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Opinión: un auspicioso escenario estratégico para la paz

El acuerdo entre Israel, los Emiratos Árabes y Bahréin rompió el tabú del acercamiento entre el Estado judío y las monarquías árabes del Golfo, lo cual confirma el interés común de ambos por frenar el expansionismo desestabilizador de Irán y sus grupos satélites en la región.

Tal vez la noticia más importante de 2020 en materia de relaciones árabe-israelíes haya sido la normalización de los vínculos diplomáticos entre Israel, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin. El pasado 13 de agosto, tras una teleconferencia con el jeque Mohamed bin Zayed Al-Nahyan, príncipe heredero de Abu Dhabi, y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó que las conversaciones patrocinadas por Washington habían logrado una completa normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y los EAU a través de un acuerdo que se perfeccionó con un tratado de paz. Este avance diplomático tiene como norte el impulso de la paz, y es el testimonio de la diplomacia desacomplejada y valiente de EE. UU. e Israel, quienes se han propuesto avanzar en la apertura de un camino que ofrece gran potencial en la región.

Los dos países firmantes enfrentan desafíos similares y se beneficiarán mutuamente de los resultados del acuerdo alcanzado. Además, este compromiso marcará una tendencia en varios Estados árabes, principalmente los del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), liderados por Arabia Saudita, en materia de normalización de relaciones con Israel.

Por estos días, delegaciones de Israel y los Emiratos llevan adelante reuniones para firmar acuerdos bilaterales en importantes aspectos de inversiones, turismo, intercambios de vuelos comerciales, seguridad, tecnología, energía, salud, cultura, e incluso, para establecer embajadas recíprocas. La apertura de estos vínculos entre dos sociedades dinámicas, con economías pujantes, impulsará el crecimiento y la innovación tecnológica. Además, con el tiempo, forjará relaciones y vínculos estrechos entre ambas.

Como resultado de este acuerdo y por pedido del presidente estadounidense con el acuerdo emiratí, Israel suspendió la declaración de soberanía sobre los territorios y las áreas en conflicto con la Autoridad Palestina, lo que seguramente favorecerá y ampliará las relaciones con otros países del mundo árabe y musulmán. Así, los gobiernos estadounidense, israelí y emiratí apuestan a lograr avances diplomáticos con otros países y se han comprometido a coordinar un amplio trabajo para lograr este objetivo.

Uno de los temas fundamentales que se trabajarán es la inmediata cooperación entre EAU e Israel respecto al tratamiento y desarrollo de una vacuna contra el COVID-19. Los dos países han comenzado a trabajar juntos para ayudar a salvar vidas musulmanas, judías y cristianas en toda la región.

La normalización pacífica de las relaciones diplomáticas une a Israel y dos socios árabes confiables para Washington y ofrece la alternativa concreta para implementar una nueva y exitosa agenda estratégica en la región que desarrollará la cooperación diplomática y comercial. Además, fortalecerá la seguridad ante las amenazas que plantea el terrorismo.

Otro punto importante del acuerdo es que las partes continuarán trabajando juntas en la búsqueda de una solución equitativa, justa y duradera del conflicto palestino-israelí, como se estableció en la reunión celebrada en Washington, en enero pasado, donde quedó claro que todos los musulmanes que vayan en paz podrán visitar y rezar en la mezquita de Al-Aqsa y demás lugares sagrados de Jerusalén. También, y no menos importante, tanto el primer ministro Netanyahu como el jeque Mohamed bin Zayed Al-Nahyan expresaron su gratitud al presidente Trump por su trabajo por la paz regional y el enfoque pragmático que adoptó para lograr los resultados.

Las implicancias del acuerdo

El acuerdo, al que se sumó Bahréin el 11 de septiembre, pone de manifiesto un escenario que ya ha dejado de ser un secreto: seguramente, más países árabes están en el mismo camino y normalizarán sus relaciones con Israel.

Este entendimiento cambia la visión de “paz fría” que existía hasta ahora. La paz alcanzada será “cálida” en comparación con los otros dos países árabes que tienen vínculos con Israel. Al contrario de lo que sucede con Jordania y Egipto, los Emiratos no han librado ninguna guerra con Israel, y eso marca una característica distintiva respecto de anteriores acuerdos de paz.

El acuerdo no deja de ser un riesgo para los Emiratos, en virtud del rechazo de algunos sectores islámicos, que podrían ejecutar ataques terroristas dentro de su territorio. Pero hay que recordar que la federación emiratí tomó riesgos en el pasado, como en el caso de la visita del papa Francisco en 2019, que dio sus frutos. El acuerdo ha sido un paso valiente del jeque Mohamed bin Zayed, quien demostró comprender el marco estratégico regional y su necesaria decisión actual, lo que, a la vez, protege a los árabes del expansionismo chiita de Irán.

El príncipe de Emiratos Árabes visitó al Papa Francisco en 2019. Foto: AFP.

Por otra parte, el hecho de que los palestinos y otros países árabes siempre pidieran ayuda para detener lo que denominan “la anexión de territorios por Israel” fue una oportunidad para los Emiratos: al vincular el acuerdo a la suspensión de tal anexión, nadie puede acusarlos de abandonar al pueblo palestino. El acuerdo con Israel no representa, entonces, una desviación del apoyo a la causa palestina o una negación a la solución de dos estados.

No obstante lo anterior, los Emiratos se beneficiarán de la moderna tecnología israelí en áreas de su necesidad, y los israelíes se verán beneficiados de la dinámica de la economía de su nuevo socio. Además, los emiratíes están ratificando su posición global en términos de negocios, finanzas, logística y seguridad. Allí, se fundamenta su decisión estratégica y el apoyo a su decisión de varias capitales árabes del Golfo, todo lo cual, muestra que esa decisión ha sido acertada. Emiratos se esmeró en aclarar que cualquier embajada suya que se abra en Israel, de momento, estará en Tel Aviv, no en Jerusalén. De ese modo, evitó ser blanco de críticas de los Estados árabes.

En cuanto a Israel, el acuerdo muestra un claro compromiso por parte de su gobierno de suspender la anexión de territorios en Cisjordania, lo que otorga espacio para una solución de dos Estados. Israel, a su vez, aceptó eliminar cualquier objeción para que EE. UU. Venda aviones de combate F-35 y otra tecnología de última generación en materia de sistema de armas a los Emiratos.

La Republica Islámica de Irán y sus aliados han respondido rechazando violentamente la noticia del acuerdo. Foto: AFP.

Los perdedores

Desde lo táctico, el acuerdo asestó un golpe a las dos energías islamistas radicales que desestabilizan la región, amenazando tanto a Israel como a los países árabes sunitas. El polo iraní-chiita es el principal de esas fuerzas radicales perdedoras. La República Islámica de Irán y sus representantes armados en Irak, Siria, Líbano y Yemen han respondido rechazando violentamente la noticia del acuerdo, lo que refleja una profunda preocupación por lo que esto implica. La segunda energía preocupada por el acuerdo es el salafismo y la Hermandad Musulmana, hoy conducida por Turquía y que muestra como socios a Hamas, Qatar y los islamistas sunitas de línea dura en toda la región.

El eje iraní es el que está más preocupado por lo que el acuerdo representa como amenaza para el régimen khomeinista, al que desafía no solo desde el punto de vista ideológico sino también en lo que respecta a su poderío militar en la región. Teherán teme que esta nueva alianza dé lugar a nuevos acuerdos regionales que signifiquen mayor poder para quienes consideran sus enemigos. El liderazgo iraní calificó el acuerdo de despreciable y una traición a los valores islámicos, e indicó que la conducta de Abu Dhabi no tiene justificación alguna por configurar una traición a la causa palestina debido a la alianza con el enemigo usurpador sionista.

No obstante, Israel y los estados árabes del Golfo comparten una misma percepción sobre el peligro iraní. El régimen de Teherán atacó ciudades y lugares estratégicos de Arabia Saudita con mano de obra de los hutíes en Yemen. Por su parte, armado y financiado por Irán, Hezbollah es una amenaza no solo para el Líbano, sino también para los países suníes del Golfo. Estos últimos reconocen claramente el peligro que plantea la ideología hegemónica de Irán, que es la misma que busca convertir a Siria en una red de bases de misiles que apuntan a ciudades israelíes. El eje iraní ya ha convertido al Líbano en un puesto de ataque militar iraní de primera línea que amenaza a Israel, y está activo en toda la región para intimidar a los países árabes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG).

Una visión compartida

La amenaza persa chiita ha sido reconocida por los Emiratos, cuyo gobierno priorizó los intereses comunes con Israel. Ya en 2019, el ministro de Relaciones Exteriores emiratí, el jeque Abdullah bin Zayed Al Nahyan, justificó los ataques israelíes a objetivos iraníes en Siria: “Toda nación tiene derecho a su defensa cuando es desafiada por otro país; Israel está en todo su derecho de responder”, afirmó cuando se le preguntó sobre los ataques aéreos preventivos israelíes sobre bases iraníes en Siria.

No hay registros de declaraciones de un líder árabe que describan mejor el peligro común que enfrentan Israel y los países árabes moderados que la amenaza realizada en julio de este año por un elemento de la inteligencia hutí, quien admitió que su organización tiene una selección de objetivos vitales dentro de Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. La declaración mencionada ratifica la necesidad de una coalición de Estados que considere al islamismo radical como amenaza grave e inmediata y lo confronte, con coordinación, en el campo de la defensa y a través del intercambio de inteligencia.

Israel es líder mundial en desarrollo y despliegue de drones y sistemas de defensa cibernética, y su capacidad de recopilación de inteligencia sobre las actividades iraníes es conocida en toda la región. Los Emiratos, por su parte, saben que disponer de esos activos que les ofrece un completo marco de seguridad frente a las amenazas chiitas en la región.

Allí, radica el disgusto de Irán. La posibilidad de que otros estados del Golfo, como Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita, sigan el camino de los Emiratos genera temor en el régimen de Teherán que, por estos días, está librando una infructuosa batalla interna tratando de convencer a sus ciudadanos de la necesaria asignación de recursos para apoyar a Hezbollah y Hamas en la “destrucción del Estado judío”.

Finalmente, El acuerdo muestra que ya no es tan traumático para los árabes establecer relaciones con Israel. Los perdedores de este acuerdo no son solo los islamistas apoyados por Irán; a lo largo de todos estos años, los palestinos han perdido mucho también. Todas las cosas que se han hecho y se pretenden hacer en su nombre no han generado un solo beneficio al pueblo palestino. Más allá de Gaza, no hubo devolución de territorio, no hay reconocimiento del Estado palestino, y los residentes solo reciben servicios y asistencia de Israel. Mientras tanto, la Autoridad Palestina continúa siendo rehén del terrorismo de cosecha propia y continúa reaccionando negativamente a cualquier opción que pueda ser beneficiosa para su pueblo.

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