Con un crecimiento de su PBI del 5% interanual en el primer trimestre de 2026, China ha demostrado su resiliencia a los embates de la crisis desatada por la guerra en Medio Oriente y el cierre del estrecho de Ormuz. Si bien depende de las importaciones para abastecerse del 70% de su petróleo y cerca del 40% de su gas natural, la diversificación de sus fuentes de suministro y la menor dependencia del GNL transportado por vía marítima le han permitido resistir la actual situación de volatilidad global.
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Tal como señala un informe del Instituto de Energía de la Universidad Austral, el gigante asiático logró gestionar mejor su dependencia energética que otros países del mundo. “No fue táctica, fue estrategia: comprar en disrupción, arbitrar precios y geografía, y construir margen cuando el sistema se vuelve frágil”, afirma el codirector de esta institución, Luciano Codeseira.

China: mayores reservas de petróleo y menor exposición al GNL marítimo
Con reservas estratégicas de petróleo de 1397 millones de barriles al mes de diciembre de 2025, según estimaciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, China cuenta con mayor margen de maniobra para enfrentar el nuevo shock petrolero. “Cuando la crisis en el Estrecho de Ormuz desordenó los flujos globales, en marzo de 2026, y los inventarios cayeron con fuerza, Beijing volvió a moverse en sentido contrario: incrementó sus reservas en torno a 40 millones de barriles”, precisa el informe.
“En el gas, la lógica es similar”, indica el Instituto de Energía de la Universidad Austral. Al respecto, recuerda que “el crecimiento del gas por ducto y proyectos como el ducto ‘El Poder de Siberia 2’ apuntan a reducir la exposición relativa al GNL marítimo, particularmente vulnerable en escenarios como Ormuz”. En ese sentido, Codeseira señala que “la variable clave no es cuánto importa China, sino cuán expuesta está a rutas críticas en momentos de estrés”.

El carbón, un insumo energético clave pero contaminante
Al mismo tiempo, el informe de la Universidad Austral indica que “el carbón sigue cumpliendo un rol central, con más del 55% de la generación eléctrica”, con lo cual funciona como “garantía de estabilidad frente a la volatilidad”. China concentra el 55,8% del consumo mundial de carbón. Este insumo es clave para su seguridad energética, aunque, medido en términos de la lucha contra el cambio climático, representa más del 40% de sus emisiones contaminantes vinculadas al sector energético.
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Por eso, investigadores de la Academia China de Ciencias y de la Universidad de Shenzhen están desarrollando un método para generar electricidad a partir del carbón sin producir emisiones de dióxido de carbono, al utilizarlo dentro de una batería o “pila de combustible”. El carbón actúa como combustible en una reacción electroquímica. La eficiencia en la generación de energía es notablemente mayor que la que se obtiene en la producción convencional de electricidad quemando carbón.
Por su parte, las energías renovables han dado un salto en la última década, con la construcción acelerada de parques eólicos y solares, con una potencia acumulada de 1840 gigavatios a finales de 2025. Mientras tanto, la capacidad de almacenamiento en baterías alcanzó los 136 gigavatios, con un crecimiento del 75% respecto del año anterior.




