En marzo de 1867, Rusia le vendió a Estados Unidos un territorio inmenso por apenas 7,2 millones de dólares, lo que lo convierte en el inmueble vendido más barato de la historia de la humanidad. La operación equivale a unos dos centavos de dólar por acre, de un terreno total de 365 millones de acres.
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El acuerdo, cerrado hace más de un siglo y medio, había generado en su momento varias críticas dentro de Estados Unidos. Hoy, esa tierra es clave por sus recursos naturales y por su ubicación estratégica en el Ártico. Incluso, está tan cerca de Rusia que dos islas, una de cada país, quedan separadas por un estrecho de apenas 4 kilómetros que se congela en invierno y, en teoría, se podría ir a pie de un país al otro sobre el hielo marino.
Rusia: cómo vendió el territorio a Estados Unidos y por qué decidió desprenderse de él
El territorio en cuestión es Alaska. El vendedor fue el Imperio ruso, gobernado por el zar Alejandro II, y el comprador fue el gobierno de Estados Unidos bajo la presidencia de Andrew Johnson. Las negociaciones, en tanto, estuvieron a cargo de William Seward, secretario de Estado estadounidense, y de Eduard de Stoeckl, el representante ruso en ese país.
Rusia tenía motivos de peso para vender. Había salido muy debilitada de la guerra de Crimea y necesitaba dinero. Además, Alaska quedaba a miles de kilómetros del centro del imperio, lo que hacía casi imposible administrarla y defenderla. A eso se sumaba un problema económico. La Compañía Ruso-Americana, que explotaba el territorio, vivía del comercio de pieles, pero la caza intensiva había reducido mucho la población de nutrias marinas y el negocio ya no daba ganancias.

También pesaba un temor estratégico. Los rusos creían que, en un futuro conflicto, el Reino Unido podría quedarse con Alaska desde su vecina Canadá. Preferían entregarla a Estados Unidos, un país que veían como un socio más conveniente y rival de los británicos.
El territorio era inmenso. Tenía unos 1,5 millones de kilómetros cuadrados, más de dos veces el tamaño de Texas. Por eso el precio de 7,2 millones de dólares resultaba tan bajo, ya que equivalía a menos de cinco dólares por kilómetro cuadrado. Aun así, en Estados Unidos la prensa la bautizó como “la locura de Seward”, porque muchos pensaban que se estaba pagando por un desierto helado sin ningún valor. Pese a las críticas, el Senado aprobó el tratado por una amplia mayoría.
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Con el tiempo, el pago se completó y Rusia entregó formalmente el territorio el 18 de octubre de 1867, en una ceremonia en la ciudad de Sitka, donde se arrió la bandera rusa y se izó la estadounidense. Así terminó la presencia rusa en América del Norte.
Alaska: a cuánto equivale su venta hoy y por qué fue un gran negocio de Estados Unidos
Si se ajusta por inflación, los 7,2 millones de dólares de aquella época equivaldrían hoy a unos 150 millones de dólares. Es una cifra muy baja si se la compara con lo que vale actualmente un territorio de ese tamaño –un aproximado de 140 mil millones de dólares–. Tiempo después de la compra se descubrió oro en la región, lo que desató una fiebre migratoria hacia el norte y puso a Alaska en el mapa económico del país.
Luego, también hallaron petróleo, lo que cambió por completo el destino del territorio. Los grandes yacimientos y el oleoducto que atraviesa el estado convirtieron a Alaska en una pieza central de la producción energética estadounidense. A esto se suman la pesca, la minería y el gas.

La ubicación también resultó decisiva. Durante la Guerra Fría, Alaska fue un punto clave para vigilar a la Unión Soviética (URSS), ya que está a muy poca distancia del territorio ruso. En la actualidad, mantiene ese valor militar por su cercanía al Ártico, una región cada vez más disputada.
Finalmente, Alaska se convirtió, en 1959, en el estado número 49 de la Unión y su economía mueve millones de dólares al año. Lo que alguna vez se consideró un mal negocio se transformó en una de las compras más rentables de la historia de Estados Unidos.




