InicioInternacionalesElecciones en Estados Unidos: una tendencia histórica que beneficia a la oposición

Elecciones en Estados Unidos: una tendencia histórica que beneficia a la oposición

Desde 1946, el oficialismo perdió bancas en la Cámara de Representantes en 18 de las 20 elecciones de medio término. ¿Podrá Donald Trump esquivar ese patrón?

Las elecciones de medio término en Estados Unidos son, casi siempre, un golpe para el partido que gobierna. Desde la posguerra, el oficialismo suele salir debilitado en el Congreso. Este 3 de noviembre podría repetirse, o no, esta tendencia para el actual gobierno del presidente republicano, Donald Trump.

Se pondrán en juego las 435 bancas de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado –unas 35 bancas– y 36 gobernaciones. Hoy los republicanos controlan ambas cámaras, y la aprobación de Trump ronda el 40%, frente al casi 48% que tuvo en  las elecciones presidenciales del 2024.

Estados Unidos: un patrón que se repite hace 80 años y que solo se rompió dos veces

Desde 1946, el partido que ocupa la presidencia perdió escaños en la Cámara baja en 18 de las 20 elecciones de medio término. Las únicas excepciones fueron las de 1998, con Bill Clinton, y las de 2002, con George W. Bush. Los especialistas explican el fenómeno de varias maneras. Los votantes suelen usar estos comicios para expresar su malestar con el presidente, y los simpatizantes de la oposición se movilizan con más fuerza. 

En 2002, Bush fue la “excepción histórica” del siglo XXI. Su partido mantuvo la Cámara de Representantes y recuperó el Senado, en un clima de unidad nacional tras los atentados de Al Qaeda en Nueva York, que mantuvo su popularidad muy alta.

George W. Bush fue la “excepción histórica” del siglo XXI. Esto se debió a la enorme unidad nacional que se formó tras los atentados del 9/11.

Sin embargo, en 2006 llegó el castigo. Con una aprobación cercana al 38%, los republicanos perdieron cerca de 30 bancas en Representantes y seis en el Senado, y los demócratas se quedaron con ambas cámaras. Pesaron el desgaste de la guerra de Irak, la mala respuesta al huracán Katrina y varios escándalos de corrupción.

En 2010, el demócrata Barack Obama perdió 63 bancas en la Cámara baja y su partido retuvo el Senado por poco. El desempleo seguía alto tras la crisis financiera, y la reforma de salud generó un fuerte rechazo que impulsó al movimiento “Tea Party”. En 2014 la tendencia fue la misma. Los republicanos sumaron escaños en Representantes y ganaron nueve en el Senado, por lo que Obama quedó sin control del Congreso. La recuperación económica era lenta para muchos votantes y la aprobación del presidente seguía en baja.

Ya para el 2018, durante el primer mandato de Donald Trump, los demócratas ganaron 40 bancas y recuperaron la Cámara baja, aunque los republicanos ampliaron su mayoría en el Senado. El rechazo a las políticas del presidente y la fuerte movilización en los suburbios explicaron el resultado.

Durante las últimas elecciones de medio término en 2022, con Joe Biden como presidente, y con una aprobación cercana al 40%, los republicanos recuperaron Representantes por un margen estrecho de nueve bancas. La inflación y el malestar económico pesaron, pero el fallo que eliminó la protección federal del aborto, mejor conocido como Roe vs. Wade, movilizó a los demócratas, que conservaron el Senado.

Elecciones de medio término: qué está en juego y por qué el escenario parece adverso para Trump

Los republicanos tienen hoy el control de ambas cámaras, lo que le permite a Trump aprobar leyes y confirmar nombramientos sin grandes obstáculos. Perder la Cámara de Representantes cambiaría ese equilibrio y le daría a la oposición poder para frenar proyectos y abrir investigaciones.

Según los sondeos recientes, la aprobación del presidente se movió en torno al 40%, con un piso del 39% en este segundo mandato. Ese nivel se parece al de Bush en 2006, el año de su derrota más dura.

Desde la posguerra, el oficialismo suele salir debilitado en el Congreso.

Los modelos de pronóstico dan ventaja a los demócratas en la Cámara baja, con probabilidades que van de dos tercios a nueve de cada diez según el modelo. El Senado, en cambio, aparece más competitivo, porque el mapa de bancas en juego favorece a los republicanos.

Sin embargo, y aunque la historia sirve de contexto, no es una garantía. En 2022 la anunciada “ola republicana” quedó muy por debajo de lo esperado, y los pronósticos no definen votos. Lo único seguro es que, otra vez, el oficialismo llega a las urnas con la historia en contra.

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