Por Sergio Skobalski y Héctor Agustín Arrosio
Entre 1988 y 2025, Estados Unidos, por medio de su estructura militar de proyección global, ejecutó cinco operaciones aeronavales que implicaron el control de las rutas internacionales en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, garantizando la libre navegación conforme al Derecho Internacional y la preservación de los Global Commons, principios establecidos explícitamente en las Estrategias de Seguridad y Defensa Nacional desde las administraciones de Obama.
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El origen de las operaciones en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz
Las primeras operaciones tuvieron los nombres en clave Praying Mantisy Earnest Will, ejecutadas entre 1987 y 1988. Durante la primera, en abril de 1988, se registraron los primeros combates aeronavales y de guerra naval especial entre la Quinta Flota de los EE. UU., la Armada Iraní y la rama naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
En el contexto de la guerra entre Irán e Irak y los combates en torno al control de la isla de Abadán, Teherán había procedido entre 1986 y 1988 a sembrar minas navales en distintos tramos de las rutas de los cargueros desde las terminales en Kuwait, Baréin, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, y a controlar militarmente dichas rutas y el Estrecho de Ormuz desde plataformas marítimas artificiales y cinco bases navales en la costa iraní del Estrecho.

La respuesta de los EE. UU. consistió en una escalada controlada de guerra naval en la cual los aviones de ataque A-6 del portaaviones Enterprise hundieron la fragata iraní Sahand y averiaron la fragata Sabalan, mientras unidades de comandos navales SEAL ocuparon las plataformas marítimas iraníes. En la operación Earnest Will se procedió a barrer los campos minados y a restaurar, mediante escolta armada, el libre tránsito de los buques petroleros en el Estrecho de Ormuz. Las operaciones de la Quinta Flota se ejecutaron por medio de fuerzas de tarea especializadas y con las operaciones aeronavales decisivas del Grupo de Batalla del portaaviones Enterprise.
El segundo despliegue para el control militar del Golfo y del Estrecho se registró durante las operaciones Desert Shield y Desert Storm, entre 1990 y 1991, en el contexto de la guerra contra Irak por la liberación de Kuwait. En dichas operaciones el espectro de dominación total se concentró sobre el dispositivo militar de Saddam Hussein, pero los planes de contingencia navales apuntaban también a la vigilancia de la Armada de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. El despliegue de siete Grupos de Batalla de Portaaviones por parte de los EE. UU. garantizó la libre circulación por el Estrecho de Ormuz, con las restricciones impuestas por las operaciones militares.
La tercera fue la participación de la Quinta Flota en la operación Desert Fox, en 1998, cuando la administración Clinton ordenó el ataque con misiles Tomahawk y bombardeos aéreos contra 97 objetivos militares e industriales iraquíes.
La cuarta intervención tuvo lugar en el marco de la operación Iraqi Freedom, desde 2003 hasta 2012. En el transcurso de la misma se registró una crisis severa con Irán, motivada por la actividad beligerante de las milicias chiitas iraquíes armadas por Teherán, y por el desarrollo de los programas nuclear y misilístico de la República Islámica. En ese contexto, la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria Islámica y el Ministerio de Inteligencia y Seguridad infiltraron cuadros de conducción y agentes en Irak, a los que se sumaron 4.500 efectivos del Cuerpo de Combatientes Badr. Durante el pico de la crisis, entre 2007 y 2009, la Quinta Flota de los EE. UU. fue reforzada con tres Grupos de Ataque de Portaaviones en el mar Arábigo y el Mediterráneo oriental, con su poder de fuego orientado hacia blancos en Irán.
Las intervenciones encubiertas de Estados Unidos e Israel
Desde este contexto de crisis se detectan las primeras operaciones encubiertas combinadas entre EE. UU. e Israel, consistentes en el desarrollo de un ecosistema silente de inteligencia y apoyo para operaciones de guerra especial, desplegado en profundidad en el interior del territorio iraní, que se manifestó con efectividad en 2025 durante las operaciones complementarias Rising Lion(Israel) y Midnight Hammer (EE. UU.). Este sistema de redes encubiertas desempeña también un rol fundamental en los ataques de precisión de las dos operaciones en curso, Roaring Lion y Epic Fury.

Estas operaciones clandestinas son denominadas en los planes conjuntos de contingencia como “la mano invisible en reversa” (the invisible hand in reverse) y, desde las primeras ejecutadas en 1987, su blanco principal es el dispositivo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en el Primer Distrito Naval, con base en Bandar Abbás, que domina la red de unidades sobre la costa norte del Estrecho de Ormuz y su conjunto de islas.
En el listado de antecedentes, desde la perspectiva del sistema de planificación de los Jefes del Estado Mayor Conjunto en el Pentágono y de los distintos Comandos Combatientes Conjuntos y Combinados –especialmente el Comando Central, el Comando Estratégico, el Comando de Operaciones Especiales Conjuntas, el Comando de Transportes y los Comandos Europeo e Indo-Pacífico–, entran en consideración dos juegos de guerra realizados en función de la hipótesis de conflicto armado con Irán: el juego de guerra Millennium Challenge de 2002 y los escenarios Unified Quest de 2003 y 2004.
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En el juego de guerra Millennium Challenge, una fuerza naval de los EE. UU. que ingresaba por el Estrecho de Ormuz resultó atacada mediante tácticas de enjambre con lanchas y misiles antibuque iraníes, perdiendo el 50% de sus unidades. El general del Cuerpo de Marines Paul Van Riper, experto en guerra en red, actuó como “comandante iraní designado”. El ejercicio fue reiniciado y generó un riguroso examen de errores en materia de tácticas de guerra naval asimétrica.
Los ejercicios Unified Quest, desarrollados en la Escuela Superior de Guerra del Ejército de los EE. UU. (Army War College), tenían como eje el desarrollo de escenarios de guerra terrestre en un país del Medio Oriente denominado NAIR (anagrama de Irán) y operaciones de guerra urbana en su capital RETHAN (anagrama de Tehran, equivalente en inglés de Teherán).
Ambos ejercicios, desarrollados hace más de dos décadas, corresponden al ámbito de los ensayos teóricos, cuyo propósito fue establecer elementos esenciales de análisis para desarrollos doctrinarios futuros en el ámbito de las operaciones conjuntas.

Estrecho de Ormuz: próximos pasos a seguir
Las operaciones en situación de crisis y conflicto armado constituyen los antecedentes a considerar en el escenario que se abre tras el fracaso de las negociaciones en Islamabad del 10 y 11 de abril de 2026 y su consecuencia: la orden ejecutiva del presidente Donald Trump de proceder al bloqueo del Estrecho de Ormuz para ejecutar una primera fase de barrido de minas navales iraníes.
Sobre la base del concepto de estrategias convergentes entre EE. UU. e Irán de “escalar para desescalar” (escalate to de-escalate), el control de la tensión del conflicto plantea un nuevo escenario de escalamiento en caso de producirse una respuesta armada iraní a las operaciones de desminado por parte de la Quinta Flota.
Las operaciones Earnest Will y Praying Mantis, entre 1987 y 1988, fueron la respuesta a una acción en la que Irán estableció cinco áreas minadas en el interior del Golfo, afectando las rutas de navegación entre Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, y un sexto campo minado —el Khor Fakkan Field— en aguas cercanas a la costa de Omán. Las aguas del Estrecho estaban libres de minas, ya que constituían zona de operaciones de enjambres de lanchas armadas y ataques de saturación con misiles antibuque. El escenario actual podría diferir del descrito, y el Estrecho podría estar sembrado de minas en distintos tramos.
Los indicadores concretos de escalamiento actual son: el curso de acción adoptado de ataques aéreos de máxima presión por parte de EE. UU. e Israel, y los despliegues de unidades para guerra anfibia y operaciones especiales. Como acción recíproca se presentan las capacidades misilísticas retaliatorias de Irán, aún de alcance indeterminado.

Cuatro conceptos siguen siendo claves para aproximarse a una comprensión del desarrollo de las acciones: disuasión coercitiva, escalar para desescalar y, en caso de reanudarse las acciones militares, control de la tensión del conflicto y control de la escalada.
La disuasión coercitiva y la estrategia de escalar para desescalar pueden abrir la posibilidad de un nuevo escenario de negociaciones. En dirección opuesta, el escalamiento con operaciones aéreas de máxima intensidad y escenarios de guerra anfibia y aeroterrestre conduce a situaciones concomitantes que potencian el espiral de violencia.




