibán, lejos de desaparecer, se reorganizó y comenzó una insurgencia que ganó terreno con el correr de los años.
El conflicto se extendió mucho más de lo previsto por los estrategas estadounidenses, en gran parte porque el foco estadounidense se desvió hacia otros frentes, como la guerra en Irak (2003-2011), lo que restó recursos y atención a la campaña afgana. Esa dispersión de esfuerzos permitió que la insurgencia talibán se consolidara en zonas rurales del país.

Con el paso de los años, la guerra en Afganistán se transformó en el conflicto armado más largo en el que participó Estados Unidos, y apenas superó en duración a la guerra de Vietnam (1955-1975). El costo humano y económico fue enorme, tanto para las fuerzas afganas y de la coalición como para la población civil, que quedó atrapada durante dos décadas entre la violencia estatal y la inestabilidad política crónica.
Sin embargo, el desenlace del conflicto no trajo una solución definitiva, sino todo lo contrario. La retirada estadounidense permitió que los talibanes irrumpan en el gobierno establecido y vuelvan a instalarse en el poder por la fuerza, lo que provocó una grave crisis humanitaria. Las mujeres y niñas son hoy las más afectadas por este cambio, principalmente por la progresiva eliminación de sus derechos fundamentales.




