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El mundo árabe y un balance del año que se fue: pandemia, radicalismo e inestabilidad

A la crisis del COVID-19, los países de la región le debieron sumar los graves conflictos políticos y el malestar de buena parte de la población. Los desafíos que vienen. Por George Chaya

Varios países, que en su tiempo se mantuvieron relativamente al margen de la mal llamada “Primavera Árabe”, han visto un aumento de las revueltas en los últimos años. Tal es el caso de Argelia, Sudán, Irak y el Líbano. A pesar del amortiguamiento producido en los últimos meses por la pandemia del COVID-19, ninguno de estos Estados termina 2020 con una perspectiva positiva. Repasamos, a continuación, cómo se han vivido el año en los principales países de Medio Oriente, el Golfo Pérsico y el norte de África.

MAGREB: DE LA EFERVESCENCIA ARGELINA A LA CALMA EGIPCIA

Argelia. La pronunciada caída del precio del petróleo durante 2020 ha derivado en un gravoso deterioro de la situación económica, con el consecuente impacto en las actividades comerciales del país. La crisis ha repercutido en un estado de movilización permanente y de conmoción ciudadana, que amenaza con terminar en conflictos sociales peligrosos para un país que, como pudo, se protegió de la ola de revueltas de hace casi una década. La llegada de 2021 no brinda garantías en materia de estabilidad política, muy por el contrario, es factible que el escenario de crisis se profundice.

Libia. La situación de efervescencia en Libia ha seguido escalando, y el panorama es de una peligrosa imprevisibilidad. Miles de civiles, en Trípoli y varias regiones del país, han sido víctimas de bombardeos indiscriminados y de enfrentamientos entre las facciones en pugna en el conflicto interno. Muchas personas han perdido sus bienes y posesiones, y debieron desplazarse a otras zonas del país. En la actualidad, el 80% de los habitantes padece la falta de alimentos y no dispone de agua, medicinas ni servicios esenciales. Las tribus que componen el tejido social libio –que Gadafi supo, a su modo, controlar mientras se mantuvo en el poder– han sufrido, sin excepción, los métodos violentos y el accionar de las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) y sus rivales del Ejército Nacional Libio (LNA) del general Khalifa Haftar. 

La economía del Líbano ha colapsado y no se vislumbra una salida
organizada evitar que se convierta en un Estado fallido. Foto: AFP.

Egipto. El presidente Abdel Fatah al-Sisi ha reforzado su control de poder durante 2020. La economía y la política egipcias permanecieron estables, y el año estuvo marcado por cierta inclinación al respeto de las libertades y al estado de derecho por parte del gobierno. Las autoridades identificaron, además, los bolsones islamistas residuales de la Hermandad Musulmana y los combatieron exitosamente, lo que permitió un descenso en el número de ataques y crímenes contra la comunidad cristiana copta local. Esa calma aseguró al país árabe más relevante de África transitar un año de cierta tranquilidad y estabilidad social, política y económica, incluso estrechando y mejorando su relación con Occidente, en general, y con EE. UU., en particular. 

MEDIO ORIENTE: CRISIS INTERNAS Y GUERRAS CIVILES 

Siria. El balance de fin de año es muy preocupante y desesperanzador. Lejos de resolverse, la guerra civil siria no ha menguado a pesar del COVID-19 ni de la derrota sobre el terreno del terrorismo sunita del Estado Islámico. La corriente khomeinista chiita de Irán hizo pie definitivamente en Siria, a través de la organización político-terrorista libanesa Hezbollah, y los peculiares acuerdos entre Teherán y Moscú han establecido un nuevo statu quo que ha oxigenado al régimen de Bashar al-Assad. Así, la posibilidad de una salida pacífica y democrática, con las necesarias reformas políticas, es prácticamente nula. La grieta entre la mayoría sunita y la minoritaria secta alawita, que mantiene las riendas del poder, se ha profundizado, lo que presagia un futuro de mayores desencuentros, difícil equilibrio e imposible reconciliación en el corto plazo

Líbano. La situación es tanto o más compleja que en Siria, aunque todavía no hayan ocurrido episodios de enfrentamientos sectarios armados a gran escala. El poder khomeinista chiita logró desmembrar las endebles instituciones democráticas del Estado libanés. La economía ha colapsado, a pesar de la promesa de ayuda del presidente francés Emmanuel Macron, y no se vislumbra una salida organizada para evitar que el Líbano se convierta en un Estado fallido. El país nunca logró reponerse de la cruenta guerra interna (1975-1990) y, cuando pareció que podía resurgir, en febrero de 2005, el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri abortó cualquier posibilidad de despegue. Así, cayó bajo la ocupación iraní a través de organizaciones terroristas encabezados por Hezbollah y grupos ideológicos satelitales. Los ciudadanos, por su parte, no confían en los partidos políticos sectarios, en tanto que la oposición y la vieja guardia de “los señores de la guerra” demostraron no estar a la altura de los cambios reclamados por la ciudadanía. 

Yemen se ha constituido en la peor crisis humanitaria mundial del corriente año. Foto: AFP.
Yemen se ha constituido en la peor crisis humanitaria mundial del corriente año. Foto: AFP.

Irak. Transcurridos dos años de la tan publicitada derrota del Estado Islámico, Irak se encuentra sumergido en una crisis política, social y económica similar al peor tiempo de la guerra contra ese grupo yihadista radical. Durante 2020, la dirigencia iraquí ha vivido una fuerte división, influenciada por los asuntos sectarios pendientes entre la mayoría sunita y la minoría chiita. Esta última se ha visto empoderada militar y económicamente por Teherán, lo que llevó a problemas tribales evidenciados en el malestar de la población por los cotidianos problemas económicos, la escasez, la falta de alimentos y medicinas básicas. Muchos iraquíes, principalmente dentro de la comunidad sunita, han manifestado su descontento y han reclamado la salida de Irán del país, algo que parece difícil que suceda dada la expansión del régimen de los mullah en toda el área de la Mesopotamia asiática. La pandemia del COVID-19, aunque poco publicitada, también golpeó fuertemente al país, y muchos culpan a Teherán de transferir el virus a través de sus tropas militares y grupos entrenados en ese país.

Yemen. En 2020, se cumplieron cinco años de una guerra civil que afectó gravemente a la población, principalmente a causa de la hambruna y los padecimientos de la población. De hecho, Yemen se ha constituido en la peor crisis humanitaria mundial del corriente año. La infección del COVID-19 ocasionó graves problemas, sobre todo por carencia de profesionales médicos e insumos para enfrentar la pandemia. Según datos de la Agencia para Refugiados de la Naciones Unidas (ACNUR), el 80% de la población yemení se ubica por debajo de la línea de la pobreza y necesita con urgencia ayuda humanitaria. El conflicto que atraviesa el país, a partir de la ofensiva de la secta Huthi, armada y financiada por el régimen iraní, provocó el desplazamiento de unos 3,5 millones de personas de sus hogares y ha dado lugar a migraciones descontroladas dentro de la geografía del propio país. Esas personas han perdido su casa y viven en condiciones insalubres, en carpas, sin agua, alimentos ni medicinas.

LA DISPUTA EN EL GOLFO:MONARQUÍAS SUNITAS VS. IRÁN

Irán. En un escenario volátil y siempre dinámico, la República Islámica aparece, para muchos analistas, como la actora principal de los problemas políticos, económicos y de las operaciones terroristas regionales del 2020, como ya lo había sido en años anteriores. El régimen iraní, agobiado por el COVID-19 que dejó miles de muertos, continúa sin controlar los contagios, al tiempo que se debate económicamente con las sanciones que enfrenta por parte de EE. UU. y Occidente.

Monarquías árabes del Golfo. Aun en el contexto de conflictividad regional, pueden encontrarse aspectos positivos si enfocamos la mirada hacia la región del Golfo. Allí, varios Estados han impulsado reformas realmente progresistas y modernas; por caso, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y, más recientemente, en África, la República de Sudán ha impulsado ese tipo de medidas con ayuda e influencia de Arabia Saudita y de Washington. Se trata, además, de tres países árabes que decidieron normalizar relaciones con el Estado de Israel. Es muy probable que Omán, Mauritania y Arabia Saudita sigan sus pasos. Es esperable que esa corriente inclinada al progreso y a la modernidad, condiciones que años atrás parecían de imposible realización, continúe y se amplíe de cara a 2021. 

*El autor de este texto es consultor experto en Oriente Medio, relaciones internacionales, seguridad y prevención del terrorismo.

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